Definido el traslado de Santa Fe la Vieja a su nueva locación, luego de trazar, a mediados del siglo XVII, la plaza cuadrada como espacio nuclear de la urbanización en ciernes, se distribuyeron en torno los terrenos para el Cabildo, la iglesia Matriz y el conjunto de edificios -iglesia, casa y colegio- de los jesuitas. También se asignaron a vecinos "principales" lotes para que erigieran sus casas con vista a la plaza. Uno de ellos, en el lado opuesto al terreno reservado para el Cabildo, le fue entregado a Francisco Luis de Cabrera, descendiente de los fundadores de las ciudades-jurisdicciones de Córdoba y Santa Fe, quien se casó con Juana de Vera y Montiel, integrante de las importantes familias coloniales de Vera Mujica y Fernández Montiel.
Origen, esplendor y agonía de la casa de Simón Iriondo

En el despunte del siglo XVIII, esa propiedad fue adquirida por el capitán Juan de Rezola, quien pidió permiso al Cabildo para construir un corredor o recova sobre la vereda, recurso que luego se extenderá a toda la cuadra (desde La Matriz hasta la intersección con la actual calle San Martín). De modo que esa recova fue la primera en construirse y la última en demolerse (en la década de 1970) junto con la casa denominada "de Iriondo", que es la que motiva esta nota, aunque esta vez dejaré hablar a las imágenes, que son más elocuentes que la palabra escrita.

Una nota publicada en El Litoral en 1970, emplea registros del "Diario de Don Manuel Ignacio Diez de Andino. Crónica santafesina 1815 -1822", para explicar la función de los referidos corredores o recovas, que comenzaron a levantarse en la primera década del siglo XVIII, y que en la época en que aquel cronista escribe, se espejarán, al otro lado de la plaza, en la galería del renovado edificio del Cabildo.

En su origen, al resguardo de los corredores "se colocaban negras con sus bandolas (seguramente para llamar la atención de los vecinos) y comerciantes al menudeo que vendían a los santafesinos productos llegados en carretas (que estacionaban en la plaza) desde el norte".

Respecto de la casa de Rezola, que era tesorero de la Real Hacienda, a su muerte, en 1710, sus cuentas fueron objetadas, lo que derivó en un juicio impulsado por el Cabildo. Como consecuencia, sus propiedades fueron rematadas, y la que inspira esta nota pasó a manos, entre otros, de Juan Francisco de Larrechea y Juan de la Canal. Andando el tiempo, será adquirida por Mariano Comas, padre del homónimo vicegobernador de Simón de Iriondo.

En esa casa, Bartolomé Zavalla, casado con Ana Comas, tenía instalado su comercio de almacén y tienda -uno de los principales de la ciudad- cuando en 1840 fue desvalijado por soldados de la expedición militar de Juan Lavalle. Y desde 1860, el edificio será habitado por el Dr. Simón de Iriondo, casado con Mercedes Zavalla Comas, heredera de la propiedad. Sobre la base del antiguo caserón criollo se habrá de construir el piso superior, con su lenguaje italianizante y se renovarán la fachada y la recova. Allí se alojará el presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, para observar en directo el desarrollo de las colonias que crecían en cercanías de la capital provincial. Y desde allí, partirá en un coche tirado por caballos, su ministro Domingo Sarmiento para recorrer la calle del Comercio.

Afectada por un ataque revolucionario luego de la segunda elección de Iriondo como gobernador, en 1878; salón de recibo del poder provincial durante largos años, la casa, ya muy venida a menos a mediados del siglo XX, será propuesta como residencia del gobernador o museo urbano, ideas alternativas para salvarla de la piqueta que, al final, la hizo desaparecer. Antes, como periodista, pude ingresar (cuando estaba abandonada e intrusada), y obtener unas fotografías que aquí comparto con ustedes, sumadas a las de fotógrafos profesionales que permiten secuenciar etapas de su existencia, incluida su demolición.









