La vida de Joaquín Martínez quedó suspendida en un instante. Un verano, una pileta en Santiago del Estero y un clavado que terminó en tragedia marcaron un antes y un después para el joven santafesino de 20 años, que hasta entonces dividía sus días entre el fútbol en la Liga Santafesina y la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Entre Ríos.
La historia de Joa, el joven santafesino que convirtió un accidente en una nueva misión de vida
El joven de 20 años enfrenta una dura rehabilitación tras sufrir una lesión medular. Lejos de rendirse, convirtió la adversidad en motor: emprendió vendiendo alfajores durante su internación y hoy impulsa una campaña solidaria para acceder a un tratamiento experimental con células madre. Nada lo detiene.


El 25 de febrero de 2025, el impacto contra el fondo de la piscina le provocó una fractura en la columna vertebral y una lesión medular a la altura de las vértebras C6 y C7. “Me tiré de clavado a la pileta, me di la cabeza contra el fondo y bueno, ahí tuve una fractura en la columna vertebral”, recuerda hoy, con una serenidad que contrasta con la magnitud de lo ocurrido.

Después llegaron las cirugías, las largas jornadas de internación y una nueva realidad. Seis meses dentro del Sanatorio Garay bastaron para que Joaquín entendiera que su vida ya no sería la misma. “Cambió 360 grados”, resume. Pero en lugar de encerrarse en el dolor o la frustración, eligió otro camino: el de la reconstrucción.
Para adelante
La rehabilitación se volvió parte de su rutina cotidiana, pero también de su manera de entender la vida. Cada avance, por pequeño que fuera, empezó a tener un valor enorme. Y en medio de esa etapa difícil apareció una idea inesperada que terminaría siendo clave para sostenerlo emocionalmente.
Todo comenzó casi como una distracción dentro del sanatorio. Joaquín empezó a vender alfajores para mantenerse ocupado y escapar, aunque fuera por momentos, del peso de la internación. Lo que parecía algo pasajero terminó convirtiéndose en un pequeño fenómeno puertas adentro del centro médico.

“Empecé vendiendo dos cajas en una mañana y después era un negocio dentro del sanatorio”, cuenta entre risas. Recorrer los pasillos ofreciendo alfajores le devolvía algo que sentía perdido: movimiento, contacto con otros y, sobre todo, motivación. “Me ayudó un montón a salir adelante porque me tenía despejado y desconectado de todo”, explica en la conversación con El Litoral, sentado en su silla de ruedas en el comedor de su hogar familiar, en barrio María Selva. Más tarde confesará que para él es todo nuevo “porque es la primera entrevista que doy”.
En esos meses, Joaquín descubrió que la recuperación no dependía solamente de lo físico. También había una batalla mental y emocional que dar cada día. Y decidió enfrentarla con optimismo.

Enfocado en sanar
Actualmente entrena de manera intensiva en el centro de rehabilitación “Maradona”, mientras estudia para convertirse en coach ontológico. Pero su gran objetivo está puesto en un tratamiento experimental con células madre que podría representar una nueva oportunidad para mejorar su calidad de vida.
El procedimiento busca regenerar tejido dañado y demanda una inversión millonaria: alrededor de 50 millones de pesos para cubrir las dosis y la estadía de 21 días que requiere el tratamiento.

Para intentar alcanzar esa suma, Joaquín grabó un video y lo publicó en redes sociales. No imaginaba lo que vendría después. En pocas horas, la historia comenzó a multiplicarse entre usuarios de todo el país y despertó una ola de solidaridad inesperada.

“Me sorprendió la inmensidad de la llegada que tuvo. No me esperaba tanta llegada… es hermoso”, admite. La campaña ya permitió reunir los primeros 10 millones de pesos y continúa creciendo gracias a la colaboración de personas que se suman con donaciones y mensajes de apoyo.
Ni siquiera los inconvenientes surgidos en el camino —como el reciente cambio de cuentas bancarias por límites operativos— lograron frenar el impulso de la colecta. Joaquín sigue adelante con la misma convicción que sostiene desde el día del accidente.

Habla de la importancia de la mente, de mantenerse enfocado y de no abandonar nunca los objetivos. “Si vos estás bien mentalmente y conectado con lo que querés, ya está, nadie te va a mover. Hay que estar siempre apuntando a lo más alto”, afirma.
A sus 20 años, Joaquín todavía sueña. Sueña con recuperarse, con seguir avanzando y con volver a encontrar independencia en su cuerpo. Pero también sueña con ayudar a otros desde su experiencia, transmitir fortaleza y demostrar que incluso después de una tragedia es posible volver a empezar.

Porque detrás de la lesión, las terapias y la campaña solidaria, hay algo que permanece intacto: la voluntad de seguir adelante. Para sumarse a su cruzada hay un alias: Gran.oportunidad.bna








