Como la canción de Los Beatles, una de las tantas que se inmortalizaron en plena beatlemanía, Unión vivió su propio “anochecer de un día agitado”. Es que hubo que destrabar una situación bancaria que complicó la semana con el plantel. Y se pudo conseguir a tiempo para que nada perturbe a un plantel que buscaba saldar la deuda que dejó con su público aquella noche de Central Córdoba (cuando los santiagueños dieron vuelta un resultado que era favorable) y, sobre todo, la pésima actuación en cancha de San Lorenzo, ante un rival que solamente corriendo y metiendo le pudo ganar.
Unión, la goleada y el festejo en el “anochecer de un día agitado”
El equipo fue práctico, contundente y sólido. A Tarragona, goleador del año en el fútbol argentino, se le abrió el arco; Malcorra mostró toda su jerarquía desde que entró y la defensa (en realidad, el equipo) jugó el mejor partido. ¿Vendrá alguien por Vargas?

La solución llegó también para que se pudiera disfrutar un día que no pasó desapercibido para el hincha tatengue, pues los memoriosos de las estadísticas recordaron el 2 a 0 en el clásico que se jugó en cancha de Colón (el de los goles de Montero y Rosales), cuando el clásico volvió a tener vida en Santa Fe después del ascenso tatengue.
Como si todo esto fuera poco, enfrente estaba el equipo de mejor racha en la Liga y convertido en la sorpresa del torneo. La foja de servicios inmediata de Sarmiento marcaba que llegaba al partido con cuatro victorias consecutivas y siendo el equipo más goleador del torneo. Unión lo supo abrir cuando no pasaba nada con otro golazo desde afuera del área (un detalle distintivo de este equipo en un fútbol en el que se patea poco desde lejos) y luego tuvo una gran contundencia, aprovechando el gran partido de Tarragona (figura excluyente), lo bien que entró Malcorra (el que le sigue en la escala de méritos con un lindo gol y una asistencia) y la picardía de Eric Ramírez para robar una pelota y definir muy bien ante la salida del arquero.

Pero además, Unión tuvo otra virtud que tranquiliza: el buen trabajo defensivo, empezando por Mansilla. Atajó bien, transmitió seguridad, se lo vio confiado y seguro y todo eso se prolongó en una línea de cuatro con muy pocas fisuras (apenas alterada por la movilidad de Mavilla). Y como si esto fuera poco, el nivel de entendimiento que vienen encontrando Menossi y Giaccone (otra vez de buen trabajo) y la buena noticia que brindó Madelón después del partido, cuando señaló que Mosqueira “va evolucionando muy favorablemente, su recuperación demandará menos tiempo y quizás en un par de partidos lo tendremos con nosotros otra vez”.
Esto también ha llevado a un cambio de opinión en cuanto al cupo presentado por Lautaro Vargas (sería operado el 7 de setiembre y ahí sí, su recuperación demandará hasta el año que viene). Hace una semana, se apuntaba a un volante interno (o sea un “5”). Ahora, Madelón no está tan seguro de sumar a alguien en ese lugar, como tampoco de incorporar a uno que llegue para jugar “de Vargas”, porque Pintado anda bien y el técnico tiene a Fazzi (y eventualmente a Rocha, que es más central que lateral) para cubrir ese lugar y hasta habló de la repesca de Rubio, el lateral que llegó de River y que ahora está en Delfín de Ecuador.
Conclusión: Unión tiene tiempo hasta el miércoles y cualquier cosa puede pasar. Desde que se sume un futbolista (aunque no se podría asegurar en qué posición y mucho menos si hay un nombre que el técnico pretenda) o que, directamente, Madelón se arregle con lo que tiene.

Se le abrió el arco a Tarragona (es el máximo artillero del año en el fútbol argentino y está por detrás de Modica en este torneo), falta que tome ritmo Estigarribia (es al que más le está costando aunque casi mete un golazo de media cancha el viernes), Eric Ramírez muestra cosas cuando entra (y hasta un gol), Giaccone y Ayala están bien, mientras que hay otros chicos en los que Madelón confía (caso Misael Aguirre) para que puedan explotar cuánto antes.
Madelón tiene la piel curtida y no en vano lleva años en el fútbol. El sabe, mejor que nadie, que a las presiones generales del fútbol argentino, hay que agregarle las particulares de un Unión al que la gente quiere ver peleando arriba. Clasificar para el Reducido y entrar en la Sudamericana (tarea que no es sencilla), son los objetivos naturales, los de mínima. El viernes, por lo pronto, era necesario reconciliarse con la gente. Palabras exactas del entrenador para definir el cuadro de situación a las 19, cuando sonó por primera vez el silbato de Echavarría. Consolidado y conseguido unos minutos antes de las 21, cuando el pueblo tatengue se fue festejando una goleada.









