Apenas terminado el primer día hábil del año 2026, y comenzando el primer fin de semana del año, la llamada operación "Resolución Absoluta", que demandó algo más de dos horas, fue ejecutada por fuerzas especiales de Estados Unidos que lograron "capturar" (o secuestrar) al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien la justicia norteamericana estaba acusando de "narcoterrorismo".
El presidente Donald Trump confirmó que la operación fue autorizada u ordenada por él, sin consulta previa del Congreso de Estados Unidos. La Casa Blanca sostiene que la intervención responde a años de tensiones por narcotráfico y violaciones a los derechos humanos. De aquí surge una pregunta:
¿Es el único país que tiene o puede tener problemas de narcotráfico o de violaciones a los derechos humanos? Si suponemos una respuesta positiva, seguramente podremos decir que nuestro nivel de memoria es escaso o selectivo.
Orientándonos hacia la otra parte del conflicto, nos podríamos preguntar: ¿No deberían ser juzgados internacionalmente los presidentes que promueven golpes de Estado en otros países? Si la respuesta a esta pregunta es afirmativa, creo, que la gran mayoría (o quizás la totalidad) de los presidentes estadounidenses de los últimos sesenta años, deberían haber sido juzgados.
También surge otra pregunta: ¿es válido en el derecho internacional un ataque de esas características? ¿Puede haber alguna fuerza que puede contraponerse a tal agresión? La respuesta de Trump es "yo lo hago, porque lo puedo hacer", vale decir que el lenguaje que se quiere imponer es el de la fuerza.
La fuerza del oro negro
No quedan dudas que el tema petrolero tiene todo que ver con esta agresión. Venezuela posee una de las mayores reservas petroleras del planeta, y la otra zona con grandes reservas está en Medio Oriente, donde existe un grado de conflictividad importante. Con esta realidad geopolítica, y si añadimos la idea del Presidente de los Estados Unidos: "América para los americanos", podremos comprender con más claridad la razón por la cual los norteamericanos tienen fuerte "interés" por los derechos humanos.
En esta línea, lo que más inquietud generó en las autoridades norteamericanas fue el incremento en las relaciones del gobierno venezolano con las principales potencias del Brics, con una fuerte colaboración en temas de defensa con Rusia, y un acercamiento por apoyo económico de infraestructura de China, quien en estos últimos tiempos fue uno de sus principales compradores de petróleo.
Desde una visión imperialista, característica que nunca abandonó Estados Unidos, podríamos inferir que "se le está escapando una oveja", y hay que atraparla. Es tal el convencimiento del gobierno de los Estados Unidos, que a través de volver a lo que se le llamó la Doctrina Monroe, el presidente Trump considera que ese petróleo fue "robado". Atendiendo a la soberanía de los pueblos,... ¿es válido que "roben" lo que no es mío?
¿Liberación o apropiación?
El hecho ya se ha consumado, y la fuerza de un ejército invasor ha demostrado su capacidad de destrucción. Ahora que la fuerza habló, la razón quizás empiece a buscar algunas respuestas, tales como:
- ¿Quién o quienes serán los actores que tomarán decisiones en el gobierno de Venezuela?
- ¿Cómo funcionará el mercado del petróleo global ante este nuevo escenario?
- ¿No será este un precedente regional o global en el manejo de la política exterior de las grandes potencias? ¿De ser así, tendrá un impacto tipo dominó en el resto de Latinoamérica? (quizás este sea el interrogante más importante en función de los hechos registrados)
Si esta acción se termina recordando como "un acto de liberación razonada" o como "una apropiación geopolítica", va a depender de lo que suceda en un plazo o mediano corto.
Si Estados Unidos permite que sea el pueblo venezolano quien recupere su propio destino, siendo dueño y administrador de sus recursos naturales, la razón inclinará la balanza a su favor; de lo contrario, si Venezuela se convierte en una factoría, con decisiones y administración externa, será el poder quien incline la balanza a su favor.
Si así fuera, los mecanismos usuales de la diplomacia mundial, serán una víctima más del resultado por el uso de la fuerza. Por el bien de una sana convivencia de los pueblos, quiero expresar mi humilde deseo: que la balanza se incline a favor de la razón…