Esta sepultura múltiple representa un paso realmente significativo en la búsqueda de un destino final distinto al que se daba hasta ahora, a la vez que abre el debate sobre las prácticas institucionales, el marco legal y el acompañamiento en momentos de profundo dolor.
Jesús con un niño no nacido y la esperanza cristiana: "yo soy la resurrección y la vida" (Jn. 11, 25).
El pasado 25 de marzo, los restos de 51 niños fallecidos durante la gestación fueron finalmente sepultados en el Cementerio Municipal de Rafaela, donde ahora descansan en paz. El hecho marca un hito para quienes impulsan iniciativas orientadas a brindar dignidad a quienes no habían podido ser despedidos.
El caso remite a una problemática poco visible. Se trata de niños fallecidos durante el embarazo que, debido a interpretaciones erróneas de la legislación vigente en la provincia de Santa Fe, no recibían el tratamiento correspondiente.
En situaciones en las que la muerte se produce antes de las veinte semanas de gestación o cuando el peso no alcanza los 500 gramos, no se extiende el certificado de defunción, lo que impide un tratamiento adecuado de los cuerpos, cuyos restos son considerados residuos patogénicos.
Sin embargo, la Ley Nacional Nº 26413, que regula el funcionamiento del Registro Civil, establece que las muertes prenatales -denominadas legalmente "defunciones fetales"- deben ser registradas formalmente sin distinguir la edad gestacional ni el peso. Este procedimiento, basado en el certificado de defunción que los médicos deben emitir conforme a sus obligaciones legales, permite la emisión de la licencia de inhumación, requisito indispensable para proceder a la sepultura o cremación.
En este contexto, la Fundación Rafaelinos por la Vida impulsó una solución concreta. La organización, titular de la concesión de uso a perpetuidad de un panteón en el cementerio local, puso este espacio a disposición para dar sepultura a los cuerpos que permanecían en un nosocomio sin haber podido ser inhumados.
De este modo, se dio cumplimiento a una orden judicial que disponía la emisión de los certificados de defunción, la inscripción de los fallecimientos en el Registro Civil, la correspondiente licencia de inhumación y la posterior sepultura.
"Proyecto Arimatea"
Gracias al aporte de particulares e instituciones, el panteón fue acondicionado especialmente para este fin.
El espacio fue ornamentado con cuatro placas en relieve, realizadas en cemento blanco y marmolina, que representan escenas bíblicas vinculadas al sufrimiento, la muerte y la esperanza: la crucifixión de Cristo, su descenso de la cruz por intervención de José de Arimatea, el sepulcro abierto como símbolo de la resurrección y, finalmente, la imagen de Cristo en el paraíso sosteniendo a un recién nacido.
La crucificción de Jesús.
Jesús es bajado de la cruz.
Jesús sale del Santo Sepulcro.
Desde la Fundación señalaron que el objetivo de esta iniciativa, llamada justamente "Proyecto Arimatea", no es solo ofrecer un lugar físico de descanso, sino también generar un espacio de recogimiento, oración y consuelo para las familias. Asimismo, la iniciativa busca visibilizar la necesidad de aplicar correctamente la normativa vigente y promover una mirada más humana ante estas situaciones.
La sepultura de estos primeros 51 niños representa un paso significativo en ese camino y abre el debate sobre las prácticas institucionales, el marco legal y el acompañamiento en momentos de profundo dolor.
El autor es abogado, integrante de la Fundación Rafaelinos por la Vida, doctorando en Ciencias Jurídicas en la UCA.