Alguna vez el propio Delfino se lo comentó a los dirigentes de ese momento: “Hay que llegar bien a octubre”, por mencionar justamente el final del torneo, cuando se abren las puertas del Reducido. Lo dijo el año en que ascendió Aldosivi, que se metió de “colado” en el primer lugar y superó al mejor equipo de ese año, que había sido San Martín de Tucumán. Viniendo a este presente, Delfino tuvo que rearmar el equipo sobre lo que podía y tenía a disposición. Metió variantes a granel para ir a Mendoza, pasó lo mismo con Los Andes y también ahora con All Boys. Son las reglas de juego. Y a eso se tuvo que adaptar el técnico sabalero. Recuperó a Rasmussen, Peinipil y Toledo, pero perdió a Lago, Toledo, Franco García y el arquero titular, por más que Budiño no venía bien.
Colón hizo todo para perder pero lo salvaron dos polémicas
A All Boys le anularon dos goles que desataron un verdadero escándalo en el final del partido. La realidad es que Colón jugó muy mal, no pateó nunca al arco y no creó una sola situación de gol. El punto fue lo único para rescatar.

Con la pelota, lo de Colón en el primer tiempo fue ordinario, precario y con nada para rescatar. El doble cinco ni siquiera le funcionó, a Delfino, para recuperar la pelota o para equilibrar el trámite. A la pelota la tuvieron los volantes de All Boys, sobre todo Barrientos y Purita, que la manejaron a gusto y placer hasta tres cuartos de cancha. De allí en más, Colón tuvo orden defensivo y se aprovechó de la falta de claridad y profundidad del rival para mantener el 0 a 0, que fue lo mejor que le pasó en un primer tiempo totalmente deslucido.

¿Qué pasó del medio hacia arriba?, nada de nada. Sarmiento fue apretado por Tabares y cada vez que entró en juego la terminó perdiendo o regalando con un pase impreciso. Muñoz no entró en juego, Lértora poco y nada, en tanto que Risso Patrón tampoco pudo provocar algún desequilibrio. En consecuencia, Colón terminó jugando al pelotazo, pasando por arriba a los del medio y buscando a un Bonansea que no le pudo ganar nunca –siempre jugando de espaldas- a los dos centrales de All Boys.
Colón no creó una sola jugada de peligro en el primer tiempo. Ni siquiera hubo aproximaciones al arco de Carrizo. Menos mal que All Boys, en ese contexto, tampoco tuvo muchas luces a pesar de haber jugado mejor y solamente contó con un tiro libre, apenas empezado el encuentro, de Purita que se estrelló en el palo izquierdo de Tomás Giménez. Muy poco también, aunque en el balance de ese primer tiempo, al gasto del partido lo hizo el local, sobre todo a través de la zurda de Barrientos, que fue el mejor de todos en un primer tiempo deslucido.
Delfino quiso cambiar la historia cambiando los ocupantes de los costados y sumando un “tanque” más. Salieron Sarmiento (muy flojito) y Risso Patrón, entraron Conrado Ibarra y Garate. Marcioni pasó a jugar por derecha, Ibarra se abrió por izquierda, mantuvo el doble cinco y la idea fue tratar de abrir por afuera y meter los centros para los dos grandotes.
No cambió demasiado el trámite de un partido que jamás abandonó la chatura, la mediocridad y la ordinariez, salvo cuando la pelota pasaba por los pies de un Barrientos que no tenía compañía. Y esa orfandad la aprovechaba Colón, porque Giménez no tenía trabajo, salvo un par de remates de media distancia de fácil resolución.

La parte final fue colmada de polémicas. A All Boys le anularon dos goles a instancias del línea. Las jugadas fueron dudosas, más allá de que a simple vista parecieron –ambas- posiciones adelantadas. Pero la situación angustiante que vive All Boys abonó para que el final del partido sea escandaloso, con jugadores que se arremolinaron sobre el asistente para reclamarle por esas jugadas que le pudieron dar una victoria que All Boys mereció, un poco por lo que hizo y bastante por lo que le dejó hacer un Colón sin ideas, sin claridad, que apenas pudo aguantar en defensa a partir de lo que aportaron los integrantes de la línea de cuatro, donde, “rascando la olla”, se puede rescatar el sólido partido de un Rasmussen que terminó tomándose la zona de la nuca, a la altura de la cervical, que fue lo que lo dejó afuera del último partido.
Colón jugó decididamente mal y lo mejor que se lleva de Floresta fue el resultado. El 0 a 0 fue un premio para Colón, que no pateó nunca al arco. Colón no solo que no pateó nunca al arco, sino que no creó una sola jugada de peligro para Carrizo. Una pobreza absoluta, una falta de manejo de la pelota que se prolongó durante los 90 minutos del partido y que no se modificó con los cambios que experimentó el técnico en el entretiempo ni tampoco con los aportes posteriores de Antonio o de Beltrán (Pier Barrios también entró por Olmedo, que se fue con una molestia física).
Solamente hay que rescatar el punto polémico que Colón se llevó en un partido en el que se dedicó solamente a aguantar. Lucas Ripoli, el asistente 2, levantó la bandera en dos oportunidades y esa fue una de las razones por las que Colón no perdió el partido. En la acumulación de merecimientos, All Boys mereció llevarse todo. Un poco por lo que hizo, otro por los fallos arbitrales y otro tanto por lo que no hizo Colón.









