El crematorio del Cementerio Municipal de Santa Fe permanece fuera de funcionamiento por una falla en la válvula de seguridad que regula la presión de gas de toda la planta. La interrupción ocurre mientras el municipio avanza con la instalación de un horno nuevo y la reparación integral de otro, obras que apuntaban a ampliar la capacidad de un servicio cada vez más requerido. Ante la acumulación de servicios pendientes, la Municipalidad puso en marcha un convenio con Rafaela para realizar cremaciones allí, sin costos adicionales para las familias.
El crematorio municipal, detenido por una falla crítica: 137 servicios esperan definición y Santa Fe deriva traslados a Rafaela
El problema es en una válvula de seguridad. Ocurrió mientras instalaban un nuevo horno y reparaban otro. Las derivaciones a Rafaela son sin costo adicional y la solución demandaría dos semanas.

La directora del Cementerio Municipal, Luz Balbastro, confirmó que son 137 los servicios que permanecen a la espera de una definición de los familiares: aceptar el traslado al crematorio rafaelino o aguardar la restitución del servicio local. “Nos preocupa cada uno de los familiares”, sostuvo la funcionaria, y remarcó que se trata de personas que atraviesan “un contexto de dolor” y buscan cerrar el duelo por un ser querido.

El problema técnico se detectó durante una preinspección de Litoral Gas, en el marco de las tareas de ampliación y adecuación de la planta. Según explicó Balbastro, la distribuidora advirtió una falla en la válvula de bloqueo de la cámara que alimenta a los hornos crematorios, un componente central para la seguridad de una instalación que trabaja con gas de alta presión.

“Las instalaciones deben ser revisadas, acordadas y coordinadas con gasistas matriculados”, explicó. La válvula fue retirada en una primera instancia para intentar repararla, pero ese trabajo no dio resultado. Luego, el municipio inició la compra de una pieza nueva a la única fábrica nacional que las produce. Sin embargo, tras su colocación y las pruebas correspondientes, la nueva válvula tampoco funcionó.
La situación obligó a detener completamente la actividad del crematorio. “En este momento nuestro profesional gasista está en Buenos Aires, en la fábrica, con las dos piezas tratando de traerlas en el mismo día de hoy para ver si ya puede funcionar”, dijo Balbastro. La expectativa oficial es instalar la solución técnica con participación de Litoral Gas, aunque la directora evitó fijar un plazo definitivo y señaló que el cálculo inicial de entre 10 y 12 días podría modificarse según el resultado de los ensayos.

Un plan de contingencia para evitar una espera más larga
Frente a la paralización del servicio, el intendente Juan Pablo Poletti dispuso un plan de contingencia. El municipio acordó con el crematorio de Rafaela el traslado de féretros de aquellas familias que opten por esa alternativa. Ya comenzaron los primeros envíos mediante dos vehículos, según indicó Balbastro.
La medida es voluntaria: quienes no quieran trasladar a su familiar podrán esperar la reapertura del crematorio santafesino. El municipio asegura que absorberá el costo operativo, los traslados y las tasas, sin cargos extra para los deudos.

“En ningún momento nosotros hemos trasladado un centavo al familiar”, afirmó la directora. Añadió que también hubo contactos con crematorios de Coronda y San Carlos Centro, que quedaron a disposición si fuera necesario ampliar la capacidad de respuesta.
La acumulación de 137 servicios vuelve a poner en primer plano la dimensión sensible del problema. No se trata sólo de una demora administrativa: detrás de cada trámite hay una familia que ya tomó una decisión de cremación, por voluntad previa de la persona fallecida o por resolución de sus deudos, y que ahora debe definir si acepta el traslado interurbano o espera una solución técnica en la ciudad.

Una planta exigida por una demanda creciente
El desperfecto aparece en medio de un proceso de modernización anunciado este año para el área de cremaciones. La Municipalidad licitó la reparación del horno crematorio Nº 2, con un presupuesto oficial de $47,7 millones, y la adquisición de un horno crematorio pirolítico nuevo junto con una máquina procesadora de restos, por más de $111 millones. La inversión total prevista rondaba los $159 millones.

El objetivo era recuperar el funcionamiento pleno de los cuatro hornos de la Sala de Protocolo y elevar la capacidad diaria. Hasta hace poco, el promedio era de entre 12 y 13 cremaciones por jornada; con el nuevo equipamiento y las reparaciones, la proyección municipal era superar las 22 diarias.

La planta no atraviesa su primera contingencia vinculada al sistema de gas. En una interrupción anterior, funcionarios municipales habían explicado que la conexión alimenta una de las instalaciones de mayor demanda de gas de la ciudad, por la posibilidad de operar cuatro hornos simultáneamente. Entonces se aclaró que la falla de la válvula no implicaba una pérdida ni un riesgo para la población, pero obligaba a suspender el servicio por razones de seguridad.
La dependencia de estos equipos se acentuó con el crecimiento de la cremación como alternativa a la sepultura tradicional. En Santa Fe, esa tendencia ya se advertía hace más de una década: en 2014, de unas 4.000 inhumaciones realizadas en la necrópolis local, aproximadamente la mitad culminó en cremaciones. Con dos hornos en marcha, entonces se estimaba una capacidad cercana a 450 féretros mensuales.

Una historia de ampliaciones, demoras y mantenimiento
El crematorio municipal tiene una trayectoria marcada por la necesidad de ampliar su capacidad. En 2006, la puesta en funcionamiento de un nuevo horno —junto con la recuperación del existente— permitió que el Cementerio Municipal contara con dos equipos incineradores. La mejora buscaba reducir esperas que, según los registros de la época, habían llegado a superar los ocho meses. Ese horno utilizaba gas natural y permitía realizar una cremación en un promedio de entre 60 y 75 minutos.

Con el paso del tiempo, el desgaste de los equipos volvió a convertirse en un problema recurrente. Algunos hornos tienen más de una década de uso y han requerido intervenciones sobre ladrillos refractarios, mecheros, cámaras de combustión y sistemas de seguridad. La reparación del horno Nº 2, por ejemplo, contempla desmontar y reconstruir cámaras primarias y secundarias, renovar mampostería refractaria, instalar aislantes y reubicar componentes de combustión y control.

La pandemia expuso al máximo la presión sobre el sistema. Balbastro había señalado que, al asumir la gestión, había más de 92 cuerpos en depósito y que el personal debió sostener la prestación en condiciones de alta exigencia. La actual acumulación, aunque responde a un problema técnico distinto, reactualiza aquella preocupación: la capacidad de resguardo y la necesidad de que los plazos de espera no se prolonguen.

Un cementerio con problemas estructurales y valor patrimonial
La crisis del crematorio se inscribe, además, en una discusión más amplia sobre el estado del Cementerio Municipal. La necrópolis santafesina combina una función de servicio público esencial con un patrimonio histórico y arquitectónico que requiere conservación permanente. Parte de sus galerías y secciones antiguas fue construida con técnicas previas al uso extendido del hormigón armado, con estructuras de cal y hierro perfil que hoy presentan deterioros y demandan intervenciones.
Actualmente, el municipio ejecuta un plan de acondicionamiento que incluye la demolición de sectores de nichos con riesgo estructural, la creación de espacios verdes y galerías de circulación, y la futura restauración de la “sección especial”, un edificio de 1927 donde se proyecta construir un cinerario.

También se impulsaron recorridos guiados y actividades culturales bajo la idea de un “Museo a Cielo Abierto”, con el propósito de recuperar el valor histórico del predio y acercarlo a la comunidad. Pero junto a esas iniciativas persisten reclamos por mantenimiento, seguridad y vandalismo: recientemente, el crematorio sufrió el robo de elementos de uso administrativo y herramientas, un hecho que volvió a exponer las dificultades de resguardo en el predio.
Por ahora, la prioridad municipal está concentrada en resolver la falla de la válvula y restituir el funcionamiento de la planta. Mientras tanto, el acuerdo con Rafaela busca evitar que la espera se transforme en una nueva carga para las familias.









