Tras concluir la lectura de "Hacia la era titánica" de Rafael Arce (1), me tomó por sorpresa que unas cuantas imágenes de los cuentos que componen esta antología, se encendieran en diferentes momentos de mi vida cotidiana, que aparecieran no sólo para completar alguna observación que estuviera elaborando mentalmente, sino también como representación de algún sentir espontáneo.
Y aunque sea poco sensato o esté un tanto "penalizado" hablar de "impresiones de lectura", deseo subrayar que las imágenes de este libro no dejaron de aparecer para mí en los momentos menos esperados y eso me importó.
Uno de los rasgos esenciales de esta antología es el movimiento temporal que presenta, rasgo al que atribuyo que esta retorne una y otra vez a nuestros pensamientos y que también nos inquiete. En dicho movimiento se inscriben al tiempo: un pasado arcaico y un futuro lejano, que en conjunción fundan "un inquietante ahora", tal como señala al respecto Martín Kohan (2).
En general, el escenario de la mayoría de los cuentos se ubica en un futuro que pareciera superarnos por siglos, que se dibuja a partir de elementos del presente que se han exacerbado (como la tecnología, o ciertas prácticas y/o actividades contemporáneas). Pero este escenario se construye también a partir de ciertas descripciones que evocan mitos ligados a un imaginario ancestral.
En este entramado arcaico-futurista emergen como recuerdo, en un tono casi nostálgico (pero sin llegar a serlo), elementos de "lo humano" como rasgo constitutivo de nuestra especie, que en este contexto, parecieran haber desaparecido.
Concretamente, en "Traum" -uno de los cuentos que me resultó más fascinante- se pone foco en que los seres humanos éramos capaces de dormir naturalmente y, con ello, de soñar. Se cuenta que el sueño era tanto placentero como una consecuencia natural del cansancio.
Después, hubo un tiempo en que "Homo" (que vivió décadas antes que la voz que enuncia) inducía el sueño con productos químicos, pero pareciera ser que eso también desapareció. "Nosotros, los últimos, no soñamos. Más todavía: ni siquiera nos entregamos" (Arce, 2025:40).
La voz que enuncia encuentra, en relatos antiguos, que existía un pasaje entre la vigilia y el sueño: un umbral llamado "Traum" (3). En ese momento, el sujeto percibía imágenes que parecían constituir la antesala del sueño, pero sin llegar a serlo. En este orden, la narración se desenvuelve como una reflexión que procura averiguar por qué podría haber desaparecido la capacidad de soñar.
Y llegado este punto, uno/una como lector/lectora se pregunta cuán importante es soñar para los seres humanos, si resulta un elemento constitutivo de nuestra condición humana. Y sin dudas, lo es.
Aunque actualmente solemos poner foco en la vigilia y desatender el mundo onírico, que está ligado a un costado más bien irracional de nuestra existencia, el escenario al que la pluma de Arce nos conduce, en el que soñar ya no es una posibilidad, nos invita a meditar en torno a este tema.
"Nuestra actividad mental es incesante (...). En muchos casos, incesante y del todo insignificante" (Ídem). Estos seres no tienen posibilidad de "entregarse" o lo que es peor: de "apagarse" por sí mismos. Pese a que su actividad mental no cesa, tampoco es un rasgo de inteligencia.
Este pasaje es cuanto menos, insoportable: ¿es que no guarda, acaso, un elemento de nuestro presente, en el que estamos expuestos a una actividad mental que nunca cesa? ¿Un mundo en el que la creatividad y el mundo onírico (y con él, su componente simbólico) como elementos importantes para nuestro desarrollo personal están quedando relegados?
"Me gustaría soñar. Las descripciones de los libros, estoy seguro, apenas dan una idea de lo que eso podía ser (...). Antes la palabra desconexión era metafórica y ahora es literal" (Ibidem:41).
Estas líneas resultan conmovedoras: la voz que enuncia desea soñar, en un contexto donde se ha ponderado todo hito tecnológico que ha conducido a nuestra especie, primero a dormir químicamente, y luego, a la imposibilidad de soñar.
¿Qué es si no, un inquietante ahora -como dice Kohan- este lugar al que Arce nos transporta? Un lugar de desconexión, un espacio donde el ser humano está completamente artificializado, despojado de su condición de soñante.
Arce, en mi opinión, dibuja un mundo en el que el ser humano ya ha sido extirpado de elementos que son intrínsecos de su condición humana, un mundo en el que la tecnología ha avanzado, o aún más: arrasado. Sumarse al viaje al que nos invitan las líneas de todo el libro supone ir a un "más allá" que es, en realidad, un "más acá".
Irnos a un futuro en el que la tecnología se radicalizó tanto que no pudo emerger, sino de forma compensatoria, un paisaje que es también evocativo de un pasado arcaico. ¿Y esto por qué? ¿No será que como lectores, estas líneas nos convocan también a revisar si no hemos olvidado que los mitos nos constituyen, que soñar nos constituye?
¿No será este un recordatorio de que gran parte del tiempo dormimos sin soñar, vivimos sin vivir: un recordatorio de que pasamos gran parte de nuestro tiempo anestesiados?
La autora es profesora de Letras (UNL).
(1) Arce, Rafael. "Hacia la era titánica", 2025. Río Tercero: Editorial Nudista.
(2) Kohan, Martín. "Lo que vendrá", 2025. Reseña de "Hacia la era titánica" de Rafael Arce. Disponible en línea: https://www.perfil.com/noticias/columnistas/lo-que-vendra-04-10-2025.phtml
(3) Cabe destacar que el término "Traum" significa sueño en alemán.