La imaginación es un elemento vital en la infancia de un niño. Pasar tiempo jugando con uno o más juguetes, compartirlos con sus padres, primos y amigos es uno de los procesos sociales que marcan a los más chicos. Crear historias, inventar canciones y personajes para luego identificarse con ellos debería ser casi obligatorio para los pequeños.
Toy Story 5: las pantallas, los niños y una invitación a recuperar la imaginación
Casi 4 millones de espectadores ya vieron en Argentina la quinta entrega de una de las historias más atrapantes de Disney. El mensaje que deja la película, ahora protagonizada por la muñeca Jessie.

La irrupción, proliferación y ahora consolidación de las pantallas, sean en pequeños o grandes dispositivos llegó para disputar esos momentos que los niños invertían con sus juguetes, con sus mundos imaginarios de princesas y superhéroes. Darle vida a estos universos y dejar volar su imaginación es tan necesario como divertido para una persona en pleno crecimiento físico y psíquico.
Ese es el mensaje que intenta dar Toy Story 5. Una reflexión que interpela a grandes y chicos; a padres e hijos, que llegan a la sala de los cines con la expectativa de conocer nuevos personajes y se retiran con esta realidad. Como las cuatro entregas anteriores, la historia pega donde más duele: la infancia, la paternidad y suma el elemento tecnológico como hilo conductor.

Pantalla vs. juguetes
¿Puede una pantalla ocupar el rol central en la vida de una persona pequeña, donde tiene todo por aprender, sobre todo los vínculos con sus pares y adultos?, esta cuestión podría bien resumir la película y abrir el debate.
La trama del film de Disney navega entre los extremos de esta cuestión. La niña protagonista no tiene amigos de su edad, es timorata y se recluye en su habitación. Es entonces cuando los padres piensan que una tablet puede ser la solución.

En realidad, los adultos de la película le abrieron a su hija las puertas de un mundo nuevo, interesante pero, al mismo tiempo, peligroso. Donde un minuto de más, puede generar ansiedades, nerviosismo y convertirse en peor remedio de una enfermedad que no es tal.
Las pantallas llegaron para quedarse y se convirtieron en elementos necesarios para la cotidianeidad de las familias. El film de Disney trabaja sobre ello y no termina de “sentenciar” a los dispositivos electrónicos en desmedro de los juguetes. Ubica a los aparatos como nuevos aliados, listos también para sumarse al mundo imaginario.

Ser padres hoy
Invitar a los niños a divertirse con elementos analógicos parece ser el gran desafío para los padres de los días que corren. Cómo ganar la atención de los pequeños con objetos inanimados, juegos de mesa e incluso libros mientras las pantallas están en todos los ambientes, con diversos tamaños y al alcance de sus manos, en definitiva es una tarea de todos los días.
La trama que pone sobre la mesa Toy Story apunta también a entender que el mundo cambió. Los muñecos y otros juguetes tienen una real competencia contra las tablets, televisores, teléfonos celulares y los aparatos desparramados por toda la casa. Es tarea de los adultos contarles a los chicos que todavía existe ese mundo offline, donde la imaginación es una buena conexión con todos sus sentidos.

Es misión también de los padres mostrarle a sus hijos que hay toda una vida fuera de las pantallas, que pueden asistir a clubes de barrio, instituciones académicas artísticas, o simplemente buscar la plaza más cercana y pasar un buen rato juntos. Congeniar con otros niños y por qué no, ganar amigos.
El objetivo no es para nada sencillo, el atractivo de los videos, juegos online y otros divertimentos digitales es tal que inclina rápidamente la balanza, será clave el rol de los adultos para “enderezar” las fuerzas a favor del crecimiento de los más chicos.








