Crece la preocupación de vecinos de Colastiné Norte por la acumulación de basura
El problema crece día a día, con basura en las calles de arena. Los vecinos reclaman a la Municipalidad una solución. Se quejan del servicio de la empresa encargada.
Una postal que se repite en la mayoría de las calles de Colastiné Norte. Flavio Raina.
Colastiné Norte comienza allí donde la ciudad de Santa Fe empieza a deshilacharse en agua. A pocos kilómetros del centro capitalino, en el inicio del distrito de La Costa, el asfalto deja lugar a la arena, la vegetación avanza sobre los bordes del camino y el paisaje se abre hacia los cursos del río Colastiné y los bañados de la laguna Setúbal. Entre islas, terraplenes y calles de arena se extiende un barrio con identidad propia: mezcla de pueblo ribereño, zona de quintas y área residencial que creció al ritmo de la expansión de la costa santafesina.
La vida cotidiana tiene aquí geografía de río. Las casas aparecen dispersas entre pinos, sauces y ceibos —entre otras especies—, algunas sobre tierras elevadas y otras sobre pilotes para resistir las crecidas. Conviven vecinos históricos, familias que llegaron cuando la zona era casi rural —antes de la construcción de las defensas en 1992—, y nuevos habitantes que eligieron el lugar en busca de tranquilidad y aire lejos del ruido urbano. Pero esa postal de naturaleza convive desde hace tiempo con problemas urbanos que se repiten y se acumulan.
El más visible es la basura
En distintos sectores comenzaron a aparecer montículos de residuos que crecen semana a semana: bolsas domiciliarias, restos de poda, escombros y ramas secas que se acumulan en esquinas, terrenos baldíos o a la vera de las calles. Algunos se transforman rápidamente en microbasurales; en otros casos los desechos terminan quemados, dejando manchas negras sobre la arena y un olor persistente en el aire húmedo de la costa.
Más de lo mismo, en las calles del distrito costero. Flavio Raina.
“Hace ocho años que estoy en Los Jazmines y Madreselva, y puedo asegurar que esta es la peor gestión: sin control, con basura por todas partes, desagües abandonados desde hace seis meses y calles llenas de pozos”, dice David.
La irregularidad en la recolección aparece como el reclamo más repetido. “Hace meses que tengo que reclamar para que pasen por mi calle y encima no pasan”, se queja Denise. Virginia, en tanto, asegura que el “desagüe de Los Algarrobos es una selva”.
Según los vecinos, hay jornadas en las que el camión no pasa y los residuos quedan acumulados durante horas o días. Cuando eso ocurre, el paisaje cambia rápido: los perros rompen las bolsas, el viento arrastra papeles y plásticos hacia las zanjas y todo termina desparramado sobre la arena.
La situación se repite en distintos puntos del barrio —Guinuanes, Charrúas, Corondaes, Canillitas, Los Jazmines, Los Eucaliptus, Mepenes, Las Talas, Guaraníes y Los Algarrobos, entre otras calles—. En total, los camiones deben recorrer unas 580 cuadras por mes para cubrir la zona, lo que representa cerca de 6.960 cuadras al año.
En algunos casos los focos de acumulación aparecen cerca de espacios sensibles, como escuelas o plazas, lo que genera preocupación por el impacto sanitario. La combinación de residuos, calor y humedad —advierten los vecinos— favorece la proliferación de insectos y los malos olores.
Uno de los puntos críticos es la plazoleta de Bohanes y Guinuanes. Otro se ubica detrás de la escuela Roca, donde conviven con un basural a cielo abierto que genera olores intensos y presencia permanente de moscas. “Traen basura de otros lados en carretillas y tiran bolsas, animales muertos y huesos grandes”, describe Jesús.
El Litoral ya se había hecho eco de este reclamo en reiteradas oportunidades. La última fue en enero, cuando desde la Vecinal Colastiné Norte volvieron a advertir sobre la proliferación de microbasurales, la falta de mantenimiento y deficiencias en los servicios tercerizados que presta el Municipio.
Las esquinas, microbasurales. Flavio Raina.
El planteo apunta al incumplimiento del pliego licitatorio que regula la recolección de podas, el desmalezado y la limpieza de basurales informales. A pesar de tratarse de un contrato millonario, aseguran que las tareas no se realizan según el cronograma previsto.
Claudia Bournissent, presidenta de la vecinal, explicó que desde 2024 los servicios están tercerizados y que, tras una nueva licitación, la empresa Alamco comenzó a operar en agosto de 2025. Sin embargo, sostiene que a menos de un año “no se está cumpliendo con lo pautado y no hay control por parte del Municipio”.
La dirigente recordó que en noviembre pasado mantuvieron una reunión con el intendente y funcionarios del área para plantear el problema. “Nos dijeron que iban a revisar el tema, pero hasta ahora no tuvimos ninguna respuesta concreta”, afirmó.
Ante la falta de soluciones, la institución presentó en enero un reclamo formal luego de agotar instancias informales como llamados al 0800, reuniones y gestiones con distintas áreas.
Basura por todos lados, en las calles. Flavio Raina.
Para Cristina Von Wartburg, vicepresidenta de la vecinal, “no es sólo un microbasural: el incumplimiento es masivo”. “Cuando no pasan se acumula todo. Lo que vemos son capas geológicas de basura: lo de abajo seco, lo de arriba recién tirado”, graficó durante una recorrida realizada por este medio.
Tras esos reclamos, la Municipalidad respondió por nota que la empresa “está trabajando bien y cumple con el cronograma exigido”. Desde la vecinal sostienen lo contrario. “Seguimos reclamando y en mi cuadra, por ejemplo, no se está cumpliendo”, insistió Bournissent, quien además advirtió que la recolección “no llega al fondo del barrio”.
Más servicios
La acumulación de residuos aparece asociada a otros déficits urbanos que los habitantes describen como parte de un mismo cuadro: desagües sin mantenimiento, iluminación irregular y calles que se vuelven intransitables cuando llueve.
Con precipitaciones intensas, el agua tarda en escurrir. Las zanjas se saturan, algunos caminos quedan anegados y la circulación se vuelve complicada. En ese contexto, los montículos de residuos funcionan además como pequeñas barreras que dificultan el drenaje.
La situación se vuelve más compleja en los bordes del barrio, especialmente cerca del terraplén y del anillo de defensa Garello. Allí también surgieron denuncias por asentamientos y ocupaciones irregulares que, según los vecinos, generan conflictos por el uso del espacio y agravan los problemas de limpieza.
Ante la consulta de El Litoral, desde la Municipalidad señalaron que en la zona deben diferenciarse dos servicios. Por un lado, la recolección domiciliaria tradicional, prestada por la empresa Cliba. Según indicaron, a mediados de este año se incorporarán 18 nuevas cuadras de Colastiné Norte al recorrido del camión recolector.
Los microbasurales muchas veces son limpiados pero al rato ya se forman nuevamente.
La medida forma parte de un plan de expansión que busca extender el sistema a sectores donde antes no existía el servicio. La meta de la actual gestión es finalizar el mandato con unas 300 cuadras adicionales incorporadas al circuito de recolección en distintos barrios de la ciudad.
Por otro lado, explicaron que existe una demanda creciente vinculada a residuos voluminosos —ramas, restos de poda, escombros y microbasurales— que no pueden retirarse mediante el sistema domiciliario habitual.
Para esas tareas el municipio trabaja con equipos propios y también con servicios tercerizados en Colastiné Norte. Actualmente operan dos equipos en simultáneo, integrados por maquinaria, camiones y personal específico, con el objetivo de realizar un retiro diario y mejorar los tiempos de respuesta.
Las esquinas son los puntos a donde más basura se acumula. Flavio Raina.
Además, recordaron que el año pasado se inauguró en la zona una Estación Verde donde los vecinos pueden llevar restos de poda y residuos verdes para su procesamiento. Allí el material es chipeado y luego incorporado a procesos de compostaje. El espacio funciona todos los días entre las 7 y las 19.
Mientras tanto, la discusión sobre la gestión de los servicios urbanos también llegó al Concejo municipal, donde surgieron cuestionamientos sobre el funcionamiento de las empresas encargadas de tareas como la recolección de residuos y el mantenimiento barrial.
La arena ya devora los restos de residuos que terminan esparcidos y todo se contamina. Flavio Raina.
En Colastiné Norte, sin embargo, el debate institucional convive con una escena cotidiana: la del vecino que espera el camión que no llega, la esquina donde las bolsas vuelven a amontonarse o la calle donde el olor a residuos quemados se mezcla con el perfume de los árboles.
El barrio sigue siendo uno de los rincones más singulares de la costa santafesina. Un lugar donde todavía se escucha el rumor del río de noche y donde la ciudad parece detenerse antes de entrar al humedal. Pero esa identidad ribereña convive hoy con una demanda cada vez más clara: que los servicios urbanos lleguen con la misma regularidad que en el resto de Santa Fe.