Queridos amigos de todos los domingos... ¿cómo están? Una vez más nos encontramos para compartir la Palabra de Dios, siempre tan oportuna para reflexionar y tan necesaria para orientar nuestros pasos. Hoy en el Quinto Domingo de Cuaresma, la Liturgia de Palabra de Dios nos enfrenta con el tema de la Resurrección.
¿Existe algo más allá de esta vida terrenal, existe la vida futura? Si no existe nada: ¿por qué yo debo ser honesto, veraz, y no delincuente o ladrón? Si existe solo esta vida,... ¿no es mejor ser vivo, coimero, delincuente y ladrón? Total no existe nada más.
El filósofo alemán Immanuel Kant elaboró el imperativo categórico, como norma de proceder para todos. "Yo debo". ¿Por qué yo debo? ¿Se puede fundamentar el deber categórico sin aceptar la existencia de Dios y la vida futura? Pero si Dios existe, los que creemos en Dios: ¿contamos con Él, nos comunicamos con Él, ponemos toda nuestra confianza en Él?
No quiero juzgar a nadie, pero observo que cada vez más estamos optando por el ateísmo práctico. Es decir: no negamos la existencia de Dios directamente, pero no lo necesitamos. Ya lo hemos expulsado de las escuelas, de los manuales, de los libros. También de los parlamentos europeos y de la Constitución Europea.
Incluso en nuestro patria argentina, tan cristiana, muchas familias ya no se preocupan por la educación cristiana de sus hijos; libre y conscientemente están dejando las prácticas religiosas y cristianas. Y sin embargo, el mensaje del Evangelio de hoy, donde se nos narra la muerte de Lázaro, una vez más pone como centro el tema de la vida futura. San Juan nos lo dice:
"Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá (...)"
"Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección en el último día. Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre".
Mis queridos amigos, Jesús es contundente cuando le dice a Marta: "Tu hermano resucitará". La vida futura existe. La fe en Dios nos ofrece una visión optimista de la vida. La vida es bella, la vida con Dios es más bella y tiene sentido. Por eso para continuar me permito compartir una carta de un médico ateo que actuó durante el tiempo de Pandemia en Lombardía, en Italia.
La carta se titula: "La paz de Dios en tiempos de angustia". Y dice así:
"Nunca en las pesadillas más oscuras imaginé que se podría ver y vivir lo sucedido aquí, en nuestro hospital, durante tres semanas. Al principio vinieron algunos pacientes, luego fueron decenas y luego cientos. Llegamos ya a no ser médicos, sino a convertirnos en clasificadores en la cinta, decidiendo quién vive y quién debía ser enviado a casa a morir (...)"
"Hasta hace dos semanas, yo y mis colegas éramos ateos; era normal porque éramos médicos y aprendimos ciencia y se le dijo a la ciencia que excluyera la presencia de Dios. Siempre me reí de mis padres porque iban a la iglesia y rezaban. ¿Para qué perder tiempo rezando me preguntaba?"
"Hace nueve días, un pastor de 75 años vino a nosotros. Hombre gentil, tenía grandes problemas respiratorios, pero tenía una Biblia y nos impresionó que se la leyera a los moribundos y ver que ellos lo tomaban de la mano. Al estar todos los nuevos médicos cansados, desanimados, psicológica y físicamente terminados, cuando teníamos tiempo, lo escuchábamos (...)"
"Entonces, admitimos que nosotros como humanos habíamos alcanzado nuestros límites; más no podíamos hacer y más personas morían diariamente. Y estábamos agotados. Ya dos colegas habían muerto. Nos dimos cuenta de que donde termina lo que el hombre puede hacer, necesitamos a Dios (...)"
"Así, hablamos entre nosotros y ahora no podemos creer que de los ateos feroces que éramos nos transformamos en personas que diariamente rezamos, pidiéndole al Señor que nos ayude a resistir para que podamos cuidar de los enfermos (...)"
"Ayer murió el pastor de 75 años, se fue al Señor y pronto lo seguiremos. No he estado en casa desde hace seis días, no sé cuándo comí por última vez, y me doy cuenta de mi inutilidad en esta tierra y quiero dedicar mi último aliento a ayudar a los demás. Estoy feliz de haber regresado a Dios".
Hoy todos deberíamos preguntarnos: ¿Qué nos quiere decir el Señor con todo lo que nos está pasando? Los que no creen en nada,... ¿qué explicación encuentran o pueden dar? ¿Tienen alguna? La economía se puede recuperar, las casas se pueden reconstruir, pero las vidas humanas no. ¿Qué nos cabe esperar? Pensemos por unos minutos.