Si algo se le recriminó a Unión después del último 2-0 ante Riestra en el 15 de Abril fue, una vez más, esa falta de contundencia en proporción a la cantidad de llegadas y situaciones de gol que el equipo de Madelón genera. Entonces, este sábado en La Plata, aplicó la anti-receta: estuvo 35 minutos lejos del arcos de Muslera pero la primera vez que llegó con ganas de algo, el “Chelo” Marcelo Estigarribia (tenía razón el DT que le podía hacer bien el gol de penal que le cedió Tarragona) la mandá al gol de cabeza. Si se levanta Zubeldía, los echa a todos, aunque sean suplentes: un “9” saltando solo y sin marcas, más allá del lindo centro de Palacios.
Unión hizo un gol para ganar y todo lo otro para perder: 1-2
Estudiantes cambió diez jugadores de campo, repitió solamente a Muslera, puso suplentes y lo ganó de arrebatada en La Plata. Otro preocupante paso atrás en condición de visitante.

Hasta allí no es que no había pasada nada, en realidad había sido menos Unión, empujado por diez jugadores distintos que los que habían jugado la Copa Libertadores en Medellín.
Entonces ahí, en esos diez minutos finales de la primera etapa, Unión decidió vestirse de Unión: se lo perdió Tarragona, probó Mateo de lejos y hasta el mismo Maizon pudo marcar el segundo.
En esa primera media hora se vio un Unión que, sin justificarlo, respetó demasiado a los suplentes de Estudiantes por más que el partido se jugaba en La Plata. Se puede afirmar que, sin dudas, la ausencia de Vargas por derecha desarmó una pequeña sociedad (Paz es más lo que defiende que lo que ataca), pero tampoco las otras individualidades aparecieron. Incluso, antes del gol del “Chelo”, Mansilla tapó un mano a mano y Del Blanco vio la tarjeta amarilla.
Cuando Madelón cambió y rotó a los extremos de lado, el mediocampo del Tate pareció despertar: empezó a jugar y dejó de esperar como en esa media hora inicia en la ciudad de las diagonales.
Así, gracias a un descuido navideño de Estudiantes, Unión se fue al descanso ganando en un territorio casi siempre complicado: perdió con el “Pincha” 12 de los últimos 14 en UNO.
Volvieron del descanso y Unión pareció estar mejor con ese golpe del gol de Estigarribia. Lo empezó a lastimar al “Pincha” con pelotas cruzadas: le quedó una limpia a Palacios. Estudiantes no reaccionaba y el “Cacique” mandó los primeros cambios.
Hasta que a los 13 minutos apareció Brian Aguirre, lo complicó en el pie a pie a Paz, no cubrieron bien los centrales y tampoco llegó Del Blanco a defender: Fabricio Pérez, con el botín abierto, metió el derechazo que fue imposible para Mansilla. Más allá de la velocidad y el gesto técnico del pibito “Pincharrata”, sorprendió la nula resistencia de Paz en la marca: no hizo nada.
A los pocos minutos de esa jugada, pidió el cambió e ingresó Emiliano Álvarez para jugar de lateral derecho: Unión seguía sin reaccionar después del impensado gol de Estudiantes cuando no pasaba nada.
Hasta que apareció el “Mini” con un par de pinceladas para hacer las veces de despertador. En la mejor de todas, amagó a patear, la acarició para Palacios y el remate del todo-campista se fue besando el caño de un Muslera que nada podía hacer (había quedado a mitad de camino con el intento de achique). No fue gol por un pelito.
Pisando la media hora, Madelón mandó a la cancha al experimentado Solari por un Cuello que esta vez fue intrascendente y encima fue insólitamente amonestado por Falcón Pérez.
Como cada vez que Unión cambia, casi nunca encuentra respuestas desde el banco, pero tampoco cambia su táctica o su estrategia. A los partidos los gana y los pierde de la misma manera.
Si el cambio de Solari no cambió nada, ¿qué decir de los ingresos de Palavecino y el otro Pitton cuando casi no quedaba tiempo? (menos mal que adicionaron cinco porque no hubieran jugado ni diez minutos).
Y en ese final, se lo llevó Estudiantes porque lo fue a ganar contra un Unión que miró lo que pasaba. A los dos cabezazos sin oposición adentro de su propia área, esta vez le agregaron un taco, miradas múltiples y fierrazo con Mansilla sin salir en la foto.
Unión, que hizo un gol para ganar, después hizo todo lo otro para perder. En media hora, el “Pincha” le clavó dos goles y le arrebató el partido. Fallaron los jugadores y falló Madelón. Pero, como plus más preocupante esta vez, además de volver a regalarse de visitante como pasó en Florencio Varela, a Unión le falló el corazón. Era para ganarlo, pero nunca se dio cuenta ni se decidió a ir por más. Tanto, que lo terminó perdiendo.








