Fue todo de Talleres casi desde el comienzo del partido. Y lo “mejor” que le pasó a Unión, fue irse al descanso con apenas la mínima diferencia en contra. Porque Talleres dominó a voluntad, porque los volantes jugaron con una comodidad total, porque se marcó de lejos, sin presión, y porque los marcadores de punta fueron continuamente superados: Ayala por Rick y Pintado por De Pietri.
Unión fue una sombra, regaló un tiempo y un gol
Talleres lo dominó a voluntad en el primer tiempo y cuando Unión, sin jugar nunca bien, al menos parecía emparejar el trámite, llegó la falla garrafal de Ludueña que posibilitó el segundo del local, que ganó sin discusiones y con claridad, más allá del descuento en el final de Eric Ramírez.

Unión apenas tuvo una situación al comienzo, en una jugada rara que generó la airada protesta de Malcorra. Lo que llamó la atención fue que el “10” (y capitán en reemplazo de Tarragona), había dejado en el camino a Unsaín y tenía el arco disponible, pero se terminó cayendo y el árbitro no dudó (ni tampoco fue llamado por el VAR), por lo que se diluyó cualquier esperanza de que se cobre el supuesto penal. Y punto.
Desde ese momento en adelante (o sea casi todo el primer tiempo), la superioridad de Talleres fue total. Desaparecido Unión, sometido por un rival que lo complicó demasiado, que lo presionó y no lo dejó jugar, cosa que sí ocurrió a la inversa, porque la pasividad que tuvo el equipo para “molestar”, aunque más no sea, el juego de un Talleres que se puso en ventaja con un golazo desde afuera del área del uruguayo Alvarez que puso justicia.
Si el partido hubiese terminado, en esa primera parte donde hubo un solo equipo en la cancha, 2 o 3 a 0 a favor de Talleres, no habría estado del todo mal. Unión, que juntó cinco volantes, lo que menos hizo fue tener la pelota. Pero al margen de eso, tampoco hizo algo para que Talleres no la maneje con la tranquilidad y soltura conque lo hizo en todo el primer tiempo. Flojísimo primer tiempo de la dupla Giaccone-Menossi y sin juego ni peligrosidad del medio hacia arriba.

Había que cambiar totalmente de postura para jugar el segundo tiempo. Plantear el partido más arriba, pero sobre todo había que ganar en confianza para entrar a jugar con más resolución el partido y abandonar la postura increíblemente pasiva de ese primer tiempo que generó tanta preocupación en esos primeros 45 minutos olvidables del equipo de Madelón.
Después de una jugada en la que Menossi primero y Estigarribia después lograron darle algo de trabajo por primera vez en el partido, Madelón metió a Luna Diale y a Eric Ramírez por Giaccone y Palacios. Se paró Malcorra como doble cinco junto a Menossi, con Cuello y Luna Diale por afuera y dos puntas para tratar de cambiar una historia que había sido muy negativa en el primer tiempo.
Es cierto que ya no era lo mismo que en el primer tiempo. Y eso fue lo que vio Madelón, cuando ordenó el ingreso de Misael Aguirre por un Cuello que había cometido algunos errores con la pelota y no le daba el recorrido adecuado al equipo por el costado. De todos modos, ese dominio de Talleres que fue tan pronunciado en el primer tiempo, se había convertido en un partido más parejo y con un Unión que, sin jugar bien, al menos le arrimaba peligro a un Unsaín que no tuvo intervenciones en el primer tiempo y que comenzó a trabajar en el complemento.
Sobre la media hora, cuando el equipo de Madelón trataba de llegar al empate, sin mucha profundidad ni claridad, llegó un error de Ludueña que capitalizó Valoyes, recientemente ingresado, para colocar la pelota para Depietri, que ingresó solo con una defensa totalmente descolocada, para dejar parado a Mansilla y convertir un 2 a 0 que parecía letal y decisivo a esa altura del encuentro.
La reacción -leve pero reacción al fin- de Unión, se esfumó rápidamente. Ya el resultado estaba más a tono con lo que estaba pasando en el campo de juego, por más que el trámite no era de sometimiento y dominio, como ocurrió en un primer tiempo en el que hubo un solo equipo.
Rendimientos individuales muy bajos, nada para rescatar en lo colectivo, regalos (como el segundo gol) y un rival que lo superó con total claridad. Unión fue una sombra, no encontró nunca el partido, apenas pareció pelearlo un poco en el segundo tiempo pero le duró poco. Solo el centro de Bruno Pittón y el cabezazo de Eric Ramírez para ponerle un poco de pimienta al final. Más para la estadística que para otra cosa.








