La confirmación de la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre con actividades en Buenos Aires, Luján y Córdoba, volverá a colocar al país en el itinerario de un Pontífice después de 39 años. El anuncio, oficializado este miércoles por el Vaticano, reavivó de inmediato un recuerdo que permanece intacto en la memoria de miles de santafesinos: el paso de Juan Pablo II por Paraná, en abril de 1987.
El día que miles de santafesinos peregrinaron a Paraná para ver cara a cara al Papa
Juan Pablo II visitó dos veces Argentina. La primera fue en 1982 y la segunda, en 1987. Aquella vez ofreció una homilía en el aeropuerto de Paraná, Entre Ríos, lo que provocó una odisea de fieles santafesinos.

Para los santafesinos, aquella visita no fue un acontecimiento ajeno. Muy por el contrario, se convirtió en una verdadera peregrinación. Desde la madrugada del 9 de abril de 1987, miles de personas emprendieron viaje hacia la capital entrerriana a través del Túnel Subfluvial "Raúl Uranga-Carlos Sylvestre Begnis", en autos, colectivos e incluso a pie, para ver de cerca al Papa. Las largas filas para atravesar el enlace interprovincial quedaron grabadas en la memoria colectiva como una de las mayores movilizaciones religiosas que haya vivido la región. Otros fieles llegaron por el río Paraná en distintas embarcaciones para sumarse a la celebración.
Aunque la historia registra dos visitas de Juan Pablo II a la Argentina, fue la segunda la que dejó una huella imborrable en el Litoral.
La primera visita, en plena Guerra de Malvinas
El primer Papa que llegó a la Argentina fue Juan Pablo II. Lo hizo el 11 y 12 de junio de 1982, en medio de la Guerra de Malvinas.

En un gesto excepcional, modificó su agenda internacional para visitar Buenos Aires apenas unos días después de haber estado en el Reino Unido. Su mensaje estuvo atravesado por un único objetivo: pedir el fin del conflicto y rezar por la paz.
Fue una visita breve, limitada a la capital y a Luján, pero de enorme impacto político, diplomático y espiritual.
El viaje de 1987: una Argentina movilizada
Cinco años más tarde, entre el 6 y el 12 de abril de 1987, Juan Pablo II regresó para realizar una extensa visita pastoral que incluyó Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario, antes de cerrar el viaje con la II Jornada Mundial de la Juventud.
Sin embargo, para Santa Fe hubo una escala que eclipsó a todas las demás: Paraná.
El día en que el Túnel unió a dos provincias detrás del Papa
El jueves 9 de abril de 1987 el aeropuerto General Justo José de Urquiza recibió al Pontífice.
Buena parte del público que lo esperaba había llegado desde Santa Fe. Familias enteras emprendieron viaje durante la madrugada para conseguir un lugar desde donde observar al Papa, en una época en la que no existían las pantallas gigantes ni las transmisiones por teléfonos celulares. Las interminables caravanas de vehículos rumbo a Paraná forman parte de uno de los recuerdos más fuertes de aquella jornada y todavía hoy son evocadas por quienes vivieron ese acontecimiento histórico.

La cercanía geográfica convirtió la visita en un acontecimiento compartido por las dos capitales provinciales. Según cifras oficiales, unas 150 mil personas participaron del encuentro, entre ellas miles de santafesinos para quienes fue la única oportunidad de ver personalmente a un Papa.
La Iglesia santafesina organizó comitivas de fieles que viajaron a Paraná, muchos de ellos jóvenes integrantes de Acción Católica y de distintas comunidades parroquiales.
Pablo tenía entonces 11 años y formaba parte del grupo de Aspirantes de Acción Católica Argentina de Santa Fe. Casi cuatro décadas después todavía conserva imágenes muy nítidas de aquella jornada.
“Recuerdo que éramos miles de pibes, teníamos entre 10 y 16 años. Era difícil ver el paso del papamóvil porque el campito del aeropuerto era llano y nosotros, chiquitos. Había vendedores ambulantes con estampitas y todo tipo de cosas que la gente compraba para recibir la bendición papal. Pero lo que más recuerdo eran unas cajas de cartón rectangulares con dos orificios y dos espejos. Con eso podías ver por encima de las cabezas de la gente”, recuerda.
Lucas tenía 13 años y también participó de aquella peregrinación. Todavía conserva en la memoria los cantos que acompañaron la espera. “Lo dijo el Papa, que no es ningún gil, lo mejor del mundo es un prejuvenil”, recuerda que cantaban los grupos de adolescentes católicos. “También cantábamos: 'Juan Pablo / segundo / te quiere todo el mundo'”.

La homilía que habló de la identidad argentina
El Papa llegó aquel 9 de abril a las 17, en una tarde soleada, y fue recibido por el arzobispo local, monseñor Estanislao Karlic. Una campana de bronce de 314 kilos, forjada especialmente por un artesano de la zona, tañó para saludar su llegada.
En Paraná eligió reflexionar sobre un tema profundamente ligado a la historia del país: la inmigración. Frente a cientos de miles de personas recordó que la Argentina había sido construida por quienes llegaron desde distintos rincones del mundo.
"La Argentina de hoy es un país hecho, en buena medida, por inmigrantes; por hombres y mujeres que han venido a 'habitar en el suelo argentino', como reza el preámbulo de vuestra Constitución". También destacó el aporte de las distintas colectividades.
"Vuestra nación ha sabido acoger a los que venían, y éstos, a su vez, han encontrado una nueva patria a la que han aportado la herencia de sus lugares de origen".
A partir del relato evangélico de la huida de la Sagrada Familia a Egipto, evocó además que el propio Jesucristo conoció la experiencia del exilio y del desarraigo, una realidad que —afirmó— seguía atravesando a millones de personas en el mundo.
Pero su mensaje fue mucho más amplio que una reflexión sobre las migraciones. Invitó a los argentinos a construir una sociedad más justa sin perder de vista los valores cristianos.
"No debéis desentenderos de las actividades terrenas, ni dejar de amar la patria donde vosotros o vuestros padres encontraron arraigo". Y concluyó recordando que la Iglesia camina hacia una patria definitiva: "Buscamos la Ciudad permanente, la Jerusalén celestial".
Esa homilía continúa siendo uno de los documentos más recordados del paso de Juan Pablo II por Entre Ríos y suele citarse por la vigencia de su mensaje sobre la integración, la hospitalidad y la dignidad de quienes migran.

Tres visitas papales en casi medio siglo
Con la llegada de León XIV, la Argentina habrá recibido solamente tres visitas papales en toda su historia.
Las dos primeras correspondieron a Juan Pablo II, en 1982 y 1987. Después transcurrieron 39 años sin la presencia de un Pontífice, incluso durante el pontificado de Francisco, el primer Papa argentino, que nunca regresó al país.

En noviembre, miles de santafesinos volverán a emprender una peregrinación para ver a un Papa. Esta vez el destino más cercano será Córdoba. Pero para quienes cruzaron el Túnel Subfluvial aquel Jueves Santo de 1987, difícilmente otra visita pueda borrar el recuerdo de la multitud que acompañó el paso de Juan Pablo II por Paraná.








