Queridos Amigos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? Espero que bien, transitando el Tiempo de Cuaresma, días tan especiales para los cristianos. Domingo tras domingo, la Palabra de Dios nos desafía con nuevos mensajes, cuya finalidad es el crecimiento en la auténtica humanidad. Hay una bella copla de Antonio Machado que puede servirnos hoy como inicio de nuestra reflexión, y nos dice: "Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber. Lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed". Sí, es bueno preguntarnos: ¿Para qué sirve la sed?
Muchos pensadores están insistiendo en la dramática situación del hombre de hoy que tiene tantísimas cosas, y sin embargo experimenta una profunda insatisfacción interior, una sed de "Alguien", un vacío existencial. El consumo de alcohol, de sustancias tóxicas que se extienden a pasos agigantados son solo algunos indicadores de una insatisfacción interior. El corazón del hombre creado por Dios es demasiado grande para que las posibilidades que nos ofrece nuestra sociedad de consumo, puedan llenarlo.
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"Sal de tu tierra natal y la casa de tu padre, ve al país que yo te mostraré"En este Tercer Domingo de Cuaresma, el Evangelio aborda el tema de la necesidad de Dios, tratando de responder a sus inquietudes más profundas. Jesús, en el diálogo con la samaritana, pretende llevarla a su verdadero problema. Paso a paso le va quitando las máscaras para que se encuentre finalmente consigo misma. El texto de San Juan lo relata así:
"En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cansado del camino. Estaba allí sentado junto al pozo. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. Ella responde: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Jesús le contesta: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice "dame de beber", le pedirías tú, y Él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, si no tienes balde, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva? Jesús le contestó: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed:
La mujer le dice: Señor, dame esa agua así no tendré más sed". Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
En este hermoso diálogo con Jesús, la Samaritana hace referencia a muchas realidades de su vida, a saber: al pozo de Jacob, a sus maridos, al culto de Dios. Habla de todo con la intención de evitar lo esencial, lo que verdaderamente le pasa en su corazón. Pregunto: ¿No nos acontece lo mismo a nosotros? Hablamos de temas sociales, discutimos problemas de la inflación, de lo que sucede hoy en Medio Oriente, pero no somos capaces de mirar la profunda realidad de nuestro ser para preguntarnos ¿cómo nos sentimos, qué aspiramos, qué soñamos, por qué no logramos lo que deseamos? Escondemos, con frecuencia, nuestro verdadero problema existencial, silenciamos nuestra insatisfacción, nuestra profunda sed de "Alguien", de Dios.
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"Si tú eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan"En este bello diálogo, Jesús con su astucia y delicadeza paso a paso va encaminando a la mujer a su verdadero problema. Y cuando la mujer pregunta: ¿Dónde hay que adorar a Dios, en qué montaña, en qué templo o lugar?, Jesús responde en forma magistral: "Te aseguro mujer, que más adelante, ni en esta montaña ni en otra se adorará a Dios. A Dios se adora en el espíritu y en la verdad".
Mis queridos amigos, sale a la vista que, la verdadera adoración a Dios no se da en el templo, ni en el cumplimiento de los Mandamientos. El único santuario donde acontece el encuentro verdadero con Dios es el corazón humano. Usted se encuentra con Dios en su interior o no se encuentra en ningún lugar. Es inútil ir a los santuarios lejanos, como lo hacen muchos para buscar a Dios e intentar profundizar su fe.
Hoy Jesús, nos invita a salir de las repeticiones, de las frases hechas, de las fórmulas bien elaboradas pero ajenas, para conectarnos con nuestro corazón que reclama algo más que las cosas materiales.
Me impresionan las palabras de Steve Jobs, quien antes de morir de cáncer de páncreas y dejando una fortuna de 7 mil millones de dólares, dijo: "En este momento acostado en la cama, teniendo apenas 57 años, recordando toda mi vida, me doy cuenta que todo mi reconocimiento y riqueza no sirven de nada ante la muerte inminente…" ¡Qué profundo momento para pensar! Los bienes materiales, son importantes pero no aportan nada a nuestra dignidad como erróneamente propone la "cultura del tener".
Hoy a ejemplo de la humildad de la samaritana, animémonos a decir a Dios: "SEÑOR, DAME DE BEBER".