La fe, las costumbres camperas y el profundo respeto por la tradición volvieron a unirse en una travesía inolvidable que conectó el sur de la provincia de Santa Fe con el corazón espiritual de la Argentina.
Cinco jinetes llevaron el Poncho Santafesino desde Christophersen hasta los pies de la Virgen de Luján
Recorrieron casi 400 kilómetros en siete días de fe, tradición y camaradería, llevando la prenda bendecida para ser presentada ante la Virgen de Luján. Leonel Tardini relató las vivencias de una aventura signada por la hospitalidad del campo argentino y el cuidado de los caballos.

Cinco integrantes vinculados a la Agrupación del Poncho Santafesino realizaron una peregrinación a caballo desde la localidad de Christophersen hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján, completando cerca de 385 kilómetros a lo largo de siete jornadas consecutivas de marcha.
La comitiva estuvo integrada por Leonel Tardini, su hijo Thiago de 12 años, Juan Arévalo, Lucas Pereyra y Gabriel Bustos —oriundo de Diego de Alvear y capataz de desfile de la Fiesta Provincial del Poncho Santafesino—.
Acompañados por nueve caballos y una camioneta de apoyo equipada con casilla rodante y un tanque de agua para asistir a los animales en cada parada, los jinetes transformaron una inquietud surgida entre amigos en una profunda manifestación colectiva de gratitud y devoción.
El origen de una promesa y el Poncho Bendecido
La idea se gestó de manera espontánea a mediados de septiembre durante un almuerzo en las fiestas patronales de San Eduardo. Fue Juan Arévalo quien le propuso realizar la travesía a Leonel Tardini, quien ya contaba con la experiencia previa de haber completado el trayecto a Luján a caballo en dos oportunidades.
«Me dijo: 'Che, vos sabés que quiero ir a Luján a caballo. Sé que vos fuiste; si podés, vamos'. Le dije: 'Vamos, no hay drama'», recuerda Tardini. A partir de allí, coordinaron sus compromisos laborales y escolares para concretar la partida a mediados de octubre.

Aunque cada viajero partió impulsado por motivos personales de agradecimiento y fe, la travesía adquirió un fuerte sentido institucional y comunitario. El 24 de septiembre, durante las fiestas patronales de Christophersen en honor a la Virgen de la Merced, Juan Arévalo y Thiago Tardini participaron del paseo llevando la imagen patronal.
En esa ocasión, el sacerdote local bendijo un Poncho Santafesino, símbolo que representa a la provincia desde 2022. El objetivo central fue trasladar dicha prenda a lo largo de casi 400 kilómetros para recibir la bendición final en la Basílica de Luján y, posteriormente, retornar a Christophersen para ser exhibida en una vitrina dentro de la comuna.
Siete días de marcha, estricta logística y cuidado animal
La travesía dio inicio el miércoles 14 de octubre desde Christophersen. Para garantizar el bienestar de la tropilla, el grupo estableció una rutina rigurosa: salir diariamente a las 7 de la mañana y dar por concluida cada etapa entre las 14 y las 15 horas.
“Siempre fuimos muy tranquilos. Parábamos una o dos veces a la mañana a tomar unos mates y al mediodía hacíamos una picadita para darles agua a los caballos”, detalla Tardini.

La logística demandó un trabajo coordinado en el que los cinco expedicionarios se turnaban para conducir el vehículo de apoyo que remolcaba la casilla y el tanque. Esta modalidad permitió alternar el uso de los dos caballos por persona y evitar la fatiga animal.
El itinerario trazado avanzó siempre por caminos rurales de tierra paralelos a las viejas rutas. La primera jornada unió Christophersen con Juan Bautista Alberdi (42 km); el segundo día continuó hacia Leandro N. Alem; el tercero alcanzó Junín; el cuarto hizo parada en Chacabuco; el quinto avanzó pasando Rawson hasta Castilla, donde un poblador local les ofreció su quincho y un asado; la sexta jornada culminó en Jáuregui; y el séptimo día recorrieron el tramo final hasta la Basílica.
Para evitar la circulación en centros urbanos como Junín o Chacabuco, el grupo bordeó las periferias por caminos vecinales, fábricas y acopios.
Hospitalidad en el camino y el recibimiento en la Basílica
A lo largo de toda la ruta, la solidaridad de la gente de campo resultó determinante. En cada escala, familias y conocidos brindaron potreros con pasturas, agua segura e instalaciones cómodas para los caballos. “Lo más importante para nosotros era la seguridad de los animales. La calidez de la gente fue algo increíble; no hubo un solo lugar donde nos dijeran que no”, remarca Tardini con profundo agradecimiento.

El paso de los jinetes despertó muestras espontáneas de afecto y apoyo periodístico en las radios locales de Alberdi, Vedia, San Gregorio y Mercedes. Incluso referentes de la organización del Poncho Santafesino, como la mascota Lita, viajaron hasta Junín para brindarles aliento a mitad del camino.
El clímax del viaje aconteció el miércoles por la mañana al ingresar a Luján. Tras coordinar con el personal de seguridad del templo, una patrulla escoltó a los paisanos hasta las puertas de la Basílica. A pocos metros de la entrada, una repostera local les obsequió cuatro tortas caseras y un transeúnte se detuvo en un semáforo para dejarles una donación para los viajeros.
En la plaza central, familiares y miembros de la comisión del Poncho Santafesino los recibieron con emoción para celebrar la bendición de la prenda ante la Patrona Nacional.
“Estamos excesivamente agradecidos porque nos fue bien y no tuvimos ningún inconveniente. Cumplimos lo proyectado, los caballos llegaron sanos y regresamos con la satisfacción del deber cumplido”, concluyó Leonel Tardini.








