Hay un hilo invisible pero indestructible que une las calles del barrio Sargento Cabral con los talleres de alta tecnología de Milán. En el estudio de Gerardo Mari, en plena capital lombarda de la moda y el diseño, un cuadro con la inscripción “Santa Fe” custodia las jornadas creativas de este santafesino nacido en 1977.
Gerardo Mari, el diseñador industrial santafesino que brilla en Milán
Un recorrido marcado por la resiliencia de la crisis del 2003, la innovación técnica y la nostalgia por sus raíces. Oriundo de barrio Sargento Cabral y egresado de la Escuela Industrial Superior, conquistó las firmas más prestigiosas de Europa. En diálogo con El Litoral repasó su trayectoria y su presente en la capital lombarda del diseño.

Criado en la capital provincial hasta sus 19 años, Mari construyó su sólida base técnica en las aulas de la Escuela Industrial Superior, donde egresó en 1996. Luego, el destino y la vocación lo llevaron a la Universidad Nacional de Córdoba, obteniendo el título de Diseñador Industrial en el emblemático y difícil año 2003.
Al iniciar su charla con este medio, Gerardo traza de inmediato un puente de profunda complicidad e identidad local que trasciende las fronteras y los años en el Viejo Continente: "No quiero dejar de decir que en mi familia siempre se compró y leyó diario El Litoral". Esa herencia afectiva y cultural es la que hoy lo conecta a la distancia con sus raíces, mientras brilla en el exigente mercado europeo.

El impulso del ingenio ante la adversidad
"Me recibí en 2003 y, como todos recuerdan, fue justo el año de la inundación de Santa Fe y de una crisis económica muy fuerte", rememora Gerardo sobre aquellos inicios cuesta arriba. Ante la falta de oportunidades en un mercado paralizado, el ingenio santafesino se convirtió en su principal capital. Junto a su amigo Ricardo Mielniczuk fundó Dozo para producir sus propios diseños de sillones, al tiempo que incursionaba en proyectos personales tan singulares como la fabricación de guitarras eléctricas lap steel de aluminio.
La gran oportunidad golpeó a su puerta en 2004 gracias a un workshop con la firma Alessi en Italia. "Me la jugué por completo y me vine para acá", relata. A los tres meses de su arribo, ya formaba parte de Artemide, una de las mayores potencias globales de iluminación, donde se desempeñó como Director del Departamento de Diseño de Producto entre 2005 y 2013.

Una firma propia impulsada por el ingenio y la música
Desde 2014, Gerardo lidera su propio estudio multidisciplinario, donde vuelca una filosofía clara: "Siempre trato de que los proyectos sean bellos y funcionales, y que además tengan una vuelta de ingenio, algo original que los diferencie del resto". Su proceso no se limita a plasmar una idea en el papel, sino que se caracteriza por un desarrollo integral "llave en mano". Gracias a su profundo conocimiento técnico en mecánica, física y electrónica, el santafesino dirige desde el concepto inicial hasta la ingeniería y la fabricación final.

En su día a día milanés, convive con impresoras 3D, herramientas de prototipado y una fuerte impronta artística. "Tengo instrumentos musicales: toco guitarra y piano. Cuando necesito desenchufarme para ordenar ideas, agarro la guitarra. La parte artística está toda interrelacionada", confiesa el diseñador, cuya rutina combina la rigurosidad técnica con la sensibilidad acústica.

Esta visión le ha valido prestigiosas colaboraciones con marcas líderes como Danese Milano, Urban Lighting, Intra Lighting y firmas de la talla de Issey Miyake, Michele De Lucchi o Karim Rashid. Sus trabajos han sido publicados por revistas icónicas como Abitare u Ottagono. Recientemente, su familia de lámparas Euclide fue seleccionada para el prestigioso ADI Design Index, la antesala de los reconocidos premios Compasso d'Oro.

El presente en el "Mundial" del Diseño y el lazo con Santa Fe
Instalado definitivamente en Milán junto a su esposa y su hijo de nueve años, Mari viene de tener una participación destacada en la reciente Milan Design Week y el Salone del Mobile, evento al que define sin titubeos como "el mundial del diseño". Allí presentó dos nuevas luminarias para una firma italiana, mobiliario de exterior para una empresa ecuatoriana y una innovadora silla.

A pesar de la proyección internacional y de tener su vida armada en Europa, el arraigo con la tierra natal permanece intacto. Vuelve a Santa Fe una vez al año para reencontrarse con sus afectos y "desenchufarse", mientras expresa su deseo de poder volcar su experiencia trabajando para empresas argentinas en el futuro.










