Mauricio Alejandro Rodríguez fue condenado esta semana a la pena de 9 años de prisión por abusar sexualmente de su propia sobrina, el día que ella cumplía 18 años, en una vivienda de la zona rural de Clason (departamento Iriondo).

Él tiene hoy 40 años y se llama Mauricio Alejandro Rodríguez. El ataque ocurrió en octubre de 2019, en la zona rural de Clason, localidad del departamento Iriondo.

Mauricio Alejandro Rodríguez fue condenado esta semana a la pena de 9 años de prisión por abusar sexualmente de su propia sobrina, el día que ella cumplía 18 años, en una vivienda de la zona rural de Clason (departamento Iriondo).
La sentencia fue dictada por el juez Sebastián Szeifert, en un juicio oral que se realizó en los tribunales de la ciudad de Santa Fe.
En el proceso, el Ministerio Público de la Acusación (MPA) estuvo representado por la fiscal Luciana Escobar Cello, mientras que la familia se presentó como querellante con el asesoramiento de los abogados Carolina Walker Torres y Martín Pautasso. Ambas partes habían solicitado penas mayores, de 10 y de 15 años, respectivamente.
El ataque ocurrió el 9 de octubre de 2019. Ese día, la víctima cumplía 18 años y fue con su tío, con quien tenía una relación de confianza, hasta una casa de la zona rural de Clason para mudar algunos muebles.
Rodríguez sorprendió a la joven, la arrojó sobre la cama (que era de la madre de ella y hermana de él), se le tiró encima y la abusó sexualmente con acceso carnal, mientras le decía cosas desagradables que la víctima nunca va a olvidar.
La muchacha gritó, lloró, trató de resistirse, pero no tuvo oportunidad.
Recordó ella también que desde los 15 años, cada vez que viajaba al campo con su tío, sufría distintos tipos de abusos sexuales.
Las hermanas de la joven recordaron luego eventos similares cuando ellas se quedaban a dormir con su tío.
La víctima tuvo consecuencias “devastadoras”, según contaron los abogados de la querella. “Unos días después del abuso tomó pastillas porque se quería morir. Fue segregada de la familia, descreída por alguno de sus miembros – lo hemos visto aquí mismo en estos estrados -. De la incapacidad de vincularse, hasta de dejarse abrazar, de permitir el contacto físico”, relataron en los alegatos de clausura.
La querellante Carolina Walker Torres ya anticipó que estudiarán los fundamentos para luego apelar la sentencia, que no dejó conforme a la familia de la víctima.