Atletas y entrenadores con sus bolsos y credenciales, voluntarios uniformados, familias que llegaron para acompañar una competencia, estudiantes de distintas localidades de la provincia, turistas, vecinos que se acercaron por curiosidad y santafesinos que encontraron en los Juegos una excusa para volver a recorrer su propia ciudad. Todos forman parte de una misma postal: Santa Fe está viviendo los Juegos Suramericanos.
La primera semana de los Suramericanos dejó una nueva postal de Santa Fe
Hay algo que cambió en Santa Fe durante esta semana y que no aparece solamente en las estadísticas. Se nota en las calles, en los hoteles, en los bares, en los parques, en la Costanera y, sobre todo, en la cantidad de gente que circula por lugares que hasta hace pocos días tenían otro ritmo.

A una semana del comienzo de la competencia, el balance excede ampliamente lo deportivo. Hay medallas, resultados y escenarios llenos, pero también hay una ciudad que recibió visitantes, que puso a funcionar su hotelería, su gastronomía y sus espacios de entretenimiento y que, durante estos días, aparece ante miles de personas con una imagen diferente.

El dato económico ayuda a dimensionarlo. Según el balance presentado este viernes por el Gobierno provincial, en los primeros días de competencia la ciudad de Santa Fe registró un movimiento económico de $9.934 millones. La ocupación hotelera llegó al 81,82%, mientras que el movimiento global de los Juegos ya había alcanzado a más de 1,8 millones de personas entre las tres ciudades sede.
Pero el número más interesante quizás sea otro: más de 560.000 turistas y excursionistas ya llegaron a las ciudades santafesinas durante esta primera etapa. La competencia dejó de ser, así, algo que sucede dentro de un estadio. Se transformó en una experiencia que se derrama sobre la ciudad.
La Costanera como tribuna
En Santa Fe hubo un momento en que esa transformación se hizo especialmente visible: cuando la laguna Setúbal se convirtió en escenario deportivo.
La Costanera Este, la Costanera Oeste y el Puente Colgante dejaron de ser solamente lugares de paseo. Se transformaron en tribunas naturales para mirar a los atletas pasar sobre el agua.

El remo y el Stand Up Paddle encontraron en la Setúbal un escenario que tiene algo que ningún estadio puede ofrecer: el paisaje propio de Santa Fe como parte de la competencia. Y un poco más allá, las velas de los veleros de distintas categorías. Del otro lado de la laguna, vecinos y visitantes siguieron las pruebas desde la costa. Otros eligieron el Puente Colgante para observar las regatas desde arriba.
Por momentos, la imagen fue casi la de una ciudad mirando hacia el río. Las competencias náuticas mostraron además una de las posibilidades que Santa Fe tiene para proyectarse hacia adelante: utilizar su relación con el agua no solamente como atractivo turístico, sino también como escenario para acontecimientos deportivos de escala nacional e internacional. Y eso puede quedar como uno de los legados menos visibles, pero potencialmente más importantes, de estos Juegos.
El Parque del Sur, convertido en punto de encuentro
Si la Costanera fue la postal deportiva vinculada al río, el Parque del Sur se transformó en el gran punto de encuentro social. El Fan Fest empezó como complemento de las competencias y rápidamente adquirió vida propia. Durante el día hay familias, chicos, estudiantes y visitantes. Por la tarde aparecen los jóvenes. Y cuando cae la noche, los escenarios musicales terminan de transformar el parque.
El miércoles se produjo una de las grandes postales de esta primera semana: más de 30.000 personas pasaron por el Fan Fest de Santa Fe para acompañar una jornada que tuvo como protagonistas musicales a Los Tipitos y Uriel Lozano.

No fue un público que solamente fue a escuchar música. La propuesta mezcló gastronomía, actividades recreativas, experiencias interactivas, radio, streaming y espacios vinculados con el deporte.
La idea de los Juegos, entonces, empezó a funcionar también fuera de las competencias: quedarse, encontrarse, comer, caminar, escuchar música y compartir. El Parque del Sur pasó a ser durante estos días uno de los lugares donde más claramente se puede ver la dimensión social del acontecimiento.
Una ciudad llena de atletas
También cambió el paisaje cotidiano. Los más de 4.000 atletas de 15 países que participan de los Juegos circulan por Santa Fe y por las otras ciudades sede. Llegaron delegaciones, entrenadores, árbitros, dirigentes y equipos técnicos. Algunos permanecerán varios días; otros irán rotando de acuerdo con el calendario de competencias.
Para una ciudad acostumbrada a recibir visitantes por turismo, trabajo o eventos puntuales, la presencia simultánea de deportistas de tantos países genera una escena diferente. Hay camisetas de distintos colores, idiomas que se mezclan en los hoteles, delegaciones trasladándose hacia las sedes y atletas que aprovechan los momentos libres para conocer los alrededores.

La propia competencia también permitió que muchos santafesinos vieran deportes que habitualmente tienen poca presencia en la agenda cotidiana. Esgrima, remo, aguas abiertas, Stand Up Paddle, hockey, billar y otras disciplinas llevaron público a escenarios que, en algunos casos, nunca habían recibido semejante cantidad de espectadores.
Los propios deportistas argentinos destacaron el efecto de esa presencia. En algunas competencias, los estadios llenos y el aliento de estudiantes y vecinos se transformaron en parte de la experiencia.
Los estudiantes también cambiaron la postal
Hay otra multitud que explica buena parte del movimiento: la de los estudiantes. El programa provincial ya movilizó alumnos de 3.230 escuelas y proyecta que más de 170.000 estudiantes de las 365 localidades santafesinas puedan participar de los Juegos y de los Fan Fest.

El martes, por ejemplo, más de 4.500 visitantes llegaron a las actividades de Santa Fe dentro de este movimiento escolar. Eso significa que los Juegos no solamente están siendo observados por quienes viven en la capital provincial. También están llevando a Santa Fe a chicos y adolescentes de localidades que quizás nunca habían tenido la posibilidad de asistir a una competencia deportiva internacional. Es otra forma de legado: la experiencia de haber estado allí.
Hoteles, restaurantes y una ciudad que trabaja
La presencia de visitantes también se siente en el sector privado. Hoteles, restaurantes, bares, comercios, proveedores y espacios de entretenimiento forman parte de una cadena que recibe el impacto de los Juegos.

Durante el primer fin de semana, un relevamiento del Observatorio Turístico municipal había contabilizado más de 25.000 personas en las principales propuestas y estimado un gasto turístico superior a los $1.360 millones. El 64,5% de los encuestados eran turistas, con una estadía promedio de 5,4 noches.

La ocupación hotelera llegó incluso a desbordar la oferta disponible en determinados momentos, al punto de que algunas delegaciones debieron alojarse en Paraná. Eso también forma parte de la postal de estos días: una región funcionando como una sola área turística y económica, con visitantes que duermen en una ciudad, compiten en otra y recorren una tercera.
La ciudad que los Juegos muestran
Hay una dimensión que todavía es difícil de medir y que quizás sea la que más interese cuando termine septiembre. Los Juegos son una enorme vidriera.
Durante dos semanas, Santa Fe aparece asociada en miles de imágenes, transmisiones, publicaciones y conversaciones con un acontecimiento deportivo internacional. Pero junto con los escenarios deportivos aparecen la Laguna Setúbal, el Puente Colgante, la Costanera, el Parque del Sur, el casco histórico, los bares, los restaurantes y los espacios públicos. Es decir: los atletas vinieron a competir, pero también están conociendo la ciudad. Y quienes los acompañan también.

La apuesta turística oficial apunta precisamente a eso: que el visitante que llega por una competencia descubra otros motivos para volver. Antes del comienzo de los Juegos, desde Turismo provincial habían planteado el desafío de que quienes llegaran a Santa Fe "se queden con ganas de más".

Ese quizás sea uno de los principales interrogantes que quedarán después del 26 de septiembre: cuánto de todo este movimiento podrá permanecer cuando desaparezcan las credenciales, se desmonten los escenarios y las delegaciones regresen a sus países.
Una semana que dejó una postal
Por ahora, la respuesta está en las calles. Santa Fe se ve distinta. Se ve más llena. Más ruidosa. Más transitada. Con gente que pregunta cómo llegar a una sede, con deportistas caminando por los mismos lugares que los vecinos, con familias que organizan su día alrededor de una competencia y con jóvenes que terminan una jornada deportiva en un recital.
Se ve una Costanera convertida en tribuna. Un Parque del Sur convertido en fiesta. Hoteles ocupados. Restaurantes trabajando. Escenarios llenos. Atletas de 15 países recorriendo la ciudad. Miles de estudiantes llegando desde distintos puntos de la provincia.

Y detrás de todo eso hay una cifra que todavía seguirá creciendo: más de 1,8 millones de personas ya pasaron por los Fan Fest y las competencias de los Juegos Suramericanos en la provincia, según el último balance oficial.
Todavía queda una semana de competencia. Quedan más regatas, más finales, más medallas, más noches de Fan Fest y seguramente nuevas multitudes.

Pero la primera semana ya dejó algo más que resultados deportivos. Dejó una ciudad que durante varios días se acostumbró a verse a sí misma llena de gente. Y, quizás por primera vez en mucho tiempo, Santa Fe tuvo la oportunidad de mostrarle a una multitud que llegó desde afuera algo que los santafesinos conocen de memoria: que detrás de un gran río, una costanera y un paisaje de islas también hay una ciudad capaz de recibir, celebrar y convertirse en escenario.








