Fue un partido que se tuvo que trabajar mucho y una victoria que se defendió con amor propio y con un físico desgastado. Tarragona y Del Blanco le dieron el triunfo con sendas asistencias de Palacios. Gran momento del equipo de Leo, desafiando, por ejemplo, la prematura salida de un valor clave en defensa como Maizon Rodríguez.
La imagen del final demostró la unión del equipo: Estigarribia lamentándose de la oportunidad fallada y el equipo animándolo tras la victoria lograda. Foto: Facundo Luque.
Mucho amor propio, convicción, poder de lucha y eficacia. Eso fue Unión, en una semana a pura victoria, quizás como nunca en su historia. Habría que hurgar en las estadísticas para encontrar tres victorias en siete días. Tres seguidas, puede ser. En tan pocos días, es dudoso. Y Unión lo logró en un partido que tuvo que trabajarlo más que jugarlo, que costó mucho desde lo físico y que estuvo en riesgo en el final, más allá de que Estigarribia – que está negado con el gol – tuvo una ocasión demasiado clara para que un delantero no pueda aprovecharla.
No pasaba nada. Lo único trascendente que tenía el partido era que en pocos minutos los dos tuvieron que hacer cambios. En Unión tuvo que salir Maizon Rodríguez con un problema en uno de sus tobillos (entró Fascendini) y en Instituto, Jhon Córdoba (entró un movedizo Raffaelli). Eso era lo más atractivo de un partido cortado, sin situaciones de peligro frente a los arcos, embarullado en la mitad de la cancha, con muy poca claridad por parte de los dos.
El 0 a 0 estaba bien en todo sentido. Primero, porque no se sacaban ventajas (a pesar de que Unión lo controlaba a Instituto); y segundo, porque ni siquiera había situaciones merecedoras de quebrar esa paridad sin goles. Hasta que a los 42 minutos, Unión aprovechó esos “detalles” que tanto mencionan los técnicos cuando ocurren estas cosas. Estigarribia se encontró con la pelota en la salida de Instituto, abrió hacia la izquierda con un rival mal parado, apareció Palacios por ese costado (intercambió posiciones promediando el primer tiempo con Cuello) y con el empeine le puso una pelota estupenda en la cabeza a Tarragona, que otra vez no perdonó.
Tarragona de palomita para poner el 1 a 0 transitorio. Gran momento del delantero tatengue. Foto: Facundo Luque.
“Clink, caja”, hizo Unión. Aprovechamiento total e integral de las situaciones. Antes de eso, apenas un cabezazo de Fascendini en un córner desde la izquierda, que se fue por encima del travesaño. Punto y aparte. Y lo mismo por el lado de Instituto, cuando Fonseca no pudo entrarle a un centro desde la derecha y el balón cruzó todo el arco del seguro Mansilla.
El partido fue extremadamente parejo, por eso el empate se ajustaba a ese cuadro de situación. Pero este Unión que, por ejemplo, había creado una cantidad innumerable de situaciones ante San Lorenzo y pecó de ineficaz, en este partido cambió rotundamente el concepto: muy pocas situaciones de gol y aprovechamiento total de la única clara que tuvo en ese primer tiempo, para retirarse al descanso con el resultado favorable.
Video: el gol de Tarragona
Orden defensivo (otra vez un buen trabajo de Ludueña), algunos inconvenientes por el sector de Del Blanco, pero no por un problema individual del lateral sino porque aparecía Ceratto por sorpresa y se juntaba bien con Raffaelli. Desde allí llovían centros, lo único que pudo crear como peligro un Instituto que se fue silbado al cabo del primer tiempo, algo raro teniendo en cuenta que con Diego Flores había remontado (en fútbol y resultados) desde que el “traductor” se hizo cargo del equipo.
Julián Palacios, pieza clave en el rendimiento del equipo: dio las dos asistencias de los goles. Foto: Facundo Luque.
Si algo le podía venir bien a Instituto, era empatar el partido como lo hizo, enseguida y aprovechando también las facilidades que le dio la defensa de Unión en esa jugada puntual. No resolvió bien Ludueña en primer término, y luego, el centro pasado fue capitalizado por Raffaelli para anticiparse a Del Blanco y desde adentro del área chica, someter a Mansilla. 1 a 1, algo que no dejaba de ajustarse a lo que fue el trámite parejo del partido hasta ese momento.
Sin embargo, Del Blanco fue a paliar su déficit y a “hacer justicia por mano propia”. Recibió la pelota y avanzó con decisión, tocó para Palacios (otra vez un buen partido y participante de los goles de Unión), quien devolvió la pelota para el ingreso de Del Blanco por el callejón del “10”. El pibe tatengue metió un “bombazo” tremendo que se metió en el ángulo superior derecho de Roffo. Otra vez Unión arriba y 15 minutos iniciales del segundo tiempo muy buenos, a diferencia de la apatía de aquellos 45 del primero.
Video: el gol de Del Blanco
¿Qué era lo mejor en ese estado de cosas?, ¿seguir apostando al “palo y palo” o tratar de “trabajar” mejor el partido? Madelón puso a Augusto Solari y sacó a Palacios (lo mejorcito de Unión del medio hacia adelante), quizás con el objetivo de aquietar un poco el ritmo del partido y no seguir jugando de manera tan frontal.
A Madelón le quedaba una ventana y la chance de hacer tres cambios. A la media hora del segundo tiempo se inclinó por aprovechar uno solo. Entró Bruno Pittón por un Cuello que pidió el cambio. Así, el equipo quedó parado en el medio con Solari por derecha y Del Blanco por izquierda (en el medio), más el doble cinco que se mantuvo hasta el final del encuentro y Bruno Pittón custodiando el sector izquierdo. Con semejante desgaste físico, al partido había que “trabajarlo” porque iba a ser difícil si resolvía correrlo.
A Estigarribia no se le está dando el gol, pero exige mucho desde lo físico, tal es la premisa de Madelón. Foto: Facundo Luque.
Sin embargo, en ese contexto en el que Unión aguantaba con sus despojos físicos los embates del rival, Unión tuvo una situación clarísima para convertir el tercero. Enorme jugada de Solari por derecha, pase al medio y Estigarribia, casi debajo del arco, envió la pelota por encima del travesaño.
Si hay algo que no se le puede reprochar a Unión es el amor propio, la entrega, la convicción que tiene este equipo. No jugó tan bien como ante Sarmiento. Más todavía, por momentos estuvo lejos de aquel nivel de 72 horas atrás, pero tuvo otros atributos. La eficacia ofensiva fue una de ellas. El poder de lucha fue otro. Y el aguante de jugadores que terminaron extenuados, desde lo físico, el corolario de tres puntos de oro.