El título de nuestra entrega de hoy refleja uno de los versos icónicos del tango "Cambalache" (1934), el triste espejo de una sociedad en descomposición.

El tango "Cambalache", escrito en 1934, denuncia con agudeza la corrupción y el desencanto social de la Década Infame, mostrando su vigencia en la actualidad.

El título de nuestra entrega de hoy refleja uno de los versos icónicos del tango "Cambalache" (1934), el triste espejo de una sociedad en descomposición.
No es mi terreno, eso lo dejo reservado para los entendidos, pero para marcar la época en la que Enrique Santos Discépolo (alias "Discepolín") formateó la letra de este tema emblemático e inmortal definido como el himno del tango, debo referirme al contexto político.
La presidencia de Agustín Pedro Justo (1932-1938), quien llegó al poder con el apoyo de la Concordancia (alianza entre el Partido Conservador, el Partido Socialista Independiente y la UCR antipersonalista), marcó el retorno de la democracia formal tras el golpe de Estado de 1930, pero mediante el fraude electoral. Por eso al periodo histórico que va hasta 1943 se lo conoce como "Década Infame".
Evidentemente, este adelantado de su tiempo, porque eso es lo que fue Discépolo (1901-1951), imaginó de antemano lo que sucedería a posteriori, porque casi a punto de cumplir 100 años "Cambalache", todo al parecer sigue igual. Para su creación se posicionó en tres ejes centrales: la corrupción social generalizada, la desilusión con la sociedad y la pérdida de los valores morales.
En definitiva, en pocas palabras, y aceptando que sigo metiéndome donde no me llamaron,... ¿qué diferencia existe con lo que pasa hoy en nuestro país?
Hay tangos que son espejos y otros que son diagnóstico. "Cambalache" pertenece a esa estirpe feroz y necesaria, un tango que no canta penas de amor, ni nostalgias del suburbio, o la china que se fue del rancho, sino que te mira fijo a los ojos…te dice la verdad aunque te duela y…atájala si podes.
"Cambalache" es ambas cosas: espejo y diagnóstico. Funciona como una cruda radiografía social que a su vez, al reflejar el desorden moral, la corrupción y la continua pérdida de principiso morales, diagnostica una enfermedad social atemporal que sigue vigente hoy en día.
Este emblemático tango muestra que el mundo siempre fue y será un "cambalache": un trueque caótico de valores. Y en este mundo donde lo honesto y lo infame parecen confundirse, este tema sigue vivo porque describe una situación que lamentablemente nunca dejó de acomodarse.
Subsiste el revoltijo moral donde todo vale y todo se mezcla; donde lo correcto y lo torcido se sientan en la misma mesa, sin pedir permiso. "Cambalache" no es protesta: es un retrato. No es exageración: es advertencia. "Cambalache" no es pesimismo: es un pedido urgente de claridad en medio del barro:
"Que el mundo fue y será una porquería, ya lo se/ en el quinientos diez y en el dos mil también (...)"
El arranque es sin anestesia y contundente: el mundo no está mal de ahora, sino de siempre. El genio visionario de Discepolín pronosticó hasta el dos mil y ya lo hemos superado en veinticinco años. La miseria moral humana no se detuvo, los comportamientos tampoco. Queda demostrado que el cambio de calendario no es suficiente, subsiste la "incultura":
"Que siempre ha habido chorros, maquiavélicos estafadores/ contentos y amargados, valores y dublés"
No es novedad que estas figuras (los vivos, los zonzos, los honestos y los "doblecaras"), siempre existieron, existen y existirán. Es esta una visión crítica y mordaz, pero a su vez es un trágico desencanto de una sociedad enquistada y petrificada en la actualidad:
"Pero que el siglo veinte es un despliegue/ de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue/ vivimos revolcados en un merengue/ y en un mismo lodo todos manoseaos"
Y llegó el quiebre: el siglo XX donde no es suficiente la maldad, sino el descaro que no se oculta y ni siquiera ruboriza. Es la apertura de la gran puerta principal a la inmoralidad. El merengue convertido en una gran masa olorosa, pegajosa y putrefacta donde todos terminan "manchados", pero todos quieren entrar:
"Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador/ todo es igual, nada es mejor/ lo mismo un burro que un gran profesor"
Aquí les presento al "corazón del tango". Se perdió el criterio y la distinción de valores: el burro y el profesor ocupan la misma fila, el incapaz y el sabio entran en guerra por llevar la bandera y el mérito deja de tener peso. El escalafón moral por el piso y el lamento que no se hace esperar:
"No hay aplazao, ni escalafón/ los inmorales no han igualao/ si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambición/ da lo mismo que si es cura/ colchonero, rey de bastos/ caradura o polizón"
En este tramo del tema ha desaparecido la igualdad humana y comenzó a igualarse hacia abajo impuesta por falsos y ventajeros. Si todo da lo mismo… es porque nadie vale nada. El "caos que horroriza y espanta", parafraseando el tango "Que sapa Señor", se traduce en una profunda desilusión social del que nadie puede escapar:
"Qué falta de respeto/ qué atropello a la razón/ cualquiera es un señor/ cualquiera es un ladrón/ Mezclao con Stravisky / va Don Bosco y La Mignon,/ Don Chicho y Napoleón,/ Carnera y San Martín (...)"
La indignación es un grito ensordecedor, la mezcla es grotesca, la sociedad perdió la capacidad de distinguir y enfatiza la confusión de valores: héroes, brutos, mafiosos y santos, todos acodados en el mostrador del cambalache.
La presencia de Stavisky, famoso estafador de la época, junto a figuras veneradas como Don Bosco y José de San Martín, deja al descubierto la decadencia y el barro en el que estamos metidos:
"Igual que en la vidriera irrespetuosa/ de los cambalaches/ se ha mezclao la vida/ y herida por un sable sin remache/ ves llorar la Biblia/ junto al calefón"
¡Qué imagen... horrorosa! Lo sagrado degradado. Lo puro contaminado y la Biblia llorando su impotencia ante un mundo que gira y gira buscando el destino que perdió:
"Siglo veinte cambalache/ problemático y febril/ el que no llora no mama/ y el que no afana es un gil/ Dale nomás, dale que va/ que allá en el horno se vamos a encontrar"
El golpe de gracia: una sociedad que premia la viveza y castiga el sacrificio. El sabor amargo de este tango…. "aprovechá gil… viví de la ventaja…pa qué laburá….si total todos vamo´a parar al mismo hoyo".
"No pienses más… sentate a un lao/ que a nadie importa si naciste honrao/ Que es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey/ que el que vive de las minas/ que el que mata o el que cura/ o esta fuera de ley"
Vivimos "revolcaos en un merengue" y "en el mismo lodo todos manoseaos". Nada más que agregar, señor juez, diría el abogado patrocinador: la resignación caló hondo, para qué ser honesto, para qué trabajar de sol a sol, si es lo mismo ser vividor, marginal o delincuente.
"Cambalache" no es un tango pesimista, es un tango lúcido. Denuncia una mezcla de situaciones pero también ilumina la única salida posible e inevitable: volver a distinguir las cosas. Nombrar lo bueno y lo malo; reconocer el mérito, el sacrificio y la verdad y no dejar nunca que la "mugre moral" nos tape los ojos ni que el barro nos confunda.
¿Si todo es lo mismo? ¿Nada vale la pena? El mensaje más profundo de este tango es no aceptar que te igualen hacia abajo. Tu valor no lo define el "cambalache"... lo deciden tus actos y tu conciencia.
Hasta la próxima.
No está de más saber...
"Cambalache" fue censurado por primera vez durante la dictadura militar del año 1943 por considerarlo sedicioso, tal como sucediera también durante todas las dictaduras posteriores que acontecieron en la historia de Argentina. En 1949, Juan Domingo Perón permitió que el tango vuelva a ser interpretado.
La última vez que este tango fue censurado fue durante la dictadura militar iniciada en 1976. Al finalizar esta en 1983, todo siguió siendo igual en tanto al tango y su libre circulación. ¿Se dieron cuenta ustedes que la letra habla de un mismo mundo en el año 506 y en el 2000? ¿Se podría decir que esta letra pertenece tanto al pasado, al presente como al futuro?
¿Acaso lo que quiere decir Enrieque Santos Discépolo en estas líneas es que el mundo era así, es así y va a seguir siendo así? Entonces, si hacia 1935 tenían semejante "optimismo" sobre el mundo,... ¿nosotros qué esperanzas podemos llegar a tener sobre cambiar nuestro país?
Hoy por hoy, todos hablan de que las personas perdimos los valores, pero entonces, en la década del 30 del siglo pasado, ya existían personas que pensaban que también se estaban perdiendo los valores. Resulta irónico pensar que esta misma letra, escrita hace más de noventa años, se adapte perfectamente al presente que hoy vivimos.
"Cambalache" ciertamente describe la degradante corrupción imperante y la mediocridad intelectual que hay hoy en día, quizás la misma que veía Discepolo en aquellos años. En él se ve que hay un excelente trabajo sobre la letra, y que el espíritu de reflexión social de su tango haya perdurado a lo largo de todos estos años impresiona e impacta, pero a la vez entristece.
Y entristece porque describe a los seres humanos en general y a los argentinos en particular tal cual somos. Porque es triste y lamentable que nosotros mismos nos digamos: "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador". Pero este es el mundo que Discépolo vivió, el que se vive ahora y el que se vivirá en un futuro,... si es que no logran cambiarlo.