La solidaridad volvió a hacerse presente en la Fundación Mundo Pequeño. Esta vez, la institución recibió una donación de los tradicionales pirulines de Franco Colella, una iniciativa que permitió compartir meriendas especiales con los chicos que participan de las actividades que la organización desarrolla diariamente. Más allá de lo material, el gesto fue valorado como una señal de acompañamiento y reconocimiento al trabajo social que la entidad realiza desde hace más de dos décadas en la ciudad de Santa Fe.
Los goles de Colón se transformaron en sonrisas: Mundo Pequeño recibió los pirulines de Franco Colella
Hace casi 21 años comenzó como una pequeña iniciativa barrial y hoy acompaña a cientos de niños, adolescentes y familias de la ciudad de Santa Fe. En ese recorrido, la entidad sumó una nueva muestra de apoyo de la comunidad, que llegó de la mano de una reconocida empresa santafesina y una iniciativa vinculada al fútbol.

La entrega alcanzó a niños, adolescentes y jóvenes que forman parte de los distintos programas educativos, recreativos y de contención que impulsa la fundación. Para quienes sostienen la tarea cotidiana, este tipo de acciones tienen un significado que excede el alimento compartido. Representan una oportunidad para que los chicos se sientan acompañados y para que la institución perciba que su trabajo sigue encontrando eco en distintos sectores de la comunidad.
Una ayuda que llega a cientos de chicos
Raúl Dalinger, referente de la institución, destacó la importancia de la donación y la alegría que generó entre los chicos. “Todos sabemos que los pirulines de Colella son una factura que todo el mundo quiere disfrutar en una merienda o en un desayuno. Los chicos pudieron disfrutarlos durante estos días”, expresó durante la visita realizada a la sede de la fundación, ubicada en Juan Díaz de Solís 1854.
Actualmente, Mundo Pequeño acompaña a alrededor de 300 chicos a través de talleres, actividades educativas, espacios recreativos y programas de apoyo escolar. A eso se suma el trabajo que desarrolla con familias del barrio y con adolescentes que encuentran en la institución un lugar de contención, formación y acompañamiento para construir nuevos proyectos de vida.
Para Dalinger, recibir colaboraciones de este tipo tiene un valor especial porque fortalece el vínculo entre la organización y la comunidad. “Nos alegra que otros actores de la sociedad piensen en los chicos que tienen distintas carencias y también en las instituciones que estamos haciendo este trabajo desde hace tantos años. Cuando llegan estas donaciones se alegran los chicos, pero también quienes trabajamos todos los días acá”, señaló.

Más de dos décadas de trabajo en el territorio
La historia de Mundo Pequeño comenzó hace casi 21 años con una propuesta sencilla. Un tablón, una olla de mate cocido y la decisión de acompañar a los chicos del barrio fueron el punto de partida de un proyecto que con el tiempo se transformó en una de las organizaciones sociales más reconocidas de la ciudad.
A lo largo de los años la fundación fue ampliando sus servicios y sumando profesionales para responder a las necesidades que fueron apareciendo. Hoy cuenta con asistencia médica, atención odontológica, acompañamiento neurológico y diferentes espacios de estimulación y seguimiento para niños y adolescentes que atraviesan situaciones complejas.
“Cuando arrancamos teníamos un sueño grande, pero muchas de las cosas que hacemos hoy no estaban pensadas en aquel momento. Con el tiempo entendimos que había necesidades que debíamos asumir como propias y fuimos creciendo para dar respuestas cada vez más integrales”, recordó Dalinger.
El desafío de restituir derechos
Uno de los trabajos más importantes que desarrolla actualmente la fundación está vinculado a los hogares convivenciales. La institución sostiene dos espacios donde viven 22 chicos que fueron separados de sus familias por situaciones extremas de vulneración de derechos.
Según explicó Dalinger, se trata de una tarea compleja desde lo emocional y lo profesional. El objetivo es acompañar a cada niño o adolescente durante un proceso de reconstrucción personal que permita restablecer derechos vulnerados y generar nuevas oportunidades para su futuro.

“Son historias muy difíciles, vidas que fueron arrasadas por distintas situaciones. Nosotros trabajamos para restituir derechos y acompañar todo el proceso hasta que llega la adopción o una nueva etapa de vida. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos, pero también uno de los más gratificantes”, afirmó.
La entidad también apuesta a la formación académica y laboral de los jóvenes. Muchos de ellos participan de talleres de emprendedurismo, programas de capacitación y espacios de estudio diseñados para acompañar sus trayectorias educativas.
Los proyectos que vienen
Entre los objetivos inmediatos aparece la finalización de la planta alta del edificio donde funciona la fundación. Allí se busca acondicionar un espacio destinado al estudio y la formación de adolescentes y jóvenes, con mejoras de infraestructura que permitan utilizarlo durante todo el año.
La idea es generar un ámbito adecuado para quienes cursan estudios secundarios, terciarios o universitarios y muchas veces no cuentan con un espacio apropiado en sus hogares. La organización trabaja actualmente para reunir los recursos necesarios que permitan completar la obra.
“Queremos terminar la aislación térmica y el cielorraso. Ese lugar tiene que ser un refugio para que los chicos puedan estudiar, capacitarse y proyectar un futuro. Muchos no tienen una mesa o un ambiente tranquilo en sus casas y creemos que podemos brindarles esa posibilidad”, explicó Dalinger.

Historias que muestran el impacto
Después de más de dos décadas de trabajo, las mayores satisfacciones llegan de la mano de las historias de vida transformadas. Jóvenes que terminaron sus estudios, emprendieron proyectos propios o lograron insertarse laboralmente forman parte de los resultados que la fundación celebra cada año.
“Trabajamos con personas y con historias. Cuando vemos que alguien termina una carrera, consigue trabajo o abre un emprendimiento sentimos que el esfuerzo valió la pena. Hace poco un taller de emprendedurismo fue dictado por un joven que creció en la fundación y hoy tiene dos locales de ropa. Esas son las cosas que nos demuestran que estamos en el camino correcto”, sostuvo.
Quienes deseen colaborar con la institución pueden acercarse a su sede de Juan Díaz de Solís 1854 o contactarse a través de las redes sociales de Fundación Mundo Pequeño. Desde aportes económicos hasta voluntariado o donaciones de materiales, toda ayuda suma para continuar transformando historias.









