La tarde santafesina se debatió este martes entre el infarto y la gloria. A miles de kilómetros, en el estadio de Atlanta (Estados Unidos), la Selección Argentina protagonizó una de las hazañas más conmovedoras del Mundial 2026: caía 2 a 0 ante Egipto, Lionel Messi había errado un penal y solo quedaban 12 minutos de juego. Sin embargo, el temple del equipo de Lionel Scaloni revirtió el destino con una ráfaga monumental de tres goles en 13 minutos ("Cuti" Romero, Messi y Enzo Fernández) para sellar el 3 a 2 final.
Locura en Santa Fe: la épica clasificación de la Selección a cuartos desató una fiesta celeste y blanca en las calles
El agónico triunfo 3 a 2 de la Scaloneta ante Egipto en Atlanta hizo vibrar a la capital provincial. Bulevar Gálvez, El Molino y la Costanera se convirtieron en los epicentros de un desahogo masivo tras un partido inolvidable.


El pitazo del árbitro no solo desató las lágrimas del capitán en la cancha, sino que provocó una onda expansiva de locura total e inmediata en cada rincón de Santa Fe. Apenas se consumó la clasificación a los cuartos de final, los vecinos abandonaron las pantallas y salieron en masa a las calles. La tranquilidad habitual de la siesta de julio se rompió por completo con un coro ensordecedor de bocinas, gritos de desahogo y el clásico "¡Muchachos!" resonando en todas las esquinas.

Bulevar Gálvez y El Molino: los epicentros de la marea celeste y blanca
Como dicta la tradición de las grandes gestas futboleras, el Bulevar Gálvez se transformó en una pasarela humana intransitable. El punto neurálgico de la concentración fue la zona de El Molino, Fábrica Cultural, donde miles de santafesinos se agruparon vistiendo camisetas de todas las épocas, con banderas gigantescas flameando al viento y rostros pintados con los colores patrios.

Los autos, camionetas y motos avanzaron a paso de hombre en una caravana interminable que unió el centro con el este de la ciudad. Los jóvenes se treparon a las cajas de los vehículos y a los capots para flamear estandartes, mientras los peatones se sumaban desde las veredas saltando y abrazándose con perfectos desconocidos. La mística del hincha argentino copó el espacio público en un festejo intergeneracional donde se vieron desde abuelos emocionados hasta niños en hombros de sus padres.

Fiesta frente a la laguna: caravana desde la Costanera hasta el Faro
El festejo no tardó en expandirse hacia la Costanera Oeste. La emblemática avenida que bordea la Laguna Setúbal ofreció postales impactantes, tiñéndose por completo de celeste y blanco. Desde las primeras cuadras de la Costanera, el flujo de vehículos se dirigió en una marcha festiva y constante hasta llegar al tradicional Faro.
En todo ese trayecto, el panorama se repitió con idéntica pasión: vecinos apostados en las barandas mirando pasar la interminable hilera de autos, personas saludando desde los balcones de los edificios de la avenida y grupos de amigos que improvisaron batucadas con bombos y redoblantes. Nadie quiso quedarse afuera de una celebración que sirvió para canalizar los 80 minutos de sufrimiento previo.

Un desahogo que une a los barrios
Más allá de los grandes puntos de convocatoria, la alegría se vivió de manera descentralizada. En las calles de los barrios santafesinos, quienes no se trasladaron hacia el Bulevar optaron por sacar reposeras a las veredas para compartir la felicidad con el resto de los vecinos, saludar con banderas a cada auto que pasaba tocando bocina y prolongar una jornada que quedará grabada en la memoria colectiva.
La Selección Argentina volvió a demostrar que sabe sufrir, pero, sobre todo, que tiene el coraje para salir adelante ante la máxima adversidad. Santa Fe lo entendió a la perfección y lo celebró como mejor sabe hacerlo: copando las calles con el corazón en la mano.









