Pasaron más de nueve años desde que las persianas de la agencia Maros Turismo de la ciudad de Santa Fe bajaron definitivamente, pero para quienes comparecieron este miércoles al juicio resulta difícil olvidar lo ocurrido aquel fatídico verano de 2017.
Maros Turismo: declararon las madres que perdieron los viajes de 15 años de sus hijas
Durante la segunda jornada del debate, tres nuevas víctimas relataron cómo perdieron el dinero destinado al pago de paquetes turísticos y describieron el impacto psicológico del fraude.

La tercera jornada del juicio por la Causa Maros Turismo se centró en los testimonios de tres mujeres que detallaron la mecánica de una estafa que, según la acusación, combinó el ocultamiento de una quiebra con una agresiva estrategia de ventas.
Frente a los jueces Celeste Minniti, Pablo Spekuljak y Pablo Busaniche, las testigos describieron la realización de múltiples pagos para acceder a viajes a Estados Unidos y a México. No pudieron hacer los viajes ni recuperaron el dinero.
Son juzgadas Marcela Arévalo, su madre Ana Felice, la empleada Lucila García y la idónea Ivana Álvarez Flores, quienes enfrentan pedidos de condena cuyas penas oscilan entre 6 y 9 años de prisión.

El bloque acusador sostiene que las imputadas captaron fondos de forma deliberada, incluso cuando la firma ya se encontraba en cesación de pagos, ocultando la presentación de un concurso preventivo en diciembre de 2016.
Las nuevas declaraciones aportaron una dimensión clave: el esfuerzo laboral detrás de cada pago. Desde una docente hasta una empleada que debió sumar un segundo trabajo para costear el viaje, las víctimas coincidieron en que el perjuicio no fue solo patrimonial, sino un "golpe emocional" que alteró la dinámica de sus familias.
Viajes de 15 cancelados
La primera declaración de la jornada fue la de una madre que contrató un viaje a Disney para su hija adolescente. La mujer detalló que realizó múltiples transferencias bancarias a una cuenta a nombre de Ana Felice, siguiendo las instrucciones de Arévalo. Pese a haber cumplido con los pagos y haber tramitado la documentación necesaria, el viaje nunca se concretó, dejando una huella imborrable.
“La ilusión no se recupera. Creo que no hay nada que pueda repararse”, sentenció la testigo ante los magistrados, subrayando que la estafa incluso desencadenó una separación familiar y un estado de desconfianza permanente en su hija.

En la misma sintonía, otra madre relató cómo planeó un viaje a México para celebrar los 15 años de su hija en julio de 2017. Según su testimonio, comenzó a pagar en marzo de 2016, combinando transferencias y entregas de efectivo en la oficina de la agencia.
Describió que, lejos de advertirle sobre problemas financieros, Arévalo la incentivaba a ampliar el presupuesto original para incluir destinos como Playa del Carmen y el Distrito Federal.
“Es un daño moral muy grande que va mucho más allá de lo económico. El dinero va y viene, pero el daño que me causó... no quisiera estar así emocionalmente quebrada”, expresó la docente jubilada, quien hoy afirma que continuar con el reclamo perdí sentido, ante la imposibilidad de conseguir un resarcimiento económico real.
En ambos casos, el dinero se perdió, y los viajes no pudieron concretarse.
Estafa emocional
A través de una videoconferencia, también declaró una mujer que había planeado un viaje a Cancún junto a amigos.
La testigo relató que, para costear el sueño, debió sumar un segundo empleo a su trabajo oficial y detalló haber realizado pagos con tarjetas de crédito en cuotas y entregas de dinero en efectivo, siendo atendida en distintas oportunidades por Arévalo, García y Miguel Correa (ya condenado en esta causa).

La víctima recordó con amargura cómo, en la última reunión previa a la supuesta partida -realizada en un club cercano a la agencia a mediados de diciembre de 2016-, los responsables le aseguraron que el viaje sería "inolvidable" y de "primer nivel". Cuando estalló el escándalo, un día antes de la fecha de partida a Cancún, se acercó a la agencia, pero no logró obtener respuestas.
“No solamente me estafaron económicamente, sino emocionalmente”, manifestó conmovida, y también describió el incordio que significó el largo proceso judicial que desencadenó en el juicio. Al cerrar su declaración, fue contundente sobre sus expectativas: “Quiero que de alguna forma esta gente tenga que pagar... que algo paguen por todo lo que nos jodieron”.








