A un año del fallecimiento del papa Francisco, como director del documental que está en etapa de edición final, "El cura del fin del mundo", junto con Pepe Prestigiovani -reconocido profesional de nuestro medio- vamos a hacer un programa especial en Telefe Santa Fe, el sábado 25 de abril a las 19, que lleva por título el encabezado de esta nota.
El cura del fin del mundo: un año sin Francisco
La figura de Jorge Bergoglio resuena en el documental que explora su legado en la Iglesia, su defensa de los vulnerables y su crítica al imperialismo.

Allí vertimos algunas reflexiones y señalamos el camino abierto por Francisco en temas sensibles para la Iglesia y el mundo. Respecto de las primeras, recordamos que si Francisco tuvo -como la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II- la opción preferencial por los pobres, eso era ajustarse estrictamente al mensaje del evangelio, a la prédica de Jesús y de los primeros cristianos.
Cristo fue un niño pobre nacido en un establo, en un pesebre, ya que sus padres no tenían posibilidades de albergarse en una posada de la época. Lo mismo la relación privilegiada de Francisco con los trabajadores, ya que Cristo fue un trabajador manual, un hijo de carpintero que continuó el oficio paterno hasta el comienzo de su vida pública a los 30 años.
Cuando Francisco se refiere como una preocupación a los migrantes forzados, debemos recordar que Jesús y su familia tuvieron que exiliarse en Egipto por la amenaza de Herodes de asesinar a todos los niños menores de dos años.
También Francisco tuvo una preocupación marcada por los enfermos, los descartados, los excluidos, los perseguidos. Y Jesús fue perseguido, encarcelado, torturado (crucificado) y asesinado.
Las puertas abiertas que dejó Francisco para que la iglesia transite nuevos rumbos fueron: el sínodo y la sinodalidad, esto es, en lugar de decidir como un emperador, someterse a un proceso de escucha de obispos, curas, monjas, laicos, mujeres e indígenas en el planeta, y luego de escuchar, reflexionar y tomar las decisiones más adecuadas.
También por la crisis de escasez de sacerdotes Francisco abrió dos caminos que habrán de continuarse. Por un lado el protagonismo de las mujeres en la iglesia. Él mismo designó en lugares estratégicos a mujeres.
Y recordemos que el diaconado femenino, esto es, que las mujeres puedan tener mayor protagonismo en los rituales de la iglesia, existió en los primeros siglos y luego fue menguando y perdiendo vigencia. ¿Tocará restablecer algo similar y a la vez potenciar la acción de los laicos?
También quedó en proceso el tema del celibato, es decir, si los curas pueden casarse y si los casados pueden ser curas, que tampoco es un dogma sino una circunstancia histórica como obligación. Por último, sabemos que algunos sectores, incluso católicos de la clase media acomodada, criticaban con fastidio que Francisco, según decían, "se metía mucho en política" a diferencia de Juan Pablo II.
Primero hay que decir que la política como actividad reguladora de la vida social en el más alto sentido de la palabra, es precisamente una herramienta destinada a producir los cambios necesarios para tener un mundo cada vez más justo.
Francisco, como Juan Pablo, fueron jefes de Estado, ocupados de la política y la geopolítica, como lo es ahora el papa León XIV. Y al mismo tiempo fueron hombres de su lugar y su momento. Juan Pablo II sufría al imperialismo soviético en su Polonia natal como enemigo principal, por eso su actitud ante el régimen comunista fue de enfrentamiento abierto y frontal.
A Francisco le tocó lidiar con el imperio norteamericano liderado hoy por Donald Trump, el hacedor de guerras y amenazas en el mundo, por lo que su actitud no podía ser sino de oposición a Estados Unidos y sus aliados locales, en defensa de la soberanía del pueblo de la América Latina. La misma actitud adaptada al lugar y a su tiempo. Ambos coincidieron en su relación privilegiada con el movimiento obrero.
En el caso de Juan Pablo no solo con el sindicato "Solidaridad" de Polonia, a cuyos líderes recibía clandestinamente aunque estuvieron prohibidos por el régimen, sino que también cuando vino a Argentina se reunió con la CGT en un acto público. Y conocida es la relación del papa Francisco con el movimiento obrero y sus organizaciones sindicales.
De modo que más que palabras de tristeza, creo que en el primer aniversario de Francisco es importantísimo destacar la plena vigencia de su palabra y sus acciones como referencia obligada para quienes queremos un mundo donde el paradigma del cuidado que él representó tenga primacía sobre el paradigma de la crueldad que está lamentablemente tan vigente, afuera y adentro del país.
Y a esperar con deseo y curiosidad la llegada a las pantallas de "El cura del fin del mundo".
El autor de esta nota es director y guionista de cine.
Sinopsis y fundamentos
"El Cura del Fin del Mundo" es un documental que propone un retrato profundo, comprometido y poético de los momentos más trascendentes del pontificado de Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia.
Estructurado en torno a tres ejes fundamentales -la evangelización de América Latina, la unidad de la Patria Grande y la opción preferencial por los pobres-, este largometraje se plantea desde una mirada latinoamericana, popular, periférica, fiel al espíritu del propio Francisco. Una voz y una estética alejadas del eurocentrismo, ancladas en nuestra historia, nuestra fe y nuestras luchas.
La película abordará los desafíos que Francisco asumió con valentía dentro y fuera de la Iglesia: la defensa de los más vulnerables, la de nuncia del capital especulativo y el imperialismo, el combate contra la discriminación, la destrucción de la Casa Común, la guerra judicial (lawfare), las fake news, y la necesidad de una Iglesia como espacio de cobijo más que de castigo.
Uno de los núcleos más conmovedores del relato será cómo Francisco logró llegar con su mensaje no solo a los católicos, sino a millones que se sentían lejos de la Iglesia. Su palabra, coherente entre el decir y el hacer, resonó como un eco de los primeros cristianos: austero, fraterno, consagrado al servicio y a la oración.
Este documental es un acto de memoria, pero también de futuro. De homenaje, pero también de misión. Recuperar la voz de Francisco es, hoy, un imperativo cultural, espiritual y político.
Su mensaje, profundamente cristiano y humanista, recordó al mundo que todos somos hijos de Dios. Que nadie se salva solo. Que no hay paz sin justicia social. Que el cuidado del otro y del planeta no son actos heroicos, sino responsabilidades compartidas.
















