Un padre sostiene a su criatura junto a los ranchos levantados en la zona de bañados del oeste de la ciudad, junto a los reservorios. Fernando Nicola. Archivo.Un padre sostiene a su criatura junto a los ranchos levantados en la zona de bañados del oeste de la ciudad, junto a los reservorios. Fernando Nicola. Archivo.
Según un relevamiento municipal
Unas 1.300 familias viven en zonas vulnerables al agua en Santa Fe: el desafío ante un posible Niño
El municipio actualizó el relevamiento sobre los hogares asentados fuera de las defensas y en áreas bajas de la ciudad. No todos deberían ser evacuados ante una crecida, pero sí requieren asistencia. Mientras se refuerza el sistema hídrico, la reubicación definitiva aparece como una meta de largo plazo condicionada por la falta de financiamiento. Expertos pronostican posibles lluvias abundantes y crecida de ríos hacia fin de año.
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Santa Fe es una ciudad construida entre ríos, lagunas, bañados y reservorios. Esa condición geográfica —que le da identidad, paisaje y potencial ambiental— también define uno de sus problemas estructurales: miles de familias viven hoy en sectores expuestos a inundaciones, anegamientos o aislamiento cuando suben los ríos Paraná y Salado o se combinan lluvias extraordinarias con niveles altos en ambas cuencas. Muchas de ellas ocuparon estos suelos en riesgo hídrico durante el último período de bajante histórica del río Paraná.

El dato que surge del relevamiento municipal es contundente: unas 1.300 familias residen en áreas de riesgo hídrico, principalmente por fuera de los anillos de defensa, en sectores costeros, islas urbanas, zonas bajas y asentamientos informales. Si se toma una composición promedio de 3,5 integrantes por hogar, se trata de un universo aproximado de 4.500 personas. Sin embargo, no todas enfrentan la misma amenaza ni requerirían una evacuación ante una eventual crecida.

Otra vista de un reservorio y la casabomba, en el oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.Otra vista de un reservorio y la casabomba, en el oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.

“Ese relevamiento nos arrojó una cifra aproximada de entre 1.300 familias, pero no todas hay que, ante una crecida, evacuar”, explicó a El Litoral el secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica de la Municipalidad, Eduardo Rudi. El funcionario remarcó que, en muchos casos, la respuesta necesaria no es el traslado de las familias sino la asistencia para sostener la vida cotidiana en sectores que pueden quedar aislados.

Las familias que habitan las zonas inundables viven en precarias condiciones, al margen del resto de la sociedad. Fernando Nicola. Archivo.Las familias que habitan las zonas inundables viven en precarias condiciones, al margen del resto de la sociedad. Fernando Nicola. Archivo.

La radiografía cobra especial relevancia frente a las señales climáticas que anticipan la posible consolidación de un evento El Niño durante el segundo semestre de 2026 y el verano siguiente. El Servicio Meteorológico Nacional informó días atrás que los organismos especializados observan una probabilidad alta de desarrollo de la fase cálida del fenómeno durante este invierno. Aunque la intensidad final y sus impactos regionales todavía no pueden precisarse, la hipótesis obliga a preparar la ciudad y todo el Gran Santa Fe para lluvias por encima de lo habitual y, eventualmente, para un escenario combinado con crecidas de los grandes ríos.

La Municipalidad de Santa Fe confeccionó estos folletos para distribuirlos entre la población desde los Centros de Distritos, en cada barrio de la ciudad. También hay información útil en la web municipal. Flavio Raina.La Municipalidad de Santa Fe confeccionó estos folletos para distribuirlos entre la población desde los Centros de Distritos, en cada barrio de la ciudad. También hay información útil en la web municipal. Flavio Raina.

Fuera de las defensas, el riesgo es permanente

Rudi describió una ciudad con una particularidad territorial extrema: “La ciudad tiene esta connotación en este porcentaje 70/30: 70% de isla y 30% de parte continental o áreas seguras”. En esa ecuación, sostuvo, se cruzan factores ambientales, sociales y económicos que explican el crecimiento de asentamientos en sitios que no son aptos para consolidar viviendas permanentes.

“Sumado a factores sociales, ambientales y también a la pobreza, hace que los asentamientos que están por fuera de las defensas vayan creciendo o que tengan una relevancia importante”, señaló.

El mantenimiento de canales es fundamental para el escurrimiento. Archivo.El mantenimiento de canales es fundamental para el escurrimiento. Archivo.

Las áreas más comprometidas se concentran sobre el sistema del Paraná: Vuelta del Paraguayo, Bajada Distéfano (La Guardia), Los Alisos, sectores de Nueva Esperanza, Colastiné, la zona baja de Colastiné Sur y algunos asentamientos consolidados a la vera de la Ruta Nacional 168. Son barrios y parajes con una relación histórica con el río, ubicados en cotas bajas y en sectores que forman parte del circuito de islas dentro del ejido urbano.

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“No se puede consolidar” la ocupación por fuera del anillo de defensa, planteó Rudi. Por eso, mientras no existan alternativas habitacionales masivas, la política municipal queda limitada a la asistencia durante los eventos críticos: “La política es de asistencia ante el evento”.

El antecedente más cercano para la actual gestión fue el inicio de la administración de Juan Pablo Poletti, con el río crecido y más de 20 familias evacuadas sobre la Ruta Nacional 168. Buena parte de ellas eran de Vuelta del Paraguayo. Según Rudi, se trabajó entonces en el retorno de esas familias a sus viviendas, una vez que las condiciones lo permitieron.

El reservorio del oeste en la zona de barrio Las Lomas, y allí cerca, un asentamiento. Fernando Nicola. Archivo.El reservorio del oeste en la zona de barrio Las Lomas, y allí cerca, un asentamiento. Fernando Nicola. Archivo.

Evacuados, asistidos y aislados

La cifra de 1.300 familias no equivale automáticamente a 1.300 hogares evacuables. La diferencia es clave para planificar una emergencia.

En Alto Verde, por ejemplo, la amenaza no siempre está dada por el ingreso del agua a las viviendas. En algunos episodios, el problema principal es el aislamiento territorial, cuando el avance del agua corta el acceso al paraje La Boca y queda operativo únicamente el puente de única mano.

Una alcantarilla. Archivo.Una alcantarilla. Archivo.

“En Alto Verde, en La Boca, cuando se corta y queda solamente el puente que tenemos de acceso, debemos tener una asistencia para que la familia tenga su dinámica urbana normal; no se inundan ni quedan anegados, quedan aislados”, explicó el secretario.

En esos casos, la respuesta contempla el funcionamiento del transporte, la conectividad sanitaria y los servicios de emergencia. “El colectivo tiene que coordinarse con una traffic, pasar de un lado al otro, la ambulancia... Se genera todo un protocolo”, indicó. Ese dispositivo, agregó, se viene trabajando con la Dirección General de Gestión de Riesgo y con las áreas sociales del municipio.

Otro punto crítico es el bañado de la Setúbal a orillas del barrio El Pozo, a donde en la última década creció un gran asentamiento irregular en zona inundable.

Una de las casabombas del oeste de la ciudad, junto a la Circunvalación. Archivo.Una de las casabombas del oeste de la ciudad, junto a la Circunvalación. Archivo.

La ciudad, además, debe prepararse para un frente hídrico doble. Santa Fe tiene 18 kilómetros de defensas urbanas, pero está expuesta a la dinámica de la laguna Setúbal, el Paraná y el Salado. “El río Paraná en nuestra provincia son 800 kilómetros; en la ciudad de Santa Fe tenemos 18 kilómetros que defender”, resumió Rudi.

“Es toda la cuenca de la Setúbal y sumado todo el Salado, que a veces trabajan en paralelo. No es vaso comunicante el concepto, pero sí trabajan en paralelo y vos tenés ríos altos de un lado y del otro de nuestras costas o nuestros frentes urbanos”, agregó.

Por eso, ante una combinación de crecida de ríos y precipitaciones intensas, el municipio no descarta que pueda ser necesaria una declaración de emergencia hídrica, según la escala que alcance el fenómeno. “No hay política que tome una situación de crecida de ríos con lluvias en un escenario combinado que no merezca una declaración de emergencia hídrica”, afirmó.

La calle de defensa marca el límite entre la zona urbanizada y la zona inundable, a donde se observa el avance de precarias construcciones irregulares. Fernando Nicola. Archivo.La calle de defensa marca el límite entre la zona urbanizada y la zona inundable, a donde se observa el avance de precarias construcciones irregulares. Fernando Nicola. Archivo.

El otro frente: vivir sobre los reservorios

El riesgo no se limita a las áreas que quedaron fuera de las defensas. Dentro del sistema protegido también hay familias asentadas sobre reservorios y bañados, especialmente en el cordón oeste. Allí la amenaza tiene otra lógica: no depende tanto de la crecida del río sino de la capacidad de la ciudad para acumular y evacuar el agua de lluvia.

Una máquina limpia los desagües de la ciudad. Archivo.Una máquina limpia los desagües de la ciudad. Archivo.

Los reservorios son piezas centrales del sistema hídrico urbano. Reciben los excedentes pluviales que llegan por desagües y canales, y luego los descargan hacia los cursos de agua por gravedad o mediante bombeo. Cuando el nivel de los ríos está alto, la evacuación debe hacerse de forma mecánica.

La Municipalidad de Santa Fe confeccionó estos folletos para distribuirlos entre la población desde los Centros de Distritos, en cada barrio de la ciudad. También hay información útil en la web municipal. Flavio Raina.La Municipalidad de Santa Fe confeccionó estos folletos para distribuirlos entre la población desde los Centros de Distritos, en cada barrio de la ciudad. También hay información útil en la web municipal. Flavio Raina.

“Los reservorios son muy necesarios para la ciudad. El sistema de defensa necesita que el sistema de drenaje funcione. ¿A dónde? A los reservorios”, explicó Rudi. “Y los reservorios son los encargados de impulsar el agua a los cursos de río. Cuando el río está alto, lo impulsamos mecánicamente”.

El municipio viene reforzando ese esquema junto a la Provincia. Según el funcionario, el objetivo es asegurar que los 52 puntos de bombeo estén operativos ante una contingencia relevante, con equipos y personal preparados.

El intendente Poletti junto a funcionarios municipales, durante una lluvia importante, monitoreando el funcionamiento de una casabomba del oeste de la ciudad. Archivo.El intendente Poletti junto a funcionarios municipales, durante una lluvia importante, monitoreando el funcionamiento de una casabomba del oeste de la ciudad. Archivo.

La ocupación de estas áreas no es nueva. En 2023, El Litoral advirtió sobre el crecimiento de viviendas en los reservorios y señaló como zonas especialmente sensibles a Santa Rosa de Lima y Barranquitas. Los reservorios son, precisamente, terrenos que deben quedar libres para almacenar agua durante lluvias fuertes; cuando se ocupan, se reduce su capacidad de amortiguación y se agrava el riesgo para quienes viven allí y para el conjunto de los barrios drenados por ese sistema.

En diciembre de 2025, el Concejo Municipal aprobó una actualización de la zonificación urbana que delimitó formalmente las Zonas de Seguridad Hídrica y de Reservorio Hídrico. La normativa identifica áreas vulnerables del oeste, noroeste, noreste y la costa, donde no deberían consolidarse usos residenciales por el riesgo frente a lluvias intensas, crecidas extraordinarias o niveles freáticos elevados.

El zanjón paralelo al Camino Viejo a Esperanza, que desagota en uno de los reservorios del oeste de la ciudad. Archivo.El zanjón paralelo al Camino Viejo a Esperanza, que desagota en uno de los reservorios del oeste de la ciudad. Archivo.

Rudi reconoció que hay familias asentadas sobre esos reservorios y vinculó el fenómeno con la falta de alternativas habitacionales, la pobreza y el efecto de años de sequía. “La sequía por más de cuatro o cinco años, la necesidad de ocupar espacios por la imposibilidad de tener otras alternativas, lo que tienta una ciudad de 400 mil habitantes como un atractor desde el punto de vista de la dinámica urbana, económica y social, hace que familias a veces vengan de otros lugares y se asienten en lugares que entendemos como no permitidos y, a su vez, bajos, con riesgo hídrico”, sostuvo.

En este tipo de áreas, insistió, la amenaza se activa principalmente cuando llueve: “Los reservorios con lluvia se complican, no con río. Por eso la ciudad tiene su sistema de defensa”.

Callejuelas laberínticas llegan a los ranchos levantados sobre el bañado de la Setúbal. Fernando Nicola. Archivo.Callejuelas laberínticas llegan a los ranchos levantados sobre el bañado de la Setúbal. Fernando Nicola. Archivo.

Defensas, bombas y limpieza: la preparación antes de la emergencia

La estrategia oficial se apoya en dos planos: sostener la infraestructura existente y preparar la respuesta social y operativa ante una contingencia.

Rudi destacó las obras provinciales de mejora sobre el sistema de defensas de la capital y el área metropolitana. “Se mejoraron las defensas de la ciudad, no solamente de la ciudad sino de todo el anillo metropolitano: son más de 74 kilómetros”, afirmó.

El propósito es que la vegetación acuática realice el saneamiento de los excedentes pluviales, a través de lo que se denomina humedal artificial, en el oeste de la ciudad, antes de volcarlos hacia el río Salado. Archivo.El propósito es que la vegetación acuática realice el saneamiento de los excedentes pluviales, a través de lo que se denomina humedal artificial, en el oeste de la ciudad, antes de volcarlos hacia el río Salado. Archivo.

Según detalló, hubo más de 27 kilómetros en los que se debió recomponer el coronamiento hasta la cota adecuada, por erosión, desgaste y deterioro acumulado. La inversión, estimó, ronda los 10 mil millones de pesos. “Eso nos da la garantía de que tenemos una ciudad con un anillo de defensa en condiciones”, señaló.

Dentro del ejido urbano, el municipio destina unos 3 mil millones de pesos anuales a limpieza y desobstrucción de desagües. La red incluye 360 kilómetros de conductos y más de 100 kilómetros de canales a cielo abierto, que requieren tareas continuas de mantenimiento, zanjeo, cuneteo y saneamiento, especialmente en barrios que todavía no cuentan con todos los servicios básicos.

Vista aérea de uno de los reservorios del oeste de Santa Fe. Fernando Nicola. Archivo.Vista aérea de uno de los reservorios del oeste de Santa Fe. Fernando Nicola. Archivo.

La condición de las estaciones de bombeo es determinante en un escenario de lluvias con ríos altos. Si los niveles externos impiden que el agua escurra naturalmente, las bombas deben evacuarla hacia el Salado, el Paraná o la laguna Setúbal. La eficiencia de esa cadena —desagües, canales, reservorios, estaciones de bombeo y defensas— define buena parte de la capacidad de la ciudad para evitar anegamientos masivos.

La orilla de barrio El Pozo, la defensa, el bañado usurpado y de fondo, la Setúbal y la zona urbana de Santa Fe. Fernando Nicola. Archivo.La orilla de barrio El Pozo, la defensa, el bañado usurpado y de fondo, la Setúbal y la zona urbana de Santa Fe. Fernando Nicola. Archivo.

Refugios y protocolo: cómo se prevé actuar si hay evacuaciones

La ciudad cuenta desde 2007 con un plan de contingencia y protocolos de actuación frente a inundaciones. Rudi recordó que Santa Fe fue reconocida en 2011 como una de las ciudades preparadas ante desastres y que en 2014 recibió una distinción vinculada a la resiliencia urbana. “Para nosotros es una política de Estado. Tener una política de Estado implica tener aceitado todo el mecanismo”, afirmó.

Un rancho entre los yuyos, en el bañado de los reservorios del oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.Un rancho entre los yuyos, en el bañado de los reservorios del oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.

En caso de que haya evacuaciones, no se prevé instalar de manera automática grandes campamentos de emergencia, sino activar una red de refugios distribuidos en la ciudad. El sistema se apoya en acuerdos con instituciones, vecinales, clubes y otros espacios capaces de albergar temporalmente a familias afectadas.

“Tenemos espacios y acuerdos con instituciones, con vecinales, con clubes y demás, para que puedan albergar ante una situación en la que podamos llegar a tener familias afectadas por esa crecida o por esa lluvia”, explicó Rudi. Los convenios, dijo, están establecidos por ordenanza y contemplan responsables políticos para cada refugio.

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La planificación incluye reuniones semanales entre áreas municipales y provinciales: Recursos Hídricos, Protección Civil, Gestión de Riesgo y Desarrollo Social. “Para delinear acciones, para tener cuáles son los escenarios, cómo estamos preparados en lo mecánico, en lo dinámico, en lo social, en cómo difundimos”, enumeró el funcionario.

Las viviendas que se ubican en el extremo oeste de la ciudad terminan sobre los reservorios y muchas veces son habitadas entre basura de descarte. Archivo.Las viviendas que se ubican en el extremo oeste de la ciudad terminan sobre los reservorios y muchas veces son habitadas entre basura de descarte. Archivo.

También se realizan tareas de capacitación, difusión y prevención en escuelas y vecinales. El objetivo es que los vecinos conozcan los protocolos, sepan cómo actuar y tengan información antes de que el agua llegue.

Una de las acciones consiste en repartir folletos explicativos sobre qué hacer en caso de lluvias fuertes. Los mismos son distribuidos en los barrios, a través de los distritos municipales. La información también está ampliada y detallada en el sitio web municipal.

Ranchos en el bañado de la Setúbal, en El Pozo. Fernando Nicola. Archivo.Ranchos en el bañado de la Setúbal, en El Pozo. Fernando Nicola. Archivo.

Reubicar: el objetivo que excede al municipio

La respuesta ante una emergencia puede contener el impacto, pero no resuelve el problema de fondo: la permanencia de miles de familias en lugares donde el riesgo hídrico forma parte de la vida cotidiana.

La reubicación definitiva aparece como la única salida estructural, aunque el municipio admite que no dispone de los recursos necesarios para hacerlo a gran escala. “Plan tenemos; lo que faltan son recursos”, resumió Rudi. “El recurso excede cualquier presupuesto o recurso municipal. Tenemos que pensar en escenarios que tengan que ver con financiamiento nacional o internacional”, agregó. Sabida es la ausencia del Estado Nacional actual en ese sentido.

En primer plano, un rancho; de fondo el bañado del oeste y los reservorios. Fernando  Nicola. Archivo.En primer plano, un rancho; de fondo el bañado del oeste y los reservorios. Fernando Nicola. Archivo.

En ese marco, el municipio trabaja con la Provincia y el Movimiento Los Sin Techo en procesos de relocalización en distintos sectores. Rudi mencionó intervenciones en Santo Domingo, Jesuitas, Las Lomas y Barranquitas. “Eso nos da la posibilidad de resolver. ¿Alcanza? No, claramente que no”, reconoció.

Uno de los casos en marcha está en Barranquitas Sur, en el ingreso por Iturraspe, cerca de la antigua Escuela de Trabajo y de una estación de monitoreo. Allí se proyecta la reubicación de 55 familias asentadas en un área de reservorio. “Estamos haciendo un proceso de reubicación de 55 familias con el Movimiento Los Sin Techo y con la Dirección Provincial de Vivienda. De hecho, ya hemos arrancado”, aseguró Rudi.

La zona de desagote de los reservorios tienen mallas de contención para evitar volcar los residuos que viajan por los desagües de la ciudad hacia el río Salado. Archivo.La zona de desagote de los reservorios tienen mallas de contención para evitar volcar los residuos que viajan por los desagües de la ciudad hacia el río Salado. Archivo.

La intervención incluye profundizar los reservorios para recuperar su función hidráulica y, al mismo tiempo, garantizar suelo a cota segura e infraestructura para las familias trasladadas. El intendente Poletti confirmó recientemente que el municipio, la Provincia y Los Sin Techo trabajan en relocalizaciones de hogares ubicados en sectores vulnerables de Barranquitas, con relevamientos previos para ordenar prioridades y necesidades.

La tensión entre el derecho a la vivienda y la necesidad de preservar áreas de drenaje sigue siendo uno de los nudos más complejos de la planificación urbana santafesina. En los últimos meses, incluso se registraron intervenciones municipales para impedir nuevas construcciones precarias sobre reservorios de Barranquitas Oeste, en una zona considerada de alto riesgo hídrico.

Las familias levantan sus ranchos con lo que tienen y donde pueden, para contar con un techo y no quedar a la intemperie. Fernando Nicola. Archivo.Las familias levantan sus ranchos con lo que tienen y donde pueden, para contar con un techo y no quedar a la intemperie. Fernando Nicola. Archivo.

Para Rudi, la salida no puede ser sólo prohibitiva. La ciudad debe convertir sus bordes vulnerables en proyectos de integración urbana, ambiental y social. En esa línea ubicó la idea de una Costanera del Salado y de nuevos entornos ribereños que articulen reservorios, espacios verdes, infraestructura y vivienda segura.

“Los proyectos están, los recursos son los que faltan”, dijo. Y planteó que una futura emergencia también debería servir para abrir puertas de financiamiento: “Tenemos que tener armadas las carpetas para que, cuando estos escenarios de contingencia no generen complicaciones, generen como contrapartida una oportunidad para poder sentarse con el Banco Mundial o el organismo que se encuentre de posibilidad de financiamiento”.

Ranchos levantados en el bañado de los reservorios, en el oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.Ranchos levantados en el bañado de los reservorios, en el oeste de la ciudad. Fernando Nicola. Archivo.

La cuenta regresiva hacia la primavera y el verano vuelve a poner esa discusión en primer plano. Santa Fe llega con defensas mejoradas, estaciones de bombeo en preparación, protocolos vigentes y una red de refugios prevista. Pero también con alrededor de 1.300 familias en sectores donde el agua puede volver a alterar, en cuestión de horas, la rutina, el acceso a servicios y la seguridad de un hogar. Sólo hay que esperar para saber si El Niño “nace” y si llega fuerte o muy fuerte.