Queridos amigos de todas las semanas. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? Transitamos el Tiempo de Pascua que nos habla de la presencia de Jesús resucitado. Los Apóstoles después de la "tragedia del Viernes Santo" poco a poco iban descubriendo que Jesús está vivo. Recuperar la fe para ellos fue un proceso lento, largo y doloroso.
"Yo soy el camino y la verdad y la vida"
La violencia y el vacío existencial reflejan una crisis profunda. La fe y los valores evangélicos ofrecen un camino hacia una vida significativa.

Tenían que descubrir que a través del sufrimiento y el dolor, se llega a la gloria y a la resurrección. Elegir el camino fácil es una gran equivocación. En la actualidad, al observar el mundo que nos toca vivir, muchos y tal vez nosotros mismos nos preguntamos:
¿Qué nos quiere decir Dios con las amenazas de tiroteos en las escuelas, con la violencia en la calle, con las guerras absurdas, con tantas cosas que ocurren? ¿Alguien se imaginaba que un día se iba llegar a estas situaciones? Sin lugar a dudas, se trata de una profunda crisis existencial que afecta tanto al hombre como a la sociedad de hoy.
No solo vamos perdiendo el rumbo y la dirección; la misma vida va perdiendo su encanto, sabor, y con frecuencia carece de sentido tal como lo indica el alto índice de suicidios.
Cuánta verdad en este contexto contienen las palabras del filósofo griego Sócrates, que esperando el momento de su muerte en la cárcel, dice a su amigo Critón: "Lo importante no es solo vivir, sino vivir bien; y vivir bien es vivir como se debe".
En la película "Alicia en el País de las Maravillas", hay una escena maravillosa: Alicia llega a un lugar en el bosque donde el camino se divide en dos, entonces le pide consejo al gato que está trepado al árbol.
"¿Qué dirección debería tomar yo?", preguntó Alicia. "Eso depende de adonde quieras ir", respondió él. "Es que no sé muy bien adónde quiero ir", dice ella. "Entonces no importa qué dirección tomes", asegura el gato.
¿Se entiende? El que no sabe hacia dónde camina, no camina, simplemente da vueltas. Y me temo que hoy somos muchos los perdidos que damos vueltas.
En estos momentos de tanta confusión, muchos nos preguntamos: ¿cómo vivir, qué rumbo tomar para vivir una vida plena y con sentido? La Liturgia de la Palabra de Dios nos sale al encuentro con un mensaje claro y contundente. Jesús afirma: "Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí (…)".
Mis queridos amigos. Jesús es el Camino, su enseñanza es un programa de vida. Los valores evangélicos son nuestros indicadores, nuestras señales que nos guían por dónde caminar.
El poeta español Antonio Machado nos decía: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Hoy nosotros, iluminados por el mensaje de Jesús, revertimos los versos de Machado diciendo: "Caminante, sí hay camino, solo hace falta caminar". ¡Jesús es el camino! Y esto es bello subrayarlo porque la vida sin Dios, sin fe, carece de sentido y nos termina conduciendo al vacío existencial.
Friedrich Nietzsche, uno de los "filósofos de la sospecha", se anticipó al tiempo actual anunciando el cambio de valores profetizando lo siguiente:
"Y vi una gran tristeza sobre los hombres. Los mejores se cansaron de sus obras. Una doctrina se difundió y junto a ella corría una fe:¡Todo está vacío, todo es idéntico, todo fue! Y desde todos los cerros el eco repetía: 'Todo está vacío, todo es idéntico, todo fue!' (...) En verdad, estamos demasiado cansados incluso para morir".
Jesús es la Verdad. Fíjense bien, pasan los tiempos, cambian las generaciones, pero las Palabras de Jesús permanecen, no cambian, no pueden cambiar. El Evangelio no envejece nunca, siempre es actual y transforma la vida de las personas, rompe las estructuras caducas y pecaminosas de la sociedad.
Y esto es maravilloso, porque... ¿se puede vivir una vida donde reina el "relativismo absoluto", donde cada uno tiene su verdad? Optamos por vivir sin Dios, ignorando el Decálogo: robar, matar, mentir no es bueno.
Estas actitudes como "malversar o adueñarse de los fondos públicos", o simplemente robar, que se ha instalado en el corazón de muchos, nos perjudicó, nos lastimó y empobreció. Lo que vamos descubriendo hasta ahora, es solo la punta del iceberg de una "tragedia colectiva y nacional".
"Yo soy la Vida". La experiencia de cada día nos enseña que la vida, el regalo más grande que Dios nos ha dado, no se puede improvisar o vivir de cualquier forma como pretenden algunos. A la vida hay que darle una dirección y un contenido. Porque, lo que sembramos hoy, cosecharemos mañana.

¿Y qué sembramos en el corazón de nuestros niños en las escuelas, en los medios de comunicación y en las redes sociales? ¿Un trigo de buena calidad? ¿En serio? No estoy tan seguro.
Pidamos a Dios que nos ilumine y podamos dejar el mundo un poco mejor de como lo hemos encontrado. Que en nuestro caminar y obrar de cada día, nos sigan iluminando las palabras del querido y siempre recordado papa Francisco: "Debemos ser como Jesucristo, debemos dejar huellas que cambien la historia". Que Dios nos bendiga












