Una de las afecciones hormonales más frecuentes entre las mujeres en edad reproductiva podría comenzar a ser conocida con otro nombre.
El síndrome de ovario poliquístico ahora se llamará síndrome de ovario metabólico poliendócrino
El cambio de nombre responde a un intento de reflejar mejor la complejidad de una condición que no solo afecta la fertilidad, sino también la salud metabólica y mental.

El tradicional síndrome de ovario poliquístico (SOP) pasará a llamarse síndrome metabólico poliendocrino ovárico (SMPO), en un intento de reflejar mejor la complejidad de una condición que no solo afecta la fertilidad, sino también la salud metabólica y mental.
En una investigación publicada este martes es The Lancet, especialistas internacionales consideraron que el cambio de denominación podría ayudar a reducir el subdiagnóstico y mejorar el acceso a tratamientos adecuados para millones de pacientes en el mundo.
Qué es el SMPO y por qué preocupa a los médicos
El antiguo SOP fue históricamente asociado únicamente a la presencia de quistes en los ovarios. Sin embargo, expertos remarcan que muchas mujeres con la enfermedad ni siquiera presentan esos quistes, mientras que sí sufren otras alteraciones hormonales y metabólicas.
Entre los síntomas más comunes del SMPO se encuentran:
Ciclos menstruales irregulares.
Dificultades para quedar embarazada.
Acné persistente.
Caída del cabello.
Crecimiento excesivo de vello corporal.
Resistencia a la insulina.
Riesgo elevado de diabetes tipo 2.
Problemas cardiovasculares.
Ansiedad y depresión.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10% y el 13% de las mujeres en edad fértil padecen esta condición, aunque cerca del 70% desconoce que la tiene.
Por qué cambió el nombre del síndrome
La endocrinóloga australiana Helena Teede lideró el proceso internacional que impulsó el nuevo nombre. La especialista explicó que el término “ovario poliquístico” generaba confusión y llevaba a muchas pacientes a no recibir un diagnóstico correcto.
El nuevo concepto, síndrome metabólico poliendocrino ovárico (SMPO), busca poner el foco en los múltiples sistemas del cuerpo afectados por la enfermedad, especialmente el endocrino y el metabólico.
El cambio fue respaldado por decenas de organizaciones médicas y asociaciones de pacientes, además de investigadores que consideran que la condición requiere un abordaje integral y multidisciplinario.
Cómo impacta el SMPO en la salud femenina
Con el avance de las investigaciones, médicos y científicas descubrieron que el trastorno no solo altera la ovulación y la fertilidad, sino que también está relacionado con problemas metabólicos importantes.
La resistencia a la insulina es uno de los principales factores asociados al SMPO. Esto obliga al organismo a producir más insulina para mantener equilibrados los niveles de glucosa y puede derivar en diabetes tipo 2.
Además, estudios recientes vinculan la enfermedad con:
- Enfermedad hepática.
- Apnea del sueño.
- Trastornos alimentarios.
- Problemas de autoestima y salud mental.
- Mayor riesgo cardiovascular.
Para los especialistas, el reconocimiento de estos efectos podría impulsar mejores tratamientos y más investigaciones sobre salud femenina.
Cuáles son las señales de alerta
Los expertos recomiendan consultar con profesionales de la salud ante determinados síntomas persistentes. Uno de los principales indicadores es la irregularidad menstrual.
Tener menos de ocho menstruaciones al año o ciclos que superen los 40 días puede ser una señal de desequilibrio hormonal.
También es importante prestar atención a:
Dificultades para lograr un embarazo.
Aumento del vello corporal.
Acné severo.
Aumento de peso.
Fatiga frecuente.
Caída del cabello.
Los estudios médicos suelen incluir análisis hormonales y metabólicos para detectar resistencia a la insulina o niveles elevados de andrógenos.
Tratamientos y cambios en el estilo de vida
Actualmente, el tratamiento del SMPO se centra principalmente en controlar los síntomas y reducir los riesgos metabólicos.
Entre las estrategias más utilizadas se encuentran:
- Alimentación equilibrada.
- Actividad física regular.
- Descenso de peso corporal.
- Anticonceptivos hormonales para regular el ciclo menstrual.
- Medicamentos para la resistencia a la insulina.
- Tratamientos de fertilidad en mujeres que buscan concebir.
Especialistas destacan además la importancia de un seguimiento integral con ginecólogos, endocrinólogos, nutricionistas y profesionales de salud mental para abordar la enfermedad de forma personalizada.
Un cambio que podría mejorar el diagnóstico
Para médicos e investigadores, el nuevo nombre representa mucho más que una modificación técnica. La intención es visibilizar una enfermedad que durante años fue minimizada o malinterpretada.
También esperan que la nueva denominación contribuya a aumentar la inversión en investigaciones, mejorar la cobertura médica y generar mayor conciencia sobre una condición que afecta la calidad de vida de millones de mujeres en todo el mundo.








