Colón llegaba con una deuda grande a este partido y con muchas incógnitas. El desequilibrio de la producción futbolística y de resultados del equipo, se hizo muy evidente entre lo que produce como local y lo que muestra como visitante. Pero lo que estaba bajo la lupa fue la actitud. Se puede jugar bien, regular o mal, pero lo que no se puede negociar nunca es la entrega. Y Colón salió con personalidad a jugar el partido, algo que se vio reflejado en el primer tiempo. Le faltó hacer pie en el momento que tuvo Los Andes, empujándolo con el fervor de su gente en los primeros 15 minutos del segundo tiempo y llevándoselo por delante. Fue un ratito, pero allí llegó el gol del empate que luego no se pudo modificar, cerrándole mucho más el empate a Los Andes que a la visita.
Colón y una deuda que pagó pese a que no lo pudo ganar
El primer tiempo fue casi todo de Colón, se puso en ventaja con un golazo de Sarmiento y una ráfaga del local en el inicio del segundo tiempo le dio la chance del empate. Colón hizo un poquito más y mejoró la actitud de visitante.


Desde el primer minuto se vio el cambio de imagen en Colón. Se instaló en el campo rival, presionó, recuperó rápidamente la pelota, no lo dejó armar a Los Andes y dejó aislados a los más adelantados del rival. Con Lago convertido en una pesadilla para Sandoval y el resto de los que intentaban frenarlo, con Sarmiento tratando de armar el tándem ofensivo con Peinipil por derecha, más la movilidad de Antonio jugando delante de los dos volantes más retrasados (Toledo y Olmedo), Colón se hizo dueño enseguida del partido.
Antes del golazo de Sarmiento (excelente diagonal desde la derecha hacia el medio para meter un remate estupendo que se le coló por el segundo palo al grandote de López), Colón había tenido un preaviso de que algo bueno estaba por ocurrir. Fue por aquel remate de Lago que alcanzó a manotear el arquero primero y pegó en el travesaño después.
Colón empezó bien el partido, pero a partir de los 20 minutos se hizo dueño casi total. Por momentos, hubo un solo equipo en la cancha. Y fue Colón. Sin llenarse de situaciones de peligro, pero siempre manejando los tiempos y la pelota, sin dejar que Los Andes se pueda armar y, mucho menos, atacarlo. La única del local –que fue clara- se dio en una pelota que Colón perdió por derecha y llegó el centro pasado para la aparición sorpresiva de Sandoval, aprovechando que toda la defensa de Colón se había corrido hacia el medio y la derecha, para rematar por encima del travesaño desde una muy buena posición. Fue la única, que no alcanzó de ninguna manera para modificar el concepto general.
Colón lo iba ganando por actitud, por fútbol, por orden y solidez y también porque apareció Sarmiento para convertir un golazo que le dio la ventaja merecida al equipo de Medrán, mejorado en la imagen criticable de la mayoría de los partidos que había jugado como visitante.
La reacción de Los Andes no se hizo esperar en el arranque del complemento, aunque Colón esperó agazapado la posibilidad del contragolpe. Por esa vía estuvo a punto de convertir el segundo, fue en una jugada de Bonansea por derecha, la habilitación a un rapidísimo Antonio al que se le acabaron las ideas adentro del área, tocando hacia atrás para Lago y su remate, a colocar, salió rozando el poste izquierdo. Sin embargo, aquella reacción de Los Andes tuvo su premio –inmerecido a esa altura- con un centro atrás que capitalizó Villarreal para “ajusticiar” a Budiño cuando ni siquiera se habían cumplido 10 minutos de la parte final.
Ese mejoramiento del rival y el gol del empate hizo que Medrán no demore los primeros cambios. Tiró a Lértora y a Marcioni, los dos grandes ausentes en la formación titular, en reemplazo de Toledo y de Sarmiento, que ya había cumplido con su aporte al equipo con el golazo que marcó en el primer tiempo.
El partido estaba para cualquiera. Medrán le dio la chance a Cano, en el lugar de Antonio, lo cual denunció la intención de ir por todo. Y Marcioni, por derecha, marcaba diferencias de velocidad y hasta lo obligó a Grance, su marcador, a cometerle un par de infracciones que terminaron con la amarilla (por eso el técnico lo sacó). Era el lugar por el que Colón debía insistir por atacar al local.

El empate le terminó cerrando más a Los Andes que a Colón. Esa ráfaga inicial del segundo tiempo le dio la chance al local de igualar un partido que se le había presentado desfavorable en el primer tiempo y que, por momentos, lo padeció. Colón lo ganaba con justicia al término de esa etapa, pero un ratito de empuje por parte de Los Andes, que pareció haber cambiado todo el equipo y no una sola modificación, en el arranque del complemento, le dio la posibilidad de llegar a un empate que lo deja más conforme al local que a Colón.
De todos modos, había una deuda que pagar y una obligación que cumplir. Colón venía defeccionando como visitante. Ni siquiera el triunfo y el buen segundo tiempo con Patronato ayudaba para paliar la muy mala impresión que había dejado el equipo en los partidos con San Telmo y Morón. Colón se había convertido en un equipo muy poco confiable cuando le tocaba salir del Centenario y este partido mostró una imagen distinta. Fue más convincente, con una actitud distinta, asumiendo el protagonismo de un partido que no era fácil y frente a un equipo que se hace fuerte como local. Le faltó aguantar el momento de empuje y lucidez de Los Andes.








