En el Hospital de Rehabilitación Dr. Carlos Vera Candioti, de Santa Fe, la recuperación no se mide sólo en términos clínicos. Cada tratamiento busca que las personas vuelvan a ser dueñas de su vida cotidiana.
De no poder moverse a recuperar la vida: así es la rehabilitación en el Vera Candioti
Con un abordaje integral y sostenido, el efector público acompaña a pacientes que buscan volver a caminar, moverse y recuperar su independencia tras enfermedades o accidentes.

Más allá de lo físico
Personas que atravesaron accidentes, enfermedades neurológicas o internaciones prolongadas llegan al hospital con la esperanza de recuperar funciones que en muchos casos creían perdidas. Los tratamientos pueden durar meses o incluso años, y combinan modalidades ambulatorias e internación.
El trabajo se organiza de manera personalizada. Cada paciente tiene un equipo que articula distintas disciplinas —kinesiología, terapia ocupacional, fonoaudiología, psicología— para abordar la rehabilitación de forma integral.
“Cuando una persona pierde cierta función, hay profesionales que pueden trabajar lo específico. En ese proceso se busca la rehabilitación y luego se suman herramientas para la reinserción en la vida diaria”, explicó la kinesióloga María Belén Melchiori.
En los casos de internación, las terapias se desarrollan de lunes a viernes, en doble turno. La intensidad del tratamiento responde a la lógica de sostener la continuidad para que los avances, aunque sean pequeños, no se pierdan.
Desde la dirección del hospital, Pablo Benseñor destacó que el acompañamiento no se limita al plano físico. “Muchos pacientes pasan por internación y luego continúan en consultorio externo. En ese recorrido se genera un vínculo con el paciente y su familia que es clave para el tratamiento”, señaló.

Ese vínculo, muchas veces, es el sostén emocional necesario para atravesar momentos de frustración o desánimo. Porque la rehabilitación también implica aceptar nuevas condiciones, adaptarse y volver a construir la vida cotidiana.
En 2025, el hospital atendió a 2.584 pacientes adultos, 450 más que el año anterior, con un promedio de 21 atenciones por persona. A esto se suman los 669 pacientes menores de 16 años que fueron atendidos en el Centro Infantil de Rehabilitación.
Para las autoridades, estos datos no son solo estadísticas. Son la evidencia de una política pública que reconoce a la discapacidad como una prioridad en el sistema de salud.
Al servicio de la autonomía
El Taller de Ortesis y Prótesis, es uno de los sectores del hospital donde el trabajo adquiere otra dimensión. Allí, técnicos especializados diseñan y fabrican dispositivos a medida que permiten a los pacientes recuperar movilidad y autonomía.

Durante 2025, se elaboraron 276 ortesis de tobillo-pie y rodilla-tobillo-pie, 77 productos ortésicos —como férulas y estabilizadores—, 57 prótesis y más de 100 pares de plantillas para pacientes con diabetes.
“Trabajamos con pacientes internados, ambulatorios y también con personas que llegan desde otras localidades. Es un trabajo permanente”, explicó la técnica Miriam Noemí Silva.
El impacto de ese trabajo se ve en historias concretas. “Vemos llegar a pacientes sin poder movilizarse y después se van caminando, retomando su vida”, agregó.

Detrás de cada dispositivo hay un proceso complejo que combina conocimiento técnico, recursos materiales y seguimiento clínico. “Hay materiales costosos y una ingeniería presupuestaria importante para que el paciente pueda acceder a estos elementos”, explicó Benseñor.
Para quienes atraviesan una amputación, el camino hacia una prótesis es largo y exigente. Jésica Romero lo vive en primera persona. “Es un proceso complejo. Antes de llegar a la prótesis hay que entrenar el equilibrio, fortalecer el cuerpo y prepararse”, contó.
Ese entrenamiento se realiza en el hospital, con acompañamiento permanente. “Cuando estamos en condiciones, empieza el trabajo con el taller. Todo el equipo está atento, incluso en cuestiones como el vendaje, que es fundamental”, explicó.

Volver a empezar
Cada paciente tiene su historia. Y en cada historia, la rehabilitación ocupa un lugar distinto. Para algunos, es la posibilidad de volver a caminar. Para otros, de recuperar autonomía en tareas básicas.
Ana Paula Aguirre llegó al hospital con un diagnóstico de lupus que había afectado gravemente su movilidad. “Cuando llegué no me podía incorporar sola”, recordó.
El proceso fue progresivo, con avances que al principio parecían mínimos pero que, con el tiempo, marcaron una diferencia. “En un mes empecé a recuperar la movilidad y después a caminar”, contó.

No fue un camino fácil. Hubo momentos de desánimo y resistencia. “Al principio no tenía ganas de hacer actividades ni de venir”, admitió. Pero el acompañamiento del equipo resultó determinante.
“Si no hubiese pasado por este hospital, no estaría caminando. Me ayudaron desde lo físico y también desde lo emocional”, señaló.
Hoy, con el alta, su vida es otra. “Todo me costaba, pero lo que yo quería era poder manejarme sola. Y lo pude lograr”, dijo.
En ese objetivo —volver a ser autónomo— se sintetiza el sentido de la rehabilitación. No se trata solo de recuperar un movimiento, sino de reconstruir una vida.








