Unión perdió un partido que no era para perder. Fue más (bastante más) que Independiente en el primer tiempo. No pudo sacar la ventaja que merecía por culpa de Rey y por un gol anulado por una posición adelantada milimétrica (y discutible con esta tecnología de segundo nivel que tenemos en el fútbol argentino). Y cuando se puso en ventaja con el gol de Estigarribia y lo tenía para ganarlo –y bien- se durmió e Independiente aprovechó un ratito de lucidez (de lo poquito de un equipo que reniega con la rica historia de ese club) para dar vuelta el resultado. Y a partir de allí, Unión fue pura voluntad sin ideas, sin profundidad y sin lucidez para evitar la caída.
Unión hizo difícil un partido que no lo era y encima le anularon un gol milimétrico
Hizo un aceptable primer tiempo, que le alcanzó para marcar un gol que anuló el VAR por mínimas referencias. Ya en el segundo, se puso en ventaja y cuando tenía todo para ganarlo, se “durmió en los laureles” y lo terminó regalando. Independiente, con muy poquito, se lo arrebató.


Todo el estadio insultando al presidente de la Afa, “Chiqui” Tapia, cuando terminó el primer tiempo. En la última jugada, Unión pudo establecer estricta justicia en el resultado. Córner desde la izquierda, Ayala metió la pelota en el área, cabezazo de Ludueña y Mosqueira, de espaldas, envió la pelota al fondo del arco. ¡Tres minutos estuvieron para ver si era o no posición adelantada! Buscaron “el pelo al huevo” para anularle el gol a Unión. Pero antes, un codazo de Godoy apenas mereció la tarjeta amarilla, justamente en perjuicio de Tarragona, que se encargó de remarcarle a Lobo Medina lo que a él le ocurrió en el partido con Instituto (cuando fue expulsado, casi en el mismo lugar de la cancha). En fin, la reacción de la gente no se hizo esperar, en el marco de un primer tiempo en el que solamente hubo un equipo en la cancha. Y ese equipo fue Unión.

Es cierto que si el primer tiempo terminó empatado en cero, fue también porque Unión no estuvo, esta vez, tan fino para la definición. Tuvo un mano a mano (el de Cuello que tapó Rey después de un gran pase de Menossi) y un cabezazo de Tarragona que salió rozando el poste izquierdo de Rey.
¿Independiente?, nada. Un equipo que arriesga saliendo desde atrás, cosa que Unión supo desde el comienzo mismo del partido y fue a presionarlo hasta casi adentro del área cuando había un saque de arco. Y le quitó casi siempre la pelota en su propio terreno. Interesante partido de los dos volantes laterales (Palacios y Cuello), salida clara desde el fondo y manejo apropiado del balón por parte de los dos volantes centrales, que se alternaban en la búsqueda de la pelota. Pintado se proyectó más que Ayala, porque por su costado (el sector derecho del ataque de Independiente), se volcó el zurdo Montiel, uno de los pocos en Independiente que le trató de dar algo de calidad al manejo del balón.
Unión dominó el partido, no sufrió en defensa y se hizo cargo de la iniciativa. Solo le faltó el gol para cristalizar, en el resultado, ese mejor trabajo. Jadson Viera tuvo que sacar a los dos delanteros en el primer tiempo (salieron Avila y Palais, entraron Morales y Abaldo), más la entrada de Martino por Zabala en el entretiempo, quizás advirtiendo que por el costado derecho (con Palacios y la subida constante de Pintado), Unión le generaba problemas.
Y tuvo que ser en otra jugada de pelota quieta, que Unión llegó al gol justiciero pero que duró poco. Córner desde la derecha, cabezazo al segundo palo y la aparición de Marcelo Estigarribia, el que venía padeciendo una fuerte sequía, dándole la derecha a Madelón, que lo bancó, lo puso y le respondió con el gol que puso al Tate arriba en el resultado, algo que debió haberse dado en el primer tiempo, pero que apareció cuando apenas se jugaba un puñado de minutos del complemento.

Duró poco la alegría. Por el costado derecho, Godoy (¿estaba jugando de regalo?), metió el centro al segundo palo y apareció Montiel para meter el cabezazo en el segundo palo, empatando el partido en la primera jugada de peligro generada hasta ese momento. Otra vez, la injusticia instalada en el 15 de Abril, aunque Unión sintió el impacto, se “pinchó” y allí apareció Maximiliano Meza (que empezó a entrar en juego en el segundo tiempo) para armar una jugada fenomenal, dejando en el camino a Mosqueira, amagando frente a otros rivales y colocando la pelota junto al poste derecho de Mansilla. Si el 1 a 1 era injusto, ¿qué se puede decir del 1-2 a favor de Independiente?

Madelón no hizo esperar los cambios. Salieron Mosqueira y Cuello, entraron Malcorra (que sorpresivamente se había quedado afuera de los titulares) y Luna Diale. El 4-4-2 no se modificó. Luna Diale pasó a jugar por izquierda y Malcorra se paró de doble cinco junto a Menossi para tratar de sacar a Unión en la insólita confusión en la que entró cuando Estigarribia marcó el 1 a 0 parcial.
Dos llegadas y dos goles de Independiente. A partir de allí, Unión empezó a jugar contra los minutos, su propia desesperación, faltas reiteradas de los jugadores rivales (se llenaron de amarillas) y las dificultades para crearle jugadas de real peligro a Rey. Madelón optó por el ingreso de Eric Ramírez por Estigarribia, otro cambio reiterado, para tratar de perforar a una defensa rival que se ordenó correctamente en el segundo tiempo frente a un Unión que empezó a desesperarse con el avance de esa parte final, cuando Madelón tiró a la cancha los últimos cambios: Bruno Pittón y Aguirre por Ayala y Palacios.

Unión terminó desperdiciando todo: el partido y el resultado. El partido, porque se le presentó muy favorable en el primer tiempo; el resultado, porque Independiente lo ganó porque aprovechó un momento de increíble e inexplicable confusión después de ponerse 1 a 0 adelante. Unión perdió un partido que no era para perder. Ni más ni menos.








