El diseñador industrial Gerardo Mari, oriundo de la capital santafesina y radicado en Milán, protagoniza una anécdota digna de película. Junto a su esposa e hijo, el argentino fue seleccionado para participar como extra en la esperada secuela del icónico film de moda, compartiendo set con estrellas como Anne Hathaway y Stanley Tucci.
La historia del diseñador santafesino que participó en "El diablo viste a la moda 2"
Gerardo Mari nació en barrio Sargento Cabral, triunfa con su estudio en la capital italiana del diseño y, casi por casualidad, terminó compartiendo set con Anne Hathaway y Stanley Tucci. El hermetismo del rodaje, las reglas de oro frente a las estrellas de Hollywood y la sorpresa al verse en la gran pantalla.

Entre castings sigilosos, rodajes de madrugada en hoteles de lujo y el estricto rigor de la industria cinematográfica estadounidense, relata cómo vivió esta experiencia inmersiva e inolvidable.
Un casting exclusivo enfocado en el mundo del diseño
La efervescencia por la película había tomado por asalto las calles de la capital italiana de la moda, donde "la convocatoria se hizo pública y había colas enormes de gente queriendo participar", contó Mari.
Sin embargo, para este diseñador santafesino que hoy reside en Milán junto a su mujer y su hijo de nueve años, el camino hacia la pantalla grande fue mucho más reservado y selecto. "A nosotros nos llegó a través de una agencia de publicidad que buscaba una familia con un chico de la edad de mi hijo", explica Mari. Un detalle clave jugó decididamente a su favor: los reclutadores "estaban priorizando gente vinculada al mundo de la moda y el diseño".

El proceso de selección comenzó con un requerimiento digital sencillo y una larga espera. "Nos pidieron un video de presentación y pensamos que había quedado ahí", contó Mari. La gran sorpresa llegó algunas semanas después, confirmando su codiciada participación en el proyecto: "A las tres semanas nos llamaron para probarnos vestuario. Ahí dijimos: 'Bueno, parece que estamos adentro'", recordó el diseñador. Tras recibir las precisas indicaciones estéticas, les tomaron fotografías que sellarían su look exacto para el día oficial de la filmación, programado para un mes más tarde.

Luces, silencio y acción en el Palazzo Parigi
El inminente rodaje los trasladó directamente al corazón del lujo milanés, específicamente al imponente Palazzo Parigi, al que Mari describe como "un hotel de lujo impresionante". Allí, la familia italoargentina tuvo que encarnar una situación aparentemente cotidiana pero fundamental para la ambientación. Según detalla el diseñador, la escena los mostraba "entrando al restaurante mientras pasan Anne Hathaway y Stanley Tucci saliendo del desayuno".
A pesar de la notable cercanía física con las megaestrellas de Hollywood, la interacción verbal fue completamente nula. Había "una especie de regla implícita de no molestar a los actores", inmersos en un ambiente donde "todo el mundo estaba súper concentrado".

Lejos del caos imaginario de un set de grabación masivo, lo que imperaba en el lugar era un orden absoluto y un rigor milimétrico en cada directiva. Mari destacó que el equipo de producción casi no emitía palabras ni direcciones complejas hacia los extras: "Era simplemente: 'Pónganse acá, hagan esto y muevan la boca, pero sin hablar'". En un ambiente de máxima tensión creativa donde "nadie podía hacer ruido", la familia debió armarse de paciencia, ya que, tal como recuerda el Mari, "repetimos la escena ocho veces mientras ajustaban pequeños detalles".
"Aunque la escena parece natural, cada cosa estaba calculada milimétricamente: quién pasaba, cómo se movía la gente, la ropa, la iluminación, todo", contó el diseñador en diálogo con El Litoral.

El hermetismo del rodaje y la gran sorpresa en el cine
Sostener el secreto de una superproducción de este calibre en una urbe tan vibrante y concurrida implicó estrategias logísticas sumamente complejas para el equipo. "Era bastante secreto", relató Mari, agregando que "muchas escenas se grababan de madrugada y cortaban completamente ciertos sectores para evitar que se juntara gente".
El detrás de escena lo dejó totalmente maravillado ante el impresionante despliegue técnico: "Había camiones, grúas, luces, humo para generar atmósfera, equipos enormes y muchísima gente trabajando", todo en un entorno donde se escuchaba "una mezcla constante de italiano e inglés", recordó el diseñador.
La gran incertidumbre sobre su debut en la pantalla grande se mantuvo latente hasta el último minuto. Recién cuando se estrenó la película supieron si habían superado la exigente sala de edición, en especial porque "había otra escena en la que también participábamos y finalmente la cortaron", explicó Mari.
Al asistir al cine al día siguiente del lanzamiento mundial, la familia confirmó su anhelada aparición: "Mi mujer y mi hijo aparecen de espaldas y yo quedé un poco más visible", celebró con humor en santafesino. El diseñador confesó que "no le había contado a casi nadie sobre la participación hasta estar seguro", pero pronto su teléfono celular estalló con mensajes de amigos exclamando: "¡Te vimos!" y preguntando "¿Sos vos?".
Más allá de haber rozado el encandilante glamour de Hollywood y de residir en una metrópolis que "tiene un nivel de estímulo muy grande desde el punto de vista del diseño y la moda", Gerardo Mari mantiene intactas y firmes sus raíces. Este talentoso profesional, que creció recorriendo las calles de barrio Sargento Cabral, confiesa con sinceridad que siempre elige "volver a Santa Fe para desenchufarme", demostrando que, sin importar los destellos del éxito internacional, el verdadero cable a tierra siempre se encuentra en casa.










