Una técnica argentina ayudó a recuperar la piel propia de un paciente después de quemaduras severas
Un equipo del Hospital Italiano de Buenos Aires desarrolló un método que permite regenerar piel utilizando células del propio paciente, reduciendo riesgos y mejorando la recuperación funcional.
Cultivo autólogo dermo-epidérmico para autoinjerto,
El Hospital Italiano de Buenos Aires logró un avance destacado en bioingeniería de tejidos: desarrolló una técnica para cultivar piel a partir de células del propio paciente y aplicarla luego en zonas severamente quemadas o con heridas difíciles de cicatrizar.
Los primeros casos tratados, incluido un paciente con quemaduras extensas tras una explosión, muestran resultados funcionales y estéticos superiores a los de los tratamientos tradicionales.
Qué es la técnica y cómo funciona
La nueva técnica, denominada cultivo dermo-epidérmico autólogo para autoinjerto, consiste en tomar una pequeña muestra de piel sana del paciente y hacerla crecer en un laboratorio especializado para generar una lámina de tejido compatible con sus necesidades.
La recuperación del brazo del paciente quemado
El procedimiento se realiza en varias etapas:
Extracción de muestra: se obtiene un fragmento de piel de una zona con buena capacidad de cicatrización, normalmente de la región inguinal, bajo anestesia local.
Cultivo en laboratorio: la muestra se coloca sobre una base de plasma rico en plaquetas (PRP) del mismo paciente, lo que potencia la proliferación celular y sirve de “andamio” biológico para el crecimiento de nuevas células dérmicas y epidérmicas.
Autoinjerto: entre 10 y 17 días después, la piel cultivada se implanta sobre la herida y se protege con vendajes compresivos.
Cierre y cicatrización: en un rango de 30 a 120 días luego del autoinjerto, se completa la regeneración del tejido cutáneo, recuperando las capas perdidas tras la quemadura.
Este enfoque contrasta con tratamientos tradicionales que usan piel de donantes, materiales sintéticos o xenoinjertos (tejidos de origen animal), que pueden implicar mayor riesgo de rechazo inmunológico, infecciones o cicatrización subóptima.
Beneficios clínicos
Entre los principales beneficios observados con esta técnica figuran la mejor integración biológica del tejido, una mayor elasticidad en el área tratada y un riesgo reducido de rechazo, dado que el injerto proviene del propio organismo del paciente.
Según los especialistas del Hospital Italiano, en el primer caso tratado la piel regenerada alcanzó aproximadamente un 95% de elasticidad funcional, en comparación con un 75% típico de piel artificial en zonas afectadas por quemaduras graves.
Otra ventaja reside en la menor respuesta inmunitaria adversa, ya que no se introducen células o matrices extrañas al cuerpo. Esto también contribuye a reducir la probabilidad de infecciones y de complicaciones relacionadas con el rechazo del injerto.
Los expertos resaltan además que el empleo de plasma del propio paciente facilita una ambiente biológico natural para el crecimiento celular, lo que puede acelerar los tiempos de curación respecto de técnicas que usan sustancias sintéticas o componentes externos.
El primer paciente en recibir este tratamiento fue un hombre que sufrió quemaduras en alrededor del 60% de su cuerpo tras la explosión de una garrafa en la ciudad de Bahía Blanca. En este contexto de lesión extensa, la técnica permitió regenerar piel en un brazo utilizando tejido cultivado a partir de una pequeña muestra del propio paciente.
Los tratamientos convencionales para quemaduras graves suelen incluir la cobertura de las heridas con injertos de piel de donantes o con sustitutos dérmicos artificiales, opciones que pueden tener limitaciones en cuanto a compatibilidad biológica y resultados funcionales.
En algunos casos, los sustitutos sintéticos no proporcionan la elasticidad y la funcionalidad que exige una recuperación óptima, y pueden requerir múltiples intervenciones quirúrgicas o cuidados prolongados.
Además de las quemaduras severas, los desarrolladores del método señalan que esta técnica puede ampliar sus aplicaciones a heridas crónicas y úlceras de difícil cicatrización, ofreciendo una alternativa en escenarios clínicos complejos donde los métodos tradicionales han mostrado limitaciones.
Este avance deriva de más de ocho años de investigación y se apoya en la infraestructura del Hospital Italiano, que cuenta con laboratorios acreditados por entidades regulatorias como el INCUCAI y el Banco de Tejidos, lo que garantiza la trazabilidad y la seguridad del proceso.
La técnica también representa un paso relevante para la medicina regenerativa en Argentina, al consolidar un desarrollo local que puede competir con métodos de reconstrucción de tejidos empleados internacionalmente, pero con una mayor personalización y potencial accesibilidad al sistema de salud nacional.
Los equipos responsables del proyecto integran profesionales de distintas disciplinas —incluyendo dermatología, genética, medicina transfusional y cirugía plástica—, lo que refuerza la aproximación multidisciplinaria al tratamiento de quemaduras y heridas complejas.