Queridos Amigos. ¿Cómo están? Por estas horas en toda la Iglesia celebramos el Domingo de Ramos y con esta Celebración iniciamos solemnemente la Semana Santa. Como el pueblo judío hace dos mil años acompañaba a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén, hoy muchos cristianos se congregan o nos congregamos en los templos y en las plazas de las ciudades para aclamar a Jesús como único Rey.
En el centro del relato de la Pasión del Señor se encuentra un grito desgarrador de Jesús, "Eloí, Eloí, lemá sabactaní", que significa lo siguiente: "Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado".
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"Jesús le dijo: Tu hermano resucitará"Hoy, al leer este relato de la Pasión del Señor, pienso en tantas familias desocupadas, en la inseguridad que cobra tantas víctimas inocentes, en el narcotráfico que ya no sabemos cómo parar; pienso en tantas agresiones físicas y verbales, descalificaciones en la vida diaria, incluso en el Congreso y pregunto: ¿Por qué un hermano agrede y humilla a otro hermano?
Hay situaciones, hay tragedias humanas difíciles de explicar, como las inundaciones, los terremotos, las sequías. Hay otras situaciones que son producidas y causadas por el hombre: la guerra, la corrupción, la mentira, el robo. Estas realidades tienen causas concretas, cuentan con autores que tienen nombre y apellido.
"Del corazón de los hombres -dice Jesús- salen los malos pensamientos, los robos, homicidios, maldades, engaños". El Evangelio que acabamos de escuchar nos enseña que la Pasión del Señor lamentablemente no es una página del pasado. Hoy Jesús está sufriendo en muchas personas, en muchas realidades, tomando mil rostros el que no tiene rostro.
Ahora bien, si Jesús fue condenado y entregado a la crucifixión, esto quiere decir que no murió de muerte natural o por un accidente. No murió en la cama, de anciano o por alguna enfermedad. Al contrario, su muerte tal como aparece en el relato de la "Pasión" fue algo cruel.
Reclamar por un mundo justo y fraterno, cuestionar las "estructuras de pecado", o exigir el cambio de las realidades que esclavizan, es peligroso. Lo era antes y lo es hoy también. Hace tiempo, monseñor Óscar Arnulfo Romero, el mártir de El Salvador, nos decía: "Al que estorba se lo mata".
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¡Cuánta ceguera, cuánta insensatez!
Lamentablemente, mis queridos amigos, la Pasión de Jesús que recordamos en cada Domingo de Ramos, no es una página del pasado. No. Jesús siguió crucificado a lo largo de la historia en tantos hermanos nuestros y aún hoy sigue crucificado.
En la catedral de Cuzco hay un cuadro de comienzos del siglo XVI, que representa la XII estación del Vía Crucis, pintado por un autor anónimo.
A todos los turistas que llegan se les cuenta la misma historia, destacando los siguientes elementos: el color dominante es el color púrpura-rojo, que simboliza sufrimiento, dolor y muerte; los soldados no son romanos, sino españoles; el hombre crucificado no es el Jesús que nosotros conocemos, sino un indígena, uno de su pueblo inca.
De esta forma el autor anónimo de la escuela cuzqueña presentó la Pasión de Jesús en su cultura y en su tiempo. Haciendo una teologización se puede decir que se trata no sólo de las personas individuales sino del "pueblo crucificado", o incluso de los "pueblos crucificados".
¿Cómo podríamos representar hoy el vía crucis? No hay que tener mucha imaginación. Los crucificadores serían: el poder, el sistema económico corrupto, el egoísmo, la mentira, la inseguridad, la violencia, el dinero. La víctima, sería representada por: los explotados, los sin trabajo, los pobres, los niños de la calle, los adictos a la droga, los desnutridos.
La letanía podría ser interminable. Los clavos hacen referencia a la indiferencia, a la pasividad, a la complicidad de los buenos.
En este Domingo de Ramos contemplando la Pasión de Jesús debemos preguntarnos con honestidad: ¿qué hicimos para que el mundo hoy esté como está? Pero sería bueno preguntarnos también: ¿qué hago o que voy a hacer yo para que Jesús sufra menos en tantos de nuestros hermanos "crucificados de hoy"?
La pasividad, el mirar al costado como distraídos, el no comprometernos, o simplemente guardar "silencio", también matan. Pensemos por unos minutos.
El papa León XIV lamentó la guerra de Israel y Estados Unidos contra el régimen islámico de Irán y llamó a orar por la comunidad cristiana, tras el rezo del ángelus pronunciado al final de la misa del Domingo de Ramos.
"Al inicio de la Semana Santa estamos más que nunca cerca con la oración a los cristianos del Medio Oriente, que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y en muchos casos no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos", expresó el sumo pontífice.
El líder del Vaticano también pidió no olvidar "a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento; su prueba interpela la conciencia de todos". El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció este domingo que la policía israelí impidió celebrar la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, "por primera vez desde hace siglos", afirmó el Patriarcado Latino.
Israel cerró todos los lugares santos de la Ciudad Vieja de Jerusalén Este, al alegar razones de seguridad.Tanto el papa León XIV como el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, han criticado la guerra contra Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel, sus consecuencias para la población civil y la obsesión con la violencia armada.
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¿Para qué sirve la sed?
Recientemente, León XIV realizó declaraciones críticas tres días seguidos. Sin embargo, el santo padre nunca menciona el nombre del presidente estadounidense Donald Trump, ni alude a los países que iniciaron la guerra.
Durante el Ángelus del domingo 22 de marzo expresó su consternación por la situación en Oriente Medio y otras regiones del mundo, y calificó el sufrimiento de muchas "víctimas indefensas" como "un escándalo para toda la humanidad".
Pero su crítica estuvo centrada en el uso militar de las aeronaves, ya que estas "nunca deberían ser vehículos de guerra y los bombardeos aéreos deberían estar prohibidos... debemos trabajar por la paz, pero no con armas".
(*) Agencia Deutsche Welle.