Después de la trilogía andina -compuesta por "Huayrapuca, la madre del viento", "Suri patitas largas" y "Wanaku"-, Rosario Andrada completa una saga poética que tiene como epicentro la puna catamarqueña con una obra que se inscribe como una exploración de la memoria que atraviesa cuerpos, especies y tiempos superpuestos.
Rosario Andrada y el pulso poético de La Puna
La autora catamarqueña presentó recientemente su nueva obra, "El huevo del flamenco". La reconocida poeta sitúa su escritura en el corazón de los salares puneños: una voz que condensa tiempo, memoria y territorio en tensión.

En esta entrevista, la autora comparte las razones poéticas que sintetiza su nuevo libro, que fue presentada el 25 de abril pasado en la Feria del Libro de Buenos Aires.

- "El huevo del flamenco" aparece después de una trilogía muy marcada por la presencia de animales tutelares y fuerzas del paisaje. ¿Cómo se inserta el nuevo libro dentro de ese recorrido poético iniciado con "Huayrapuca, la madre del viento", "Suri patitas largas" y "Wanaku"?
- Los libros que mencionas están dentro de una Trilogía Andina, que representa los íconos de la cultura calchaquí, como la serpiente, el suri y el guanaco.
Si bien la temática del paisaje se inicia años atrás con el libro "Profanación en las alturas", donde el silencio abraza a los habitantes de Antofagasta de la Sierra, situada en plena cordillera a 3.400 metros de altura sobre el nivel del mar rodeada de montañas que superan los 6.000 metros de altura, podemos decir que esta saga de vientos, altura, de extensos páramos, y volcanes, encuentra su epílogo en los salares con la aparición del "Huevo del Flamenco".
- En tus libros anteriores los animales parecen actuar como sujetos de conocimiento del territorio. ¿El flamenco continúa esa tradición o introduce otra forma de mirar La Puna?
- Sí, en este caso, es la sustancia que está dentro del huevo del flamenco, el númen que grita, pero no tiene voz, que ve, pero no tiene ojos. Es el pulso imaginario oculto y surrealista de quien habita en los salares, como un inmenso radar, capta todo que sucede en su territorio puneño, y por supuesto, la destrucción de su geografía.
Esa entidad es tiempo y memoria perpetuándose en la fragilidad de tensiones extremas.
- Tu obra compone una cartografía afectiva de La Puna donde conviven lo humano, lo animal y lo mineral. ¿Pensás tu poesía como una forma de narrar ese ecosistema?
- No me propuse narrar sobre el ecosistema, pero está presente en algunos libros como una obsesión constante, la destrucción del hábitat de especies animal, vegetal o microorganismos necesarios para la reproducción de la vida en condiciones extremas de la puna.
Tan importantes son, que existen extromatolitos vivos, considerados los ecosistemas más antiguos del planeta y que son "verdaderas piedras vivas" que científicamente ayudan a comprender el origen de la vida en el planeta, desde hace 3.500 millones de años.
- La Puna se ha convertido en uno de los epicentros del boom del litio. ¿De qué manera ese contexto irrumpe o resuena en la escritura de El huevo del flamenco?
- Ocurre que los salares, son un tipo humedal que se forman en el fondo de cuencas endorreicas, es decir, son cuencas cerradas en las que el agua no sale hacía el océano, sino queda atrapada entre las montañas.
Esta evaporación derivada de la actividad volcánica es un proceso de millones de años, que da lugar a la salmuera formada por aguas subterráneas ricas en sales de boro, litio, sodio, magnesio. Los humedales están interconectados, son reguladores hídricos y ecológicos, contienen agua dulce, salada o salobre. Son lugares valiosos por su biodiversidad, que incluyen especies como los flamencos altoandinos.
- ¿Sentís que la poesía puede funcionar como forma de interpelación o de memoria?
- La poesía como la narración está atravesada por la memoria, en un complejo andamiaje de voces del pasado, del conocimiento profundo, que se mezclan para dar luz a los límites del leguaje, también a los reclamos de nuestros ancestros.










