El año 2025 estuvo marcado por profundos cambios en el régimen cambiario y monetario de la Argentina, que redefinieron las condiciones de acceso al mercado oficial de divisas y generaron episodios de volatilidad en las tasas de interés.

Entre las colocaciones más habituales a nivel minorista, el plazo fijo probó ser mejor inversión en 2025 que la tenencia de dólares, en tanto la corrección del MERVAL dejó más perdedores que ganadores. CEDEARs, FCI y criptos, otras alternativas a evaluar.

El año 2025 estuvo marcado por profundos cambios en el régimen cambiario y monetario de la Argentina, que redefinieron las condiciones de acceso al mercado oficial de divisas y generaron episodios de volatilidad en las tasas de interés.
Este proceso se dio en el marco de un reordenamiento macroeconómico, elevada incertidumbre electoral y un contexto internacional desafiante. En ese escenario, los ahorristas debieron evaluar distintas alternativas para resguardar y hacer rendir su capital.
Durante el primer trimestre del año rigió un esquema de controles cambiarios, con acceso restringido al mercado oficial y múltiples tipos de cambio. El dólar oficial se movía bajo un régimen de crawling peg, con ajustes mensuales del 2% hasta enero y del 1% desde febrero.

Sin embargo, el 11 de abril el Gobierno anunció la eliminación de la mayor parte del cepo para personas humanas, tras la aprobación de un acuerdo con el FMI, e implementó un esquema de flotación administrada dentro de bandas ajustables al 1% mensual.
En este contexto, el dólar oficial del Banco Nación registró una suba del 40,6% entre fines de 2024 y fines de 2025, superando la inflación estimada del 30,6%. No obstante, el dólar MEP —de libre acceso durante todo el año— aumentó solo un 26,5%, quedando por debajo del IPC y reflejando una apreciación real del peso.
En cuanto a los instrumentos en pesos, los plazos fijos tradicionales a 30 días ofrecieron un rendimiento acumulado estimado del 39,2%, mientras que los plazos fijos UVA a 90 días alcanzaron el 33,8%, ambos superando la inflación anual.
Entre las alternativas más destacadas se ubicaron los CEDEARs, que permiten invertir en activos del exterior desde el mercado local y brindan cobertura cambiaria. En particular, los CEDEARs ETF ofrecieron elevados rendimientos en pesos.
El más destacado fue GLD, vinculado al oro, con una suba del 113%, impulsada por tensiones geopolíticas, bajas de tasas de la Reserva Federal y la debilidad del dólar.

Le siguieron EWZ (+81%), asociado al mercado brasileño, favorecido por la demanda de commodities y la mejora macroeconómica regional, y ARKK (+72%), vinculado a empresas de innovación y tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. También sobresalieron EEM (+67%) y FXI (+63%), representativos de mercados emergentes y grandes compañías chinas.
El índice S&P Merval cerró 2025 con una suba nominal del 20%, aunque en términos reales mostró una leve caída al ajustarse por inflación o dólar. El desempeño fue heterogéneo: se destacaron algunas empresas energéticas y de infraestructura, mientras que sectores como servicios públicos y siderurgia mostraron caídas reales.
En los Fondos Comunes de Inversión, los mejores rendimientos se observaron en fondos de renta fija en pesos y renta fija en dólares. Los fondos mixtos lograron en algunos casos superar al dólar, mientras que los de renta variable mostraron resultados dispares y, en general, inferiores a la divisa.

Por último, las criptomonedas evidenciaron una elevada volatilidad. Bitcoin cerró el año con una caída del 5%, pese a haber alcanzado un máximo histórico en octubre.
Ethereum mostró aún mayores oscilaciones y finalizó el año con una baja del 11%. Ambos activos reflejaron un año de fuertes subas y correcciones, confirmando que, a mayor riesgo, mayores pueden ser tanto las ganancias como las pérdidas.