El arqueólogo Ezequiel Del Bel, investigador del CONICET y especialista en arqueología forense y en el estudio de los circuitos represivos de la última dictadura, llegó a Santa Fe para compartir su experiencia de más de 20 años en la investigación de centros clandestinos de detención y sitios vinculados con la desaparición de personas.
Ezequiel Del Bel visita Santa Fe y abre nuevas preguntas sobre la búsqueda de desaparecidos en el Campo San Pedro
El arqueólogo y especialista del CONICET, que lleva más de dos décadas investigando centros clandestinos de detención y sitios de inhumación clandestina en Tucumán, brindó este martes una charla abierta y visitará el predio de San Pedro, cercano a Campo Andino. “Que no encontremos nada en algunos espacios no quiere decir que no había, sino que puede haber existido una remoción”, advirtió.

Invitado por el Foro contra la Impunidad y por la Justicia de Santa Fe, el Centro Científico Tecnológico del CONICET, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia y la Universidad Nacional del Litoral, Del Bel brindó este martes una charla abierta a todo público en la sede de ADUL, Pasaje Martínez 2683.
Pero además de la actividad pública, su presencia en la provincia tendrá un capítulo especialmente vinculado con la historia reciente santafesina: este miércoles está previsto que visite Campo San Pedro, un predio militar ubicado en la zona rural de Campo Andino, a unos 12 kilómetros de Laguna Paiva, donde desde hace años se investiga la existencia de enterramientos clandestinos de víctimas del terrorismo de Estado.

La visita adquiere especial relevancia porque Campo San Pedro no es solamente un sitio señalado como posible lugar de enterramiento: allí, en 2010, fueron encontrados los cuerpos de ocho personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar. Los restos estaban enterrados en una fosa común y habían sido envueltos en cal.
Seis de esas ocho personas fueron posteriormente identificadas mediante el cotejo de los restos con la información genética aportada por familiares al Banco Nacional de Datos Genéticos. Se trata de María Esther Ravelo, Gustavo Pon, Carlos Bosso, María Isabel Salinas, Oscar Winkelmann y Miguel Ángel D’Andrea. Aún resta identificar a una mujer y a un varón.
El hallazgo de 2010 constituyó, según explicó el antropólogo Juan Nóbile, una evidencia concreta de la existencia de fosas de inhumación clandestina de víctimas del terrorismo de Estado dentro de un campo militar perteneciente al Ejército.
La investigación, sin embargo, no terminó con aquel hallazgo. En los últimos años, el Foro contra la Impunidad y por la Justicia logró ubicar nuevos testigos que declararon en sede judicial y aportaron información sobre otras masacres y enterramientos que habrían ocurrido en el predio. Por la enorme extensión del campo —unas 2.000 hectáreas—, sus características boscosas y los cambios naturales producidos con el paso del tiempo, establecer la ubicación exacta de esas posibles fosas representa una tarea compleja.
Las excavaciones continuaron en los últimos años y recientemente el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó una nueva campaña de búsqueda en un sector determinado a partir de testimonios, documentación y otras pistas. Las tareas realizadas en ese sector finalizaron sin que se encontraran nuevos restos humanos. Sin embargo, la investigación continuará en otro sector del predio.
Según testimonios de sobrevivientes y lugareños incorporados a la investigación, serían al menos más de 20 las personas que podrían haber sido enterradas clandestinamente en Campo San Pedro durante la dictadura.

El propio Del Bel explicó que antes de viajar recibió información y planos correspondientes a las investigaciones realizadas en ese lugar. “La idea es ir a visitar el espacio mañana (miércoles) para verlo ahí en vivo”, señaló durante una entrevista previa a su llegada a Santa Fe.
Y adelantó que su aporte no necesariamente estará vinculado con incorporar una tecnología inédita, sino con revisar la información existente y establecer prioridades. “Más que nada, no sé si en nuevas metodologías, sino por ahí en reordenar y priorizar por qué zonas en relación a los testimonios se puede avanzar o no. Eso es lo que vamos a tratar también un poco de aportar”, explicó.
Más de 20 años de experiencia
Del Bel es investigador del CONICET y desarrolla su trabajo en Tucumán en el campo de la arqueología del pasado contemporáneo. Su trayectoria incluye investigaciones sobre sitios vinculados con el terrorismo de Estado, entre ellos el Pozo de Vargas y el Arsenal Miguel de Azcuénaga. El propio CONICET señala que trabaja desde hace más de dos décadas en excavaciones y estudios arqueológicos relacionados con circuitos que funcionaron como centros ilegales de detención.
También participa de investigaciones vinculadas con la identificación de personas desaparecidas. En Tucumán, por ejemplo, su equipo ha colaborado con el Banco Nacional de Datos Genéticos en procesos de exhumación y toma de muestras de restos óseos destinados a estudios de identificación.
“Nosotros hemos trabajado toda la metodología de búsqueda de personas: excavaciones manuales, sondeos manuales, georradar, retroexcavadora, motobarreno, máquina, una pala bizcachera que se le llama en la geología, que es un común sacabocado”, detalló Del Bel.

A esa tarea se suman las entrevistas a sobrevivientes, víctimas y vecinos. El especialista remarcó que no existe una única metodología aplicable a todos los sitios: “Cada espacio tiene su metodología para utilizarse: depende del terreno, si es un campo abierto, si es un centro clandestino en una ciudad, si tiene una denuncia de fosas o no, o si hay que reconstruir cómo era originalmente el espacio”.
El trabajo arqueológico tampoco se limita a buscar restos humanos. “Nosotros trabajamos sobre los edificios también, no solamente con la búsqueda de personas desaparecidas, sino investigamos cómo eran esos espacios en la vida cotidiana”, explicó.
En ese sentido, se estudian elementos como la pintura original, aberturas, paredes modificadas y otras características de las construcciones para contrastarlas con los testimonios existentes y reconstruir el funcionamiento de los espacios represivos.
Campo San Pedro: una investigación que continúa
La referencia a Campo San Pedro adquiere particular relevancia en Santa Fe. El predio, originalmente utilizado como lugar de entrenamiento y maniobras del Ejército Argentino, fue identificado a partir de distintas investigaciones como un lugar utilizado para enterramientos clandestinos durante la última dictadura.
El sitio fue señalizado oficialmente en 2023 como “Campo de Exterminio y Enterramientos Clandestinos del Ejército en la última dictadura 1976-1983”.

Las investigaciones comenzaron a profundizarse desde 2007 y tuvieron un momento clave en 2010, cuando fueron encontrados en una fosa común los cuerpos de ocho personas desaparecidas. Seis de ellas pudieron ser identificadas posteriormente mediante estudios genéticos.
El hallazgo permitió confirmar materialmente la existencia de enterramientos clandestinos dentro del predio militar y abrió nuevas líneas de investigación sobre otras posibles víctimas.
La búsqueda actual parte justamente de esa historia y de los nuevos testimonios incorporados a la causa. El objetivo es determinar si existen otras fosas y recuperar, eventualmente, los restos de personas que todavía permanecen desaparecidas.
Del Bel llegará ahora con la experiencia acumulada en otros sitios donde las investigaciones permitieron comprobar que las evidencias materiales pueden haber sido alteradas, removidas o trasladadas.
Uno de los casos que mencionó durante la entrevista fue el Arsenal Miguel de Azcuénaga, en Tucumán, donde se investigaron fosas y posteriores remociones de restos. La producción científica de la que Del Bel es coautor documentó precisamente el abordaje interdisciplinario de ese predio como centro clandestino de detención.

En ese sentido, el especialista puso en relación esa experiencia con los hallazgos realizados en La Perla, Córdoba, aunque aclaró que su equipo no intervino directamente en ese caso. Según explicó, allí se hallaron restos óseos en un contexto que habría sido previamente removido.
“Ahora tenemos que ver con otros ojos los espacios ya investigados, porque que no encontremos nada en algunos espacios no quiere decir que no había, sino que puede haber existido una remoción”, sostuvo.
Para Del Bel, esos casos generan nuevas preguntas para las investigaciones sobre el terrorismo de Estado. “Estos casos nos dan una apertura de nuevas preguntas que hay que seguir investigando”, afirmó.
La charla pública
Durante la actividad de este martes, el investigador reconstruyó la evolución de los circuitos represivos en Tucumán, desde el Operativo Independencia de 1975 hasta la dictadura iniciada en 1976, y presentó experiencias de investigación desarrolladas en distintos centros clandestinos de Tucumán y Chaco.
“Voy a empezar contando el contexto tucumano, o sea, el contexto histórico con cómo fueron los circuitos represivos en Tucumán antes del golpe, un año antes, en el Operativo Independencia en el 75, después en el 76 cómo cambia esa lógica represiva”, explicó en una entrevista previa con El Litoral.
También expuso sobre distintos tipos de espacios investigados: centros clandestinos sin fosas, centros con fosas de inhumación y otros sitios donde se presume que los restos fueron posteriormente removidos.
El objetivo, según explicó, será vincular esas experiencias con los desafíos actuales de las investigaciones. “Lo más relevante para mí es las lógicas represivas, cómo se van adaptando al momento en el que están o que estuvieron en su momento, pero también las cosas que se relacionan con el presente hoy”, señaló.
Ciencia para reconstruir el pasado
La experiencia de Del Bel se inscribe en una línea de trabajo que el propio CONICET presenta como un aporte de la arqueología y la antropología forense a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Estas investigaciones permiten recuperar evidencias materiales, colaborar con procesos de identificación y aportar elementos a investigaciones judiciales.
En Santa Fe, el caso de Campo San Pedro forma parte de ese universo de investigaciones sobre los lugares utilizados durante el terrorismo de Estado. El hallazgo de los ocho
cuerpos en 2010 y la identificación posterior de seis de ellos constituyen una evidencia material central para reconstruir lo ocurrido en ese predio.
Al mismo tiempo, la existencia de nuevos testimonios y la posibilidad de que haya más personas enterradas clandestinamente mantienen abierta la investigación. Las nuevas excavaciones buscan justamente avanzar sobre esas hipótesis y determinar qué ocurrió en otros sectores del extenso campo militar.

Para Del Bel, la difusión de estas investigaciones tiene además un valor científico y social.
“Intentamos dar a la población el conocimiento científico de las cosas que ocurrieron”, sostuvo. Y concluyó: “Por eso para nosotros es muy importante la difusión y siempre intentamos llegar a la población, a las escuelas y a las universidades contando cuáles son los trabajos que hacemos”.








