Bajo las imponentes bóvedas de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, el arco político argentino se dio cita este martes para conmemorar el primer aniversario de la partida de Jorge Bergoglio. Lo que debía ser un acto de unidad espiritual terminó siendo un mapa de la fragmentada realidad política del país.
Adorni y Kicillof coincidieron en la misa por el Papa Francisco ante la ausencia de Villarruel
A un año del fallecimiento del Papa Francisco, la Basílica de Luján fue el escenario de un homenaje que logró lo impensado: sentar en el mismo templo a las caras más visibles del oficialismo nacional y del kirchnerismo bonaerense. Sin embargo, el faltazo de la Vicepresidenta, en medio de tensiones internas, se robó el protagonismo de la jornada.

En los bancos principales, la imagen fue potente: el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, encabezó la delegación del Gobierno Nacional, acompañado por el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el ministro del Interior, Diego Santilli. A escasos metros, el gobernador bonaerense Axel Kicillof marcaba presencia junto a su gabinete y referentes como Wado de Pedro, conformando una convivencia forzada pero pacífica que duró lo que duró la homilía.

El "faltazo" que alimentó los rumores
La gran ausente de la tarde fue la vicepresidenta Victoria Villarruel. Pese a que su asistencia estaba confirmada —e incluso se encuentra a cargo del Ejecutivo por el viaje de Javier Milei a Israel—, la titular del Senado decidió no asistir a último momento.

Fuentes cercanas a la Vicepresidencia dejaron trascender que Villarruel buscó evitar una "foto incómoda". El trasfondo sería una fuerte discrepancia con la organización del evento y la negativa a compartir primera fila con Adorni, en un contexto de frialdad interna que ya no se puede ocultar. Según se supo, la mandataria asistió a una misa en Almagro en la basílica María Auxiliadora, donde se bautizó Francisco.
Al salir de la iglesia hizo unas declaraciones a la prensa: “Me pareció que la misa en la basílica de Luján se había politizado. Cuando la política se mete en el recuerdo de personas importantes como es el papa, prefiero estar entre la gente. Hoy es solo el día del papa Francisco. Quiero recordar y reconocer a esta figura tan importante para los argentinos. Me pareció que en la ceremonia de Luján estaba lo peor de la casta política. Soy coherente con mis creencias y quiero estar entre mis compatriotas”.

Una homilía contra la violencia
La misa fue presidida por monseñor Marcelo Colombo, titular de la Conferencia Episcopal Argentina, quien durante su homilía hizo un llamado desesperado a la concordia. Ante una basílica colmada, Colombo instó a la dirigencia a "superar las divisiones" y condenó el uso de "lenguaje agresivo" y "gestos violentos" en la política actual, un mensaje que resonó con fuerza tanto en el sector libertario como en el peronista.

El clima de la ceremonia tuvo sus picos de tensión cuando, promediando el oficio, agrupaciones sociales ubicadas al fondo del templo iniciaron cánticos en apoyo a Francisco, generando sonrisas en el ala de Kicillof y gestos de seriedad en los funcionarios nacionales.
La memoria de Francisco, el Papa que siempre llamó al diálogo, logró juntar a los extremos bajo un mismo techo, pero no bajo un mismo propósito. La ausencia de Villarruel y la distancia física entre los bloques confirman que, incluso frente a la fe, la política argentina sigue sin encontrar un lenguaje común. Mientras el Presidente rinde honores en Israel, en Luján quedó claro que la unidad nacional es, por ahora, una plegaria pendiente.








