En Santa Fe, donde el agua forma parte del paisaje cotidiano y los humedales se extienden alrededor de la ciudad, una crecida del Paraná o una temporada de lluvias por encima de lo habitual no significa solamente calles anegadas, defensas que deben ser monitoreadas o familias que tienen que prepararse. También significa que cambia el ambiente en el que viven, se alimentan y se reproducen numerosas especies.


Ese es uno de los aspectos menos visibles —pero no menos importantes— de los posibles efectos de El Niño, el fenómeno pronosticado por los expertos que ya entró en vigencia. La profesora y licenciada en Biodiversidad Alba Imhof, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), explicó que un episodio intenso puede producir una combinación de lluvias extraordinarias, crecidas prolongadas, temperaturas más altas y modificaciones de los ciclos hidrológicos.

Para los ecosistemas vinculados al agua, el cambio puede ser significativo. No se trata únicamente de que haya más agua, sino de cuándo llega, cuánto permanece y qué condiciones genera en lagunas, bañados, islas y otros ambientes acuáticos. "Un evento Niño intenso provoca lluvias extraordinarias, crecidas prolongadas, temperaturas más altas y alteración de ciclos hidrológicos", plantea Imhof.
Tortugas, yacarés y una reproducción condicionada por el agua
Entre los animales que pueden sentir especialmente estas modificaciones aparecen los reptiles acuáticos. Tortugas de agua dulce y yacarés dependen de determinadas condiciones ambientales para alimentarse, desplazarse y reproducirse. Una alteración brusca del régimen del agua puede modificar esos ciclos.

"Para reptiles acuáticos como tortugas de agua dulce y yacarés, esto significa cambios en reproducción, supervivencia de crías, disponibilidad de alimento y desplazamientos forzados", señala la especialista.
La consecuencia puede observarse, por ejemplo, en los sitios donde distintas especies depositan sus huevos. Una crecida que cubra sectores utilizados para nidificar puede traducirse en pérdida de nidos y afectar la supervivencia de las nuevas generaciones.

Imhof enumera entre los posibles efectos de un Niño fuerte en las tortugas y cocodrilos locales la "pérdida masiva de nidos", los sesgos en la proporción de sexos, la mortalidad de crías, los desplazamientos forzados, cambios en la disponibilidad de alimento y el aumento de enfermedades.

Así, aquello que para una persona puede aparecer como una creciente o una modificación temporal del paisaje, para una especie puede representar la pérdida de un sitio de reproducción, la necesidad de abandonar un ambiente o un cambio abrupto en la disponibilidad de alimento.
El efecto dominó en los ambientes acuáticos
Los cambios tampoco quedan restringidos a tortugas y yacarés. Imhof advierte sobre modificaciones en la ecología de los cuerpos de agua y posibles efectos sobre peces y anfibios. “El calentamiento y la pérdida de oxígeno pueden generar mortalidad, mientras que la modificación de los ciclos estacionales puede alterar los momentos de reproducción”.
También pueden cambiar las condiciones de alimentación y los desplazamientos de distintas especies. Se producen alteraciones en las migraciones de peces y aves y un posible incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos y otros vectores.

En una región atravesada por el Paraná y caracterizada por la presencia de lagunas y humedales, estos procesos adquieren especial relevancia porque la fauna está estrechamente vinculada a la dinámica del agua.
El punto central, entonces, no es pensar a la creciente únicamente como un fenómeno que "entra" en un ambiente natural, sino entender que el agua es uno de los principales factores que organizan la vida en esos ambientes. Cuando cambian sus niveles, temperaturas, tiempos de permanencia y disponibilidad de alimento, también pueden cambiar las condiciones para las especies.

Sobre el final, la especialista intenta -quizás- restar dramatismo al asunto, al decir que “un Niño fuerte trae estas complicaciones, pero luego se alterna con La Niña, cambian las condiciones y los ambientes se recuperan”. Y cerró: “Sobre todo en estas especies, como tortugas y yacarés, que pese a El Niño y La Niña, son especies que están sobre la tierra con tipos morfológicos bastante constantes desde hace millones de años, lo que demuestra que han sido exitosas pese a estos fenómenos tan contrapuestos”, dijo, a modo de una suerte de mensaje esperanzador.
El clima también modifica los ecosistemas
Estos aportes fueron presentados por Imhof este jueves por la tarde durante un panel llevado a cabo en la Universidad Nacional del Litoral junto a otros expertos. La exposición permitió ampliar la discusión sobre El Niño más allá de las consecuencias que habitualmente concentran la atención pública: lluvias intensas, inundaciones y crecidas.
Imhof mostró, a través de distintos ejemplos, cómo las modificaciones climáticas pueden repercutir sobre comunidades animales enteras. La presentación incluso recoge investigaciones de largo plazo que analizan 12.000 años de fauna marina y terrestre y que identifican un posible umbral ecológico: cuando se producen cinco o más eventos de El Niño por siglo, las comunidades pueden experimentar cambios drásticos.

El dato funciona como una advertencia sobre la importancia de observar no sólo cada evento de manera aislada, sino también su frecuencia y su intensidad. “En ecosistemas sometidos repetidamente a perturbaciones, la capacidad de recuperación puede convertirse en una cuestión central”, asegura.
Santa Fe, frente a un escenario que obliga a mirar más allá del agua
Para una ciudad como Santa Fe, rodeada por un sistema de humedales y cursos de agua y estrechamente vinculada al comportamiento del Paraná, prepararse para El Niño supone también observar qué ocurre con los ambientes naturales.

La biodiversidad puede convertirse, en ese sentido, en otro de los indicadores de los cambios que atraviesa el territorio. Las condiciones de reproducción de una tortuga, la disponibilidad de alimento para un pez, el desplazamiento de un animal o la supervivencia de una cría pueden parecer hechos aislados, pero forman parte de una misma red ecológica condicionada por el agua y el clima.

La conclusión de Imhof no apunta únicamente al riesgo. También plantea la necesidad de aprovechar estos fenómenos para conocer mejor los ambientes locales. Un Niño fuerte -sostiene- "nos deja también oportunidades de nuevas preguntas y posibilidades de investigación".
Tres miradas para entender El Niño
La exposición de Imhof se desarrolló este jueves por la tarde en el Aula II del segundo piso de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL, en una actividad organizada por Madreselva y representantes estudiantiles del Profesorado en Biología y la Licenciatura en Biodiversidad.

La jornada reunió tres perspectivas sobre un mismo fenómeno: la especialista en Biodiversidad Alba Imhof abordó sus efectos sobre los ecosistemas y la fauna; la licenciada y doctora en Ciencias de la Atmósfera Gabriela Müller, del Cevarcam-Fich UNL, analizó la dimensión climática; y el profesor de Geografía Javier López, de la FHUC-UNL, aportó la mirada territorial.

El encuentro buscó así poner en diálogo clima, territorio y biodiversidad frente a un fenómeno que puede modificar las condiciones ambientales de toda la región. Porque cuando el Paraná crece, no sólo cambia una marca en una escala hidrométrica. Cuando una laguna se expande, cuando un bañado permanece cubierto durante más tiempo o cuando las temperaturas del agua se modifican, también cambia el escenario en el que se desarrolla la vida.
Y en una ciudad como Santa Fe, donde el agua y los humedales forman parte inseparable del territorio, entender esos cambios también es una forma de anticiparse a lo que puede venir.






