Por Gonzalo Andrés (*)


Por Gonzalo Andrés (*)
La ciencia ficción puede ser entendida como una expresión de las percepciones e imaginarios sociales sobre la tecnología y sus efectos sobre el estilo de vida. La literatura y el cine están llenos de utopías y distopías sobre futuras sociedades tecnológicas. De hecho, la ciencia ficción como género nació durante el siglo XIX en Europa, en pleno auge positivista. Por lo cual, se la puede considerar una consecuencia literaria del impacto de la revolución industrial en el imaginario de la Modernidad, que apostaba al desarrollo científico-tecnológico.
Las huellas iniciales del género corresponden al “Frankenstein” de Mary Shelley de 1818, considerada como “la primera historia de ciencia ficción auténtica”. Luego, se pueden mencionar los viajes extraordinarios de Julio Verne publicados a partir de 1863 o más tarde “La guerra de los mundos” de Herbert George Wells de 1897.
Durante el siglo XX el género presentará una profunda decepción ante la promesa moderna y el miedo característico hacia el progreso tecnológico, al constatar los usos perversos que el hombre ha podido dar a la tecnología salvadora de los positivistas. Allí, se registran los relatos de Ray Bradbury, Howard Lovecraft y Anthony Burgess.
En cuanto al cine, las películas más características son “Blade Runner” (1982), “Terminator II” (1991) o “Gattaca” (1997). En ellas, se presentan futuros apocalípticos con máquinas descontroladas y sistemas de dominación social estructurados verticalmente. Al analizar los casos mencionados, se puede argumentar que la industria cultural construye imaginarios públicos ambivalentes sobre la tecnología. La imaginación interviene en los modos de percibir y de entender el mundo. En algunos casos, se presenta a la tecnología como la solución a los problemas sociales y la garantía de un mundo futuro mejor que el presente, pero en otros casos la tecnología aparece como ininteligible, como un objeto cultural ingobernable por parte de los seres humanos y, en otros casos, como un mecanismo para el control y subordinación de los sujetos.