Pacificación y construcción de una "imagen de futuro": cómo funciona el Nueva Oportunidad
El programa llega a chicas y chicos de 12 a 35 años en situación de vulnerabilidad. Salud mental como abordaje necesario; "tercer tiempo" como espacio de encuentro, y diálogo como alternativa al discurso de odio. En esta nota, una experiencia en la ciudad capital y una opinión sobre la baja en la edad de imputabilidad.
Karen Tolosa, maestra integradora, y Yazmín Fiamaca, maestra de grado, están a cargo de apuntalar a alfabetización y los contenidos pedagógicos del grupo. Foto: Manuel Fabatía
"Uno, dos, tres", dice la maestra y se hace un (casi) silencio alrededor de las cuatro mesas que dominan el espacio de la Asociación Civil Los Cachorritos, en Lavaisse y Juan Díaz de Solís. Son pasadas las 6 y media de la tarde, ya oscurece y hace frío. Pero ahí están los chicos y chicas que lunes y miércoles comparten dos horas de actividades, juegos, herramientas de alfabetización y una merienda, cuya composición eligen, democráticamente, por mayoría de votos.
Es uno de los tantos espacios en los que funciona el programa Nueva Oportunidad, que incluye en toda la provincia a más de 20 mil niños, niñas y jóvenes de 12 a 35 años, divididos por grupos etarios. Aquí hay una "prórroga" hacia abajo en las edades; la decisión se apoya en las necesidades de reforzar la lectura, escritura y comprensión en los primeros tramos de la primaria, luego de los resultados que obtuvo el relevamiento provincial de Alfabetización.
Las tareas se distribuyen alrededor de cuatro mesas con distintas actividades. Luego será el tiempo de la merienda. Foto: Manuel Fabatía
Por eso, en una de las mesas la actividad se centra en reforzar esos aprendizajes. En otra se preparan ejercicios de Matemática; en otra más, los contenidos que ya están abordando en la escuela, y en la última, se profundiza en sustantivos y adjetivos. Todas las "islas" componen el Taller de Espacio de Aprendizaje, que se enmarca en el Nueva Oportunidad.
Leisa Fiamaca es la acompañante del grupo, figura fundamental en la trama del programa, y llega un buen rato antes al espacio cedido por el Club Peñarol a la asociación, que ya lleva 25 años en el barrio al frente de Rosa "Cachorra" Saldaña. Ya tiene todo preparado para cuando los destinatarios del programa atraviesan el umbral. Antes, dialoga con El Litoral.
Leisa Fiamaca, acompañante del programa Nueva Oportunidad (y alma máter del grupo), en la sede de la Asoc. Civil Los Cachorritos. Foto: Manuel Fabatía
"Dentro del barrio trabajamos con la escuela Raimundo Peña y el Centro de Salud de Villa Hipódromo en una red intersectorial para tener mejores propuestas que impacten en la vida cotidiana de nuestros vecinos", dice la joven que habita el mismo barrio de donde vienen algunos de los chicos. En realidad, los destinatarios del taller son de Ciudadela Norte, Villa Hipódromo y Los Hornos.
"Nos dimos cuenta de que la alfabetización era el problema más importante que teníamos". Por ello, el equipo se completa con la maestra de grado Yazmin Fiamaca, y la docente integradora, Karen Tolosa. No solo eso, sino que los chicos "estaban mucho tiempo en la calle porque no tenemos un club, ni cómo contenerlos", dice Leisa.
Como se dijo, el Nueva Oportunidad es para edades de 12 años en adelante, pero en este espacio van desde más chicos. Si la visita fuese un jueves, nos encontraríamos con el taller de community manager para mayores de 16 hasta los 35, una de las opciones del Nueva para generar emprendimientos que pueden terminar en una emancipación, y salida laboral.
Un componente esencial en el Programa es el "tercer tiempo"; en ese espacio recreativo se dejan de lado las formalidades, pero no las reglas de convivencia, y se habilita el encuentro y el intercambio. En este caso en particular, hay dos propuestas: clases de baile con un joven que estudia la carrera y es del mismo barrio, y fútbol para lo que se preparó un espacio con sus arcos y pelotas.
Alejandra Rosa y Fabricio Minetti, coordinadores del Nueva Oportunidad en la ciudad de Santa Fe. Foto: Manuel Fabatía
Un espacio de escucha
Fabricio Minetti y Alejandra Rosa, son coordinadores del programa en la ciudad de Santa Fe, donde unas 160 organizaciones tienen convenios para dictar 290 talleres a alrededor de 4000 destinatarios. A esto se va a sumar la Municipalidad con otras 19 actividades.
Ambos destacan el compromiso de Leisa en el barrio. "Hay herramientas que ofrece el Estado, pero sin el trabajo en el territorio no llegarían a destino", admite Minetti.
Si se les pregunta por un denominador común entre quienes asisten a las actividades del programa provincial, ambos coinciden en que "hay una gran necesidad de jóvenes y adolescentes de encontrar un espacio de escucha y donde se sientan contenidos". Para eso está también el ya mencionado "tercer tiempo", en el que además de las actividades de recreación se pueden canalizar otras inquietudes.
En todo caso, el objetivo es "contener a los jóvenes que se encuentran en una situación compleja o crítica, y brindarles la oportunidad de hacer algo distinto, de ser escuchados y reducir los niveles de violencia en la sociedad".
Puntos en común
Ese mismo concepto es el que recupera Andrea Travaini, directora del programa que está anclado en la Secretaría de Políticas de Inclusión de Abordajes Sociales, dentro del Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano. "El objetivo de la Secretaría es promover condiciones de convivencia y trabajar en la disminución social de las violencias; para eso hay una batería de programas y uno de ellos es el Nueva Oportunidad"
Además de destacar la importancia de las y los acompañantes, rol que se prevé fortalecer, Travaini arroja algunos puntos en común entre la población que alberga el programa. "Empezamos a encontrarnos con situaciones que atraviesan los jóvenes a los que acompañamos, con muchas dificultades para construir legalidades muy vinculadas a los consumos, no solo de sustancias sino en general".
"No todos los jóvenes están al límite, pero en todos hay que hacer un trabajo de llegada, permanencia y construcción de una perspectiva de futuro", dice Andrea Travaini, directora del programa Nueva Oportunidad.
También hay "una pibada enorme con dificultades en torno al cuidado de los adultos, o los adultos que los deberían cuidar integran las bandas delictivas". Muchos de esos chicos "no quieren ese lugar que les ofrecen los adultos para su vida".
Otro tema replicado en esos espacios pero que forma parte de lo cotidiano es "una reproducción muy grande de la crueldad y la necesidad de lastimar, mostrarlo y reflejarlo: no es privativo de los jóvenes, pero vemos un elogio de la crueldad que va en sentido contrario a lo que pretendemos como construcción de lazos de cuidado y de afecto".
Otra cuestión que preocupa y en la que se está profundizando es el de la salud mental: "Hay mucho sufrimiento vinculado a la soledad, a no tener con quién conversar algunas cosas y en casos más extremos de auto lesión, intentos de suicidios o suicidios", alerta Travaini.
Para todo ello se trabaja en capacitaciones de la UNL y la UNR "para que los acompañantes y los integrantes del equipo tengan herramientas con las cuales enfrentar estas situaciones".
Puesta a reflexionar sobre lo que cambió en la primera ocasión en que se aplicó el programa (durante la gestión de Miguel Lifschitz), la funcionaria advierte que "pasó la pandemia y todavía no tenemos estimado lo que significó haber atravesado por esto, sobre todo para los más jóvenes y los más viejos".
Además, desde ese momento crecieron "los discursos de odio y crueldad contrarios a los de comunidad. Esto hace sentir estas situaciones de soledad, agobio y estrés que tienen su efecto en construcciones de subjetividad muy endebles".
- ¿Cuál es el objetivo final del Nueva Oportunidad?
- Lo primero es poder construir alguna imagen de futuro que sea contraria a la muerte. Que el chico o la chica permanezca en el programa y una vez que está ahí, pueda trabajar en la falta: que si forma parte de su deseo, pueda terminar la escuela; que se haga los controles de salud; que pueda proyectarse a futuro. A lo mejor esto tiene que ver con una capacitación en oficio o un deporte, una práctica cultural; algo que lo conecte desde otra perspectiva y genere la adrenalina que encuentra en el lugar donde se encuentra hoy, que puede ser en una moto y con un arma.
No todos los jóvenes están al límite, pero en todos hay que hacer un trabajo de llegada, permanencia y construcción de una perspectiva de futuro.
- Mientras hablamos de juventudes al límite, en el Congreso se debate la baja en la edad de imputabilidad. ¿Qué opinás?
- Creo que la discusión que se da es la equivocada: se discute sobre la edad de imputabilidad cuando, primero, hay que preguntarse por el sistema de protección de niños, niñas y adolescentes, si tiene los recursos, si hicimos la tarea desde el Estado de manera correcta e integral o si se llega a destiempo. Y si todo eso lo tenemos discutido y estamos seguros de que está bien, más que discutir la edad es pensar con qué herramienta esperamos a los chicos en conflicto con la ley penal y con qué herramientas los vamos a acompañar después. Si solo tenemos para ellos la privación de la libertad, no estamos pensando en que en algún momento van a salir. Y como Estado y como sociedad nos tenemos que preguntar con qué los esperamos, qué modificamos para que ese recorrido violento se modifique.
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