Queridos Amigos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? En el Sexto Domingo de Pascua, en el centro de la Liturgia de la Palabra de Dios, aparece el tema de la práctica del amor. Jesús nos decía: "El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama".
¿Qué clase de cristianos somos? ¿Practicamos lo que predicamos?
En el sexto domingo de Pascua, Jesús nos invita a vivir el amor más allá de todo, reconociendo su presencia en los más necesitados de nuestra sociedad. En dicho contexto, la figura de Juan Pablo II sigue inspirando a millones con su llamado a abrirse a Cristo, recordándonos la importancia de la acción sobre las palabras vacías.

Más tarde, el Apóstol Santiago nos dirá: "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad". Qué momento oportuno para preguntarnos: ¿Y nosotros, qué clase de cristianos somos? ¿Practicamos lo que predicamos?
Es más fácil ser cristiano en la Iglesia, cumpliendo con algunas oraciones, ritos, celebraciones, pero, reconocer a Jesús en la calle, en "otra persona", registrarlo en los niños desnutridos, en las familias sin trabajo, en los ancianos, es mucho más difícil. En definitiva, lo que vale, no es lo que decimos, sino lo que hacemos.
En 2020, con motivo del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II -Karol Wojtyla, nacido el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia-, el papa emérito Benedicto XVI -el alemán Joseph Ratzinger-, escribió estas bellas y profundas palabras (*):
"Cuando el cardenal Karol Wojtyla fue elegido sucesor de San Pedro el 16 de octubre de 1978, desde el primer momento despertó un nuevo entusiasmo por Cristo y su Iglesia. Sus palabras inspiraban, motivaban y comprometían. Juan Pablo II en su primera homilía dijo: ¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo! (...)"
"Este tono tan desafiante que marcó todo su pontificado, caló profundamente en el corazón de millones de personas en el mundo entero. Su mensaje cambió la historia de muchos países causando la caída del "comunismo". El Papa Wojtyla viajó por el mundo entero proclamando el Evangelio, a fin de que Jesús sea conocido y amado por todos".
Mis queridos amigos: en nuestra querida Patria Argentina, la realidad socio-económico-política actual es desafiante, reclama más hechos que palabras. Pues,... ¿se puede anunciar al Dios de la vida y permanecer neutrales ante tantas situaciones escandalosas de pecado, de pobreza, de corrupción que nos afectan?
La exhortación del Papa Wojtyla, "¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!", hoy más que nunca recobran su fuerza y nos interpelan. A pesar de este panorama oscuro, qué bello es constatar que hoy, miles de jóvenes -desencantados con lo que ofrece la sociedad actual- vuelven a la fe católica.
Desde hace unas semanas, en los medios de comunicación se habla mucho de la escuela, de las amenazas de tiroteo, de la salud mental de los alumnos. A la escuela se la hace culpable casi de todo, se depositan en ella múltiples responsabilidades, se exige que haga lo que la sociedad no hace y con frecuencia daña y destruye.
Y, sin embargo, qué bello es constatar que, en este tiempo de tanta crisis de valores, la escuela sigue siendo un lugar privilegiado de humanización, socialización y evangelización. A modo de ejemplo me permito compartir con ustedes una de las tantas bellas iniciativas de los jóvenes de mi colegio.
Este año, los alumnos del quinto año del nivel secundario del Colegio San José de Esperanza, inspirados en el Evangelio, se encuentran organizando junto a sus profesores una "Kermés Solidaria", la que tendrá lugar el 17 de mayo y cuya finalidad es salvaguardar la Asociación de Ayuda a Niños Especiales (ANNE) de la referida ciudad.
Nuestros alumnos tomaron esta decisión porque en la actualidad la ANNE atraviesa una crítica situación institucional, debido fundamentalmente a los recortes presupuestarios en el ámbito de la discapacidad.
Ellos entienden que su desarrollo académico debe trascender el aula, debe ir de la mano con el compromiso social; procuran mostrar a la sociedad, con frecuencia tan "adormecida", que detrás de los números y de las crisis hay historias de vidas concretas y sueños truncados.
Nuestros jóvenes saben que el "otro" no es un ser lejano, ajeno y extraño, sino que es nuestro hermano, y debemos quererlo y amarlo como hermano. Mis queridos amigos. Me emociona la bondad que percibo diariamente en el corazón de muchos jóvenes. Sus caras y sus actitudes verdaderamente samaritanas lamentablemente no aparecen en las primeras páginas de los diarios.
Pero con sus iniciativas tan nobles y generosas nos dicen: no todo está perdido porque, hay muchas reservas éticas y morales en nuestro pueblo; hay mucha bondad y generosidad en el corazón de tantas personas que trabajan en merenderos y comedores escolares, alimentando a niños y familias necesitadas.
Pidamos a Dios que, el ejemplo de nuestros jóvenes nos ayude a comprender que la verdadera felicidad consiste más en dar que en recibir. Que Dios nos bendiga.
(*) El cardenal Joseph Ratzinger desempeñó el cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano entre 1981 y 2005, es decir durante gran parte del extenso pontificado de su antecesor Juan Pablo II (1978-2005).
El amor de Dios (1)
Durante el rezo del Regina Caeli ("Reina del Cielo"), el papa León XIV reflexionó sobre el mandamiento del amor pronunciado por Jesús en la Última Cena y aclaró que la vida cristiana no nace del esfuerzo por ganarse el amor de Dios, sino del reconocimiento de sabernos amados por Él: "Es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros".
En el sexto domingo de Pascua, Robert Prevost ha vuelto la mirada hacia la Última Cena de Jesús, precisamente a ese momento en el que transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor y dice: "Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos".
A partir de esta afirmación, el pontífice advirtió de no caer en una tergiversación entre el verdadero sentido de la relación entre el amor de Dios y la respuesta del creyente.
"Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos. Nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios", dijo el papa, quien explicó que "no debemos cumplir los mandamientos para ganarnos el amor de Dios, sino porque ya nos sabemos amados por Él", porque, por el contrario, "el amor de Dios es la condición para nuestra justicia".
"Miramos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo", acotó. Es un amor "sin peros ni quizás, sin reservas ni condiciones y sin pedir nada a cambio", destacó León XIV, quien el pasado viernes 8 de mayo cumplió un año de pontificado.
León XIV insistió en que "las palabras de Jesús son una invitación a la relación, no un chantaje", ya que "el Señor nos manda amarnos unos a otros, como Él nos ha amado".
(1) Fuente: Vatican News.











