En un contexto de máxima tensión geopolítica, el presidente ruso Vladimir Putin encabezó este sábado 9 de mayo el tradicional desfile militar por el Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú.
81 años de la victoria soviética: Putin reivindica la invasión a Ucrania
En una ceremonia inusualmente discreta y sin el despliegue de armamento pesado de años anteriores, Vladimir Putin encabezó el desfile por el 81° aniversario del triunfo sobre la Alemania nazi. Marcado por un acuerdo de no agresión con Ucrania y la ausencia de líderes occidentales, el mandatario ruso utilizó el estrado para comparar la gesta soviética con la actual ofensiva en territorio vecino.

Sin embargo, la edición de 2026 se caracterizó por su austeridad técnica y un fuerte contenido retórico, donde el líder del Kremlin insistió en calificar de "causa justa" la invasión a Ucrania.
Acompañado por apenas cinco mandatarios extranjeros (Bielorrusia, Kazajistán, Laos, Malasia y Uzbekistán), Putin buscó trazar un paralelismo histórico entre la victoria del Ejército Rojo en 1945 y la situación actual.

"El gran éxito de la generación victoriosa inspira a los soldados que llevan a cabo la operación militar especial", afirmó, utilizando el eufemismo oficial para referirse al conflicto bélico.
El "pacto de silencio" y la seguridad del evento
La celebración se desarrolló bajo un escenario de seguridad excepcional. Según trascendió, la tranquilidad del evento fue posible gracias a un acuerdo in extremis auspiciado por Estados Unidos, en el cual el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, accedió a no realizar ataques sobre la capital rusa durante la ceremonia a cambio de un intercambio de 1.000 prisioneros de guerra.

Pese a esta tregua táctica, el temor a posibles ataques ucranianos —lo que el Kremlin denomina "amenaza terrorista"— obligó a modificar la logística del desfile. Por primera vez desde 2007, la parada no contó con armamento pesado ni blindados de gran porte, limitando el despliegue a formaciones de infantería y unidades ligeras.
Durante su discurso, Putin no ahorró críticas hacia Occidente, asegurando que sus tropas avanzan en el frente pese a enfrentarse a una fuerza que cuenta con el apoyo logístico y militar de "todo el bloque de la OTAN".
El mandatario reivindicó el rol de Rusia como "salvadora" de Europa frente al nazismo y criticó a las naciones europeas que, según su visión, capitularon ante Hitler en el pasado.

"La lealtad a la patria es la verdad suprema", proclamó el autócrata ante los batallones comandados por el ministro de Defensa, Andrei Belousov. "Estoy firmemente convencido de que nuestra causa es justa. La victoria siempre será nuestra", concluyó en un mensaje diseñado para el consumo interno y la reafirmación del nacionalismo ruso.
Un desfile en tiempos de guerra
El comando de la parada estuvo a cargo de Belousov, quien informó a Putin que las tropas estaban listas para una marcha que, si bien mantuvo la solemnidad, reflejó el desgaste y las prioridades de un país que tiene gran parte de su arsenal desplegado en el frente de batalla.

La ausencia de los tanques T-90 y los sistemas de misiles que solían decorar la Plaza Roja subrayó, más que las palabras del mandatario, la realidad de una Rusia totalmente volcada a su campaña militar en Ucrania.








