Una mañana concurrí al Centro de Especialidades Médicas Ambulatoria (Cemafe), en calle Mendoza y Av. 27 de Febrero, para una consulta con el otorrinolaringólogo. Estaba en el primer piso esperando que me atendieran y al frente, sobre calle Mendoza, tenía el edificio del Correo Argentino que comenzó a construirse en 1959 en un espacio del Parque Alberdi.
Un antes del Cemafe
La vieja terminal de ómnibus, con su bulliciosa actividad comercial y social, es recordada mientras se espera en los modernos consultorios del Cemafe.

Vino a mi memoria cuando en la planta baja de su edificio funcionaba la vieja Estación Terminal de Ómnibus General Manuel Belgrano, cuyo propietario era el señor Antonino Moscato, quien fue que la concibió, construyó y habilitó en 1935.
Luego pasó a ser administrada por el gobierno de la provincia de Santa Fe hasta el momento en que el 12 de diciembre de 1960 es trasladada a su emplazamiento actual, el viejo solar de la ex Estación Francesa: el día anterior empresarios y empleados improvisaron una despedida alrededor de un barril de cerveza entre los que estaban mi padre y mi hermano, José Nicolás, que atendía la boletería N° 2.

Guardo recuerdos de esa vieja estación. El Café de Kakisu, cuyo ingreso era por calle Mendoza y por la puerta que daba a las plataformas de salidas; por su vereda hacia el sur estaban: la peluquería de Don Gracia y su ayudante Isabelino, el Kiosco de Diarios y Revistas de los Belgradi, el Kiosco de Caramelos y Golosinas del señor Pinto, el local de juguetería del señor Romano y al fondo el Despacho y Recepción de Encomiendas del señor Acosta.
En el centro de la terminal, entre las plataformas de salidas y de llegadas, se encontraban las boleterías de las empresas, unas frente a las otras, meintras que traspasando las plataformas de llegadas estaban la Oficina de Inspección de la Dirección Provincial de Transporte, la Oficina de Empresa El Cóndor y la Compañía de Seguros La Comercial de Rosario, que abastecía de boletos a las empresas.
Más alejados, los servicios sanitarios. Detrás de todos estos había una playa de estacionamiento a la que se accedía por Av. 27 de Febrero, donde los dueños de las empresas dejaban sus vehículos y los proveedores descargaban las mercaderías para surtir a los locales comerciales.
Si bien las plataformas eran las de llegadas, de una de ellas partían los ómnibus de dos empresas que prestaban los servicios a Santo Tomé: El Chumbito (hacia el centro santotomesino) y la Empresa General San Martin.
Esta última, después de cruzar el Puente Carretero, tomaba calle Mariano Candioti hasta llegar al Batallón de Ingenieros. A esas empresas con el transcurrir de los años las sucederían las Líneas L y L Bis.
Detrás de la terminal estaba la Estación de Servicios YPF de Marabelli, en Av. 27 de Febrero esquina Salta, donde los choferes de los ómnibus los abastecían de combustible y aceites.
En la pared norte que la separaba de la terminal había un tinglado de chapas de zinc donde por las noches pernotaban algunos colectivos; entre estos el ómnibus de El Cóndor, que salía de Rafaela a las 20 horas y llegaba a Santa Fe a las 22.
Esos fueron los recuerdos que afloraron a mi memoria mientras seguía esperando que me atendieran en alguno de los modernos y bien equipados consultorios que cuenta el Cemafe, que fuera propulsado y construido en el tiempo que el gobernador de la provincia de Santa Fe era el doctor Hermes Binner, y que es un orgullo de nuestra ciudad.











