El Gobierno nacional anunció la creación del Plan Nacional de Abordaje Integral de Salud Vascular 2026-2030, una estrategia que busca reducir las muertes prematuras, las enfermedades y las discapacidades asociadas a los problemas vasculares en Argentina. El ministro de Salud, Mario Lugones, presentó la iniciativa durante la apertura del Congreso Argentino de Cardiología, que comenzó este miércoles.
El Gobierno lanzó un plan nacional para reducir las muertes por infartos y ACV: qué medidas contempla
El ministro de Salud, Mario Lugones, anunció el Plan Nacional de Abordaje Integral de Salud Vascular 2026-2030. La iniciativa apunta a mejorar la prevención, la detección temprana y la atención de las emergencias cardiovasculares, además de fortalecer la coordinación entre Nación y las provincias.

La propuesta plantea una estrategia común para abordar las enfermedades que afectan al corazón y al cerebro, con acciones que abarcan desde la prevención de los factores de riesgo hasta la atención de urgencias, la rehabilitación y el seguimiento de los pacientes.
El anuncio se produce en un contexto en el que la mortalidad hospitalaria por infarto continúa siendo un desafío para el sistema sanitario argentino. Según datos difundidos por especialistas a partir de registros nacionales, entre 2015 y 2024 el 8,6% de los pacientes internados por el tipo más grave de infarto agudo de miocardio falleció durante la hospitalización.
La iniciativa oficial busca articular los recursos y programas existentes en el ámbito nacional y provincial para mejorar la respuesta sanitaria y reducir las consecuencias de estas enfermedades.

Qué medidas contempla el Plan Nacional
Uno de los principales ejes del programa será reforzar la prevención y el control de los factores de riesgo cardiovascular. Entre ellos se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y la enfermedad renal crónica, condiciones que pueden aumentar la probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).
La estrategia propone intervenir antes de que aparezcan las complicaciones, mediante la detección de los factores de riesgo y el acceso oportuno a controles y tratamientos. De esta manera, el objetivo es complementar la atención de las emergencias con medidas sostenidas para disminuir la incidencia de las enfermedades vasculares.
Otro componente será el desarrollo de redes para atender los episodios agudos. La coordinación entre los establecimientos de salud resulta clave cuando una persona presenta síntomas de infarto o ACV, porque los tiempos de diagnóstico, traslado y tratamiento pueden influir en su evolución.
El plan también incluye la continuidad de los cuidados después de la emergencia, con énfasis en la rehabilitación y el seguimiento a largo plazo. La atención posterior al evento busca reducir las secuelas, favorecer la recuperación y prevenir nuevos episodios.

Durante el anuncio, Lugones sostuvo que el abordaje sanitario debe dejar de considerar las enfermedades del corazón y del cerebro como problemas completamente separados. Según el planteo oficial, ambas requieren una respuesta coordinada que permita aprovechar los recursos disponibles y mejorar la atención en las distintas jurisdicciones.
La articulación federal será uno de los aspectos centrales de la iniciativa. La puesta en marcha de redes y protocolos comunes apunta a reducir las diferencias en la respuesta sanitaria entre regiones y establecimientos, aunque su alcance efectivo dependerá de la implementación de las medidas y de la coordinación entre los distintos niveles del sistema de salud.
El infarto será de notificación obligatoria y buscan mejorar los tiempos de atención
Otra de las medidas anunciadas por el ministro es la incorporación del infarto agudo de miocardio como evento de notificación obligatoria en el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0). El objetivo es contar con información sistematizada sobre los casos y mejorar la planificación de las políticas sanitarias.

La decisión se suma a la incorporación del accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca descompensada, anunciada en agosto. Estos registros permiten reunir información bajo criterios comunes y conocer con mayor precisión la situación epidemiológica en las distintas jurisdicciones.
Según explicó Lugones, la intención es integrar la atención del infarto a la herramienta Stroke App, utilizada para coordinar la respuesta ante los ACV. La propuesta apunta a contar con un sistema de coordinación para dos emergencias en las que el tiempo hasta recibir tratamiento puede ser determinante.
La importancia de esta medida se relaciona con las dificultades que persisten en la atención de los infartos. Los datos publicados por especialistas argentinos muestran que, aunque existen tratamientos eficaces para restablecer el flujo sanguíneo, las demoras pueden limitar sus beneficios.
Cuando se produce un infarto, una arteria coronaria queda obstruida y una parte del músculo cardíaco deja de recibir sangre y oxígeno. La rapidez con la que se restablece la circulación influye en el daño que sufre el corazón y en el pronóstico del paciente.

Por eso, la respuesta no depende solamente de la disponibilidad de procedimientos, como la angioplastia, sino también de que la persona consulte a tiempo, reciba un diagnóstico adecuado y pueda acceder al tratamiento indicado sin demoras evitables.
En ese escenario, el nuevo plan propone avanzar hacia una organización más coordinada de los servicios sanitarios, con prevención, atención de urgencias y seguimiento posterior. La meta es que las posibilidades de recibir asistencia oportuna no dependan exclusivamente del lugar donde se encuentre el paciente.
El Ministerio de Salud también puso el foco en la necesidad de trabajar sobre los hábitos y los factores de riesgo desde edades tempranas. La prevención, el control de enfermedades crónicas y el acceso a la atención médica forman parte de una estrategia que busca disminuir el impacto de las enfermedades cardiovasculares a largo plazo.
La implementación del Plan Nacional de Abordaje Integral de Salud Vascular 2026-2030 deberá traducir estos objetivos en acciones coordinadas entre Nación y las provincias. Su alcance dependerá de la organización de las redes de atención, la disponibilidad de recursos y la capacidad de evaluar los resultados a partir de información sanitaria confiable.








