Colastiné Norte: cayó otra vez el menor autor de numerosos robos
Tiene 16 años. Robó tres noches seguidas en la parroquia Nuestra Señora de Belén. Luego en una verdulería. Lo atraparon y quedó libre. Ayer volvió a quedar preso tras robar en una vivienda
Otra vez el adolescente terminó tras las rejas. Foto: Gentileza
En Colastiné, la historia parece repetirse con una obstinación inquietante. El lunes, cerca de las 18, personal del Comando Radioeléctrico de la Costa volvió a detener a un adolescente de 16 años, en situación de calle, señalado como protagonista de una seguidilla de robos que en pocos días alteraron la tranquilidad de la zona.
El último procedimiento tuvo lugar en una vivienda de calle Diamelas al 5300, en Colastiné Norte. Todo se activó a partir de un aviso al 911 que alertaba sobre un robo en curso.
Cuando los uniformados llegaron, la escena ya estaba en pleno desarrollo: un joven, descalzo y con el torso desnudo, arrojaba objetos desde el interior de la casa hacia la vereda. Segundos después, saltó las rejas, intentó cambiar su apariencia colocándose una remera negra y emprendió la huida.
La fuga duró poco. Tras un rápido rastrillaje por la zona, los agentes lograron interceptarlo con algunos de los elementos sustraídos en su poder: un secador de cabello y una planchita. Se constató su identidad y, por disposición de la fiscalía de turno, fue trasladado a la Sección Juveniles en calidad de aprehendido por hurto calificado.
Seguidilla de robos
Pero el nombre del menor no era nuevo para los investigadores. En los últimos días ya había quedado en el centro de la escena por una serie de episodios que golpearon de lleno a la comunidad de Colastiné.
Todo comenzó a fines de la semana pasada, cuando el salón de Cáritas de la parroquia Nuestra Señora de Belén apareció revuelto, con ropa desparramada y signos de intrusión. Lo que en un primer momento pareció un hecho aislado, pronto se transformó en una secuencia preocupante.
La parroquia de Colastiné Norte fue víctima de robos reiterados. Foto: archivo El Litoral
Esa misma noche, el intruso regresó. Y al día siguiente, pese a los refuerzos de seguridad, volvió a ingresar. Esta vez no sólo se llevó mercadería, alimentos esenciales como leche en polvo, harina y azúcar, sino que además provocó destrozos en aulas y espacios de uso comunitario.
La reiteración encendió todas las alarmas. Testimonios recogidos en la zona apuntaron a un mismo sospechoso: un adolescente que merodeaba el lugar y conocía los movimientos del predio. Con esos datos, la policía logró ubicarlo y recuperar parte de lo robado, incluso tras detectar que algunos elementos habían sido vendidos en inmediaciones de la llamada “Vía Muerta”.
No se rinde
Sin embargo, la intervención judicial de entonces no logró frenar la escalada. El joven recuperó la libertad y, casi de inmediato, volvió a delinquir. Esta vez, el blanco fue una verdulería de la zona, donde quedó registrado por cámaras de seguridad llevándose frutas, verduras y otros elementos.
El jovencito también robó en una verdulería. Foto: archivo El Litoral
Así, en menos de 72 horas, el menor quedó vinculado a robos en una institución solidaria, un comercio barrial y ahora una vivienda particular.
El caso vuelve a poner en discusión un escenario complejo: la reiteración delictiva, la vulnerabilidad social y los límites de las intervenciones judiciales cuando se trata de menores en situación de calle.