Tras las objeciones planteadas por un amplio sector ciudadano, la Municipalidad decidió mantener la fuente de la plaza Colón, que contiene la “bota” santafesina, tal como está. “Sólo se pondrá en valor”, mientras continúa la restauración de su entorno. Es patrimonio de la ciudad.
Una toma desde un drone da cuenta de la importancia de la gran fuente. Foto: Luis Cetraro / Archivo.
La Municipalidad de Santa Fe resolvió revisar y modificar el proyecto original de intervención en la emblemática Plaza Colón, tras las objeciones planteadas por historiadores, profesionales y organizaciones ciudadanas. La decisión, ratificada este sábado por el gobierno local, había sido anticipada el viernes por el historiador Alejandro Damianovich luego de participar en reuniones con autoridades municipales y representantes de la Comisión de Patrimonio.
La fuente de la Plaza Colón. Flavio Raina.
La medida llegó después de semanas de debate y reclamos públicos que cuestionaron, en especial, la intención de eliminar o transformar de manera sustancial el histórico estanque central, considerado un elemento identitario del paisaje urbano santafesino.
La fuente, construida entre 1940 y 1941, se convirtió en un punto de encuentro para generaciones de vecinos. Muchos evocan las fotos familiares tomadas por Don Antonio Mitri, las tardes de juegos y las caminatas dominicales con el agua como telón de fondo y las palomas alrededor del Palomar.
La fuente de la Plaza Colón. Flavio Raina.
Con el paso del tiempo, el deterioro estructural y los problemas de mantenimiento dificultaron su conservación. Filtraciones, instalaciones obsoletas y fallas en el sistema hidráulico la ubicaron en el centro de la discusión sobre cómo encarar su puesta en valor.
Días atrás, una asamblea ciudadana se manifestó en el Concejo Municipal durante la apertura de sesiones ordinarias para pedir la preservación del estanque. También se presentaron reclamos formales ante el Ejecutivo y los distintos bloques de concejales, además de realizarse reuniones y expresiones públicas en la propia plaza.
La iniciativa original contemplaba una transformación profunda del diseño, con el reemplazo del estanque por un espejo de agua a nivel del suelo. La propuesta generó fuertes críticas de especialistas y vecinos, que impulsaron juntadas de firmas y asambleas para frenar la modificación.
Tras el debate ampliado, las autoridades resolvieron mantener la configuración general del estanque histórico y descartar la modificación estructural. Sí se avanzará con tareas de restauración, reparación de fisuras y trabajos de puesta en valor, bajo supervisión profesional y de la Comisión de Patrimonio, para garantizar su conservación sin alterar su carácter original.
Y así iba a quedar el espejo de agua, según el proyecto de la Municipalidad que se visualiza en este render. Foto: Gentileza
“El estanque forma parte de la memoria visual y del eje simbólico de la plaza”, sostuvo Damianovich, presidente de la Comisión Provincial de Estudios Históricos y una de las voces que impulsó la preservación de la estructura.
El historiador destacó la intervención de la Comisión de Patrimonio, la participación ciudadana y la repercusión mediática como factores que contribuyeron a la rectificación oficial.
Las obras continúan
Desde el municipio confirmaron que el plan integral de recuperación del espacio público seguirá adelante, con los ajustes necesarios para respetar el patrimonio histórico de la plaza y su fuente. Las intervenciones incluyen mejoras en veredas, accesibilidad y equipamiento urbano, sin afectar el estanque tal como lo conocen generaciones de santafesinos.
La restauración integral se ejecutará en un plazo de cuatro meses a cargo de la constructora Sofía —que también levanta un edificio en torre frente al paseo, sobre calle Rivadavia— mediante un Convenio Urbanístico previsto en el Reglamento de Ordenamiento Urbano (ROU) y validado por el Concejo Municipal, herramienta que permite recuperar plusvalía urbana. “Es decir que le cuesta cero pesos a la ciudad”, afirmó Eduardo Rudi, secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica municipal.
De este modo, el conflicto en torno al futuro del estanque deja como saldo una señal de diálogo entre el Estado local y la comunidad, y reabre el debate sobre cómo intervenir espacios públicos con valor histórico sin resignar su identidad ni su memoria colectiva.