Los mil hombres, decididos, brillaban ese mediodía con sus lanzas y sus adargas, sus cascos y sus escudos, sus armaduras, dispuestos hasta lo último para defender la ciudadela. Sus miradas lanzaban rayos.

Esperamos al mar es un libro de relatos cortos basados en la ambigüedad y el absurdo, que el autor comenzó tres años atrás enriquecido con las ilustraciones de Gerardo Morán

Los mil hombres, decididos, brillaban ese mediodía con sus lanzas y sus adargas, sus cascos y sus escudos, sus armaduras, dispuestos hasta lo último para defender la ciudadela. Sus miradas lanzaban rayos.
Los novecientos hombres, decidí, brillaban ese mediodía con sus lanzas y sus adargas, sus cascos y sus escud, sus armaduras, dispuestos hasta lo último para defender la ciudadela. Sus miradas lanzaban ra.
Los ochocientos hombres, de, brillaban ese mediodía con sus lanzas y sus adargs, sus csos y sus, sus armaduras, dispuesto hasta lo último para defender la ciudadela. Sus miradas lanzab.
Los setecientos hombres, brillaban ese mediodía con sus lanzas y sus a, sus y sus, sus armaduras, dis hasta lo último para defender la ciudad. Sus miradas.
Los quinientos hombres callados, ese mediodía con sus lanzas y sus y sus y sus, armaduras, hasta lo último para defender la. Sus.
Los trescientos hombres agotados, ese mediodía sin sus lanzas y sus y sus y sus. Hasta lo último, para defender.
Los cien hombrecitos sin habla, muertos de sed, sin y sus y sus y sus. Hasta donde pudieran.
Los cuarenta hombres trémulos y escondidos tras las almenas sin sus y sus y sus se hacían preguntas.
Los dos hombres con las lanzas del enemigo y un hambre atroz se cuadraron ante el jefe en medio de la ruina y gritaron “¡Vencimos!”, antes de desmayarse.
“Así no es vida”, dijo Pirro.