Trabajar desde hace varios años en la actividad inmobiliaria me ha permitido tomar contacto con personas que tienen muy firme el pensamiento de "ser dueño". Desde aquellos que buscan un lugar para constituir su hogar, hasta quienes hacen de la compra de inmuebles una práctica para refugio de valor, todos experimentan la sensación agradable que brinda la posesión de algo. Más aún cuando ese algo implicó esfuerzos, tiempo y dedicación.
Sin embargo, mi trabajo me ha permitido observar situaciones que me invitaron a la reflexión. Por ejemplo, he asesorado a personas que, siendo dueñas de un terreno, no conocían su ubicación exacta y, por lo tanto, no podían darle los cuidados que toda posesión exige. También a personas que, en la misma situación, no podían disfrutar de su inmueble ni hacer uso de él, por encontrarse usurpado. Un poco más curioso, pero también lo he presenciado, es el caso de aquellas personas que tienen tanto que no llevan cuenta de sus pertenencias o, peor aún, esa misma abundancia las ha tornado indiferentes para cuidarlas.
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Estas observaciones me conectaron con una frase que leí hace un tiempo en un libro que me gusta mucho; Intermedio Logosófico, de Carlos B. González Pecotche:"existe una enorme diferencia entre proclamarse dueño de algo y poseer el dominio de ese algo"
La exigencia diaria nos enfoca generalmente en la necesidad de incrementar nuestras posesiones materiales. Desde luego ellas son importantes y nos permiten vivir con holgura y tranquilidad. Sin embargo, no son las únicas hacia las cuales debemos dirigir nuestros esfuerzos.
Estudiar Logosofía me amplió la perspectiva al darme a conocer la existencia de una vida interna, tanto o más valiosa que la externa. Ese mundo interno es el lugar donde habitan mis pensamientos, mis sentimientos, mis ideas, etc. Es propiedad de cada uno y es inviolable: nadie puede conocer lo que allí sucede a excepción de que voluntariamente decida comunicarlo. Eso, desde luego, me convierte en propietario de ese mundo. Pero…
¿todos mis pensamientos responden a mi voluntad?
¿genero pensamientos propios o me guío siempre por pensamientos ajenos?
¿Qué impacto tienen en mi estado de ánimo las noticias diarias?
El ambiente mental de la sociedad está actualmente muy congestionado. Las noticias sobre las cuestiones políticas y económicas nos invaden a diario y a una velocidad asombrosa, debido a la dinámica de los acontecimientos en estos tiempos.
He observado que esos pensamientos que se introducen en mi "mundo interno" me generan muchas veces preocupación, incertidumbre, queja; en fin, una serie de estados internos negativos. ¿Qué hacer al respecto? Al menos, comenzar por estar más atentos. De la misma manera que no dejamos ingresar a desconocidos en nuestra casa, no debemos dejar ingresar a nuestra casa mental pensamientos que no se presenten previamente. Más aún, es una buena práctica, a medida que uno se va conociendo a sí mismo, adiestrarse en la observación de los disfraces que suelen utilizar para no ser identificados. Así, por ejemplo, la excesiva preocupación por un asunto se suele disfrazar de interés, la descalificación a las ideas del otro de convicción, el pesimismo de "realidad", y una larga lista de etc.
Dios nos dio la propiedad de nuestro mundo interno, pero reinar soberanos en él es una conquista que dejó librada a cada uno. Para ello necesitamos conocimientos que nos ilustren sobre todo lo que en él sucede.