Tensión extrema en Medio Oriente: el Estrecho de Ormuz entra en zona de parálisis tras los ataques cruzados
Luego de las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, el tráfico marítimo en el principal corredor petrolero del mundo cayó un 25%. Gigantescos petroleros que transportan millones de barriles dieron media vuelta este sábado ante la inseguridad en la zona.
Vista aérea de las costas iraníes y la isla de Qeshm en el estrecho de Ormuz. REUTERS/Stringer/
El mundo contiene el aliento frente a lo que expertos definen como la anulación del principal pulmón energético del planeta. Tras los recientes ataques perpetrados por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, y la posterior respuesta de Teherán, el Estrecho de Ormuz ha dejado de ser una ruta segura.
Por este corredor circula diariamente el 20% del consumo global de crudo, una cifra que hoy se ve amenazada por una parálisis logística sin precedentes.
Tras los recientes ataques el Estrecho de Ormuz ha dejado de ser una ruta segura.
Giro de 180 grados: los datos del repliegue
La situación en el agua es de máxima alerta. Según los últimos datos de seguimiento de la firma de análisis Kpler, el tráfico marítimo en la ruta que conecta el Golfo Pérsico con el de Omán registró una reducción de entre el 20% y el 25% desde la tarde de este sábado.
“La mayoría de los buques en la zona dieron media vuelta, comenzaron a permanecer inactivos o se desviaron hacia rutas alternativas fuera del estrecho”, explicó Dimitris Ampatzidis, analista senior de riesgos en Kpler. Esta reacción en cadena evidencia que el temor a un conflicto a gran escala ha superado cualquier protocolo comercial habitual.
Particularmente gráfico es el caso de cuatro petroleros de gran tamaño (VLCC), identificados como Orbiter, Universal Victor, Mitake y Trikwong Venture. Estas embarcaciones, que en conjunto transportan cerca de 8 millones de barriles de petróleo, habrían regresado sobre sus pasos tras confirmarse el inicio de las hostilidades. Emmanuel Bellostrino, gerente senior de crudo en Kpler, señaló que este repliegue es una respuesta directa a la escalada militar.
Advertencias internacionales y el rol de Irán
El clima de hostilidad es refrendado por organismos de seguridad internacional. Las Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO) informaron que múltiples buques operativos en el Golfo Arábigo afirmaron que el Estrecho de Ormuz ha sido cerrado de facto, aunque el organismo aclaró que los buques siguen siendo, bajo el derecho internacional, libres de navegar en aguas internacionales.
Sin embargo, la realidad de la seguridad se impone al derecho. El Departamento de Transporte de Estados Unidos emitió una recomendación tajante: evitar el Estrecho de Ormuz, el Golfo Pérsico y el Mar Arábigo. Por su parte, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió mediante medios estatales que, debido al "ambiente inseguro por la agresión militar", no es seguro transitar por la zona en este momento.
Vista aérea del puerto de Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, en el estrecho de Ormuz. REUTERS/Stringer
El peligro del "cuello de botella" alternativo
Si Ormuz se cierra definitivamente, la presión se trasladará hacia Bab al-Mandeb, en el Mar Rojo. Pero, como ya se ha analizado, esta no es una solución mágica. La arquitectura de exportación de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos quedaría herida de muerte al no contar con oleoductos con capacidad suficiente para procesar más de la mitad de su volumen habitual.
Allí, la estrategia iraní es más letal: el uso de actores proxy, como los hutíes en Yemen, para saturar el estrecho con drones y misiles de bajo costo, logrando una disrupción total del comercio hacia Europa.
Una economía de guerra global
El impacto técnico de esta crisis trasciende lo militar. No hace falta hundir un barco para frenar el flujo de energía; basta con que las reaseguradoras internacionales retiren sus coberturas o impongan primas de riesgo astronómicas.
El resultado es un shock inflacionario que Europa y los mercados emergentes recibirán de forma directa. Hoy, el Estrecho de Ormuz no es solo un accidente geográfico, es el termómetro de una guerra económica que ya comenzó.